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Secuestro y muerte de Jesús de Galíndez

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POR TONY PINA 

Exiliado de dos dictaduras -la de Francisco Franco, en España, y la de Rafael Leónidas Trujillo Molina, en República Dominicana-, cada una tan cruel y despiadada como la otra, Jesús de Galíndez fue visto con vida por última vez la noche del 12 de marzo de 1956.

Evelyn Lang, su alumna de Derecho Público Hispanoamericano en la Universidad de Columbia, lo llevó a las 8:45 de la noche en su automóvil a la estación del metro de la intersección de las avenidas 57 y 8va., en Manhattan, desde donde se dirigiría a su apartamento marcado con el número 15F, ubicado en la Quinta Avenida, en Greenwich Village (1).

A partir de entonces, nunca más se supo de aquel intelectual que conjuntamente con cuatro mil compatriotas de la Guerra Civil española llegaron a la República Dominicana, unos como agricultores y otros como intelectuales, entre 1936 y 1939.

Días después de la desaparición, cuando el Bureau Federal of Investigation (FBI) revisó el apartamento, encontró en la sala un ejemplar del periódico New York Times con la fecha del 12 de marzo,  evidencia que permitió a los investigadores policiales establecer que Galíndez llegó a su destino esa noche y que de alguna manera algún conocido lo hizo salir para secuestrarlo.

En efecto, todas las pesquisas de las autoridades comprometían en el caso al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina.

Un informe del FBI del 7 de abril de 1956, dirigido al presidente Dwight D. Eisenhower, consignaba: “Galíndez fue drogado y transportado al aeropuerto de Linden, New Jersey, donde le esperaba una avioneta pilotada por Gerald Lester Murphy” (2).

INVESTIGACIONES. En la medida que el radio de la investigación se ensanchaba se determinó que la nave fue  abastecida de combustible en el aeropuerto de Zahn’s, en Amityville, Long Island, y desde allí alzó vuelo hacia Monte Cristi, de donde Galíndez habría sido trasladado en una ambulancia a Dajabón, que luego lo trasladó a Santo Domingo en otro avión que algunos estudiosos del caso atribuyen que fue pilotado por Octavio de la Maza.

Sin embargo, del destino final de Galíndez jamás se supo. Hay quienes no descartan que el cadáver fuera tirado al mar después de ser llevado ante el tirano, de quien se afirma aplicó con sus propias manos las primeras torturas en un despiadado interrogatorio que sólo culminó con la muerte (3).

Estados Unidos acusó a la dictadura trujillista del secuestro y asesinato de Galíndez, y hasta el inmortal Pablo Neruda escribió el poema “Desaparece un profesor”, sumándose a las voces que en América clamaban porque el caso fuera esclarecido.

REACCIÓN. A las acusaciones y a las críticas, Trujillo reaccionó lanzando calumnias a través de una campaña publicitaria en Santo Domingo y Nueva York. Por ejemplo, el doctor Joaquín Balaguer, a la sazón secretario de la Presidencia, calificó a Galíndez de “bandido y políticamente un comunista”. (Ver edición de El Caribe del 31 de mayo de 1956). “Galíndez ejecutó once obispos españoles”, se atrevió a escribir Balaguer en el citado artículo, en donde, incluso, se daban los nombres de los supuestos prelados muertos (4).

La campaña involucró a varios congresistas republicanos, entre ellos los de Pennsylvania y Kentucky, James Bulton y John M. Robinson Jr., de quienes su colega demócrata, Charles Porter, dijo que se confabularon con Trujillo para defenderlo de las acusaciones por la desaparición de Galíndez, “porque por un precio estaban dispuestos a pasar por alto o ignorar los aspectos poco probables de la dictadura” (5).

El presidente Eisenhower se refirió en dos ocasiones al caso Galíndez, y en cada una de sus intervenciones fue categórico en responsabilizar al tirano dominicano, “a pesar de la millonaria campaña que ha pagado a cabilderos para negarlo” (6).

Galíndez, sindicado como doble agente del FBI y de la CIA, era también el más destacado representante del país vasco en América.

Según algunos de sus biógrafos, Galíndez era el “Agente Rojas”, primero con la clave ND507 y luego DR-10.  Su labor de espionaje consistía en dar cuenta de las actividades de nazis, falangistas y comunistas.  Se dice que informó a la CIA de los preparativos de Fidel Castro para derrocar a Fulgencio Batista, pero no fue escuchado por este organismo.

Ramfis: “¡dime qué hay de cierto en esto!”

De todos los escritos de Galíndez en contra de Trujillo, uno de los que más irritó al tirano fue el artículo “Un reportaje sobre Santo Domingo” publicado en el diario La Prensa, en Nueva York, y reproducido por la revista Bohemia, editada en Cuba, en el que el catedrático español hizo una radiografía de la dictadura caribeña  y donde describía episodios de los crímenes y hechos más insólitos de la época, calificando, incluso, de hijo bastardo a Ramfis Trujillo.

Al igual que como lo hizo en su tesis doctoral “La Era de Trujillo”, en el artículo Galíndez refería que “el hijo mayor de Trujillo nació en el año 1929, cuando su madre estaba casada con un cubano que lo reconoció como hijo”, para luego precisar que “Trujillo lo legitimó como suyo siendo todavía adulterino y estando casado con la segunda esposa”.

Ramfis, quien obtuvo un ejemplar de la revista, presuroso se presentó ante el tirano, a quien inquirió “¡Dime qué hay de cierto en esto!”. Luego de este incidente, Trujillo y Ramfis se distanciaron, pero el tirano maquinó, por todos los medios a su alcance, cobrarse lo que consideró “afrenta inaudita” de Galíndez.

Bibliografía

Textos consultados
1) Escritos de Jesús de Galíndez, publicados por el Archivo General de la Nación, pág. 35.

2) Informe del FBI remitido al presidente Dwight Eisenhower, el 30 de agosto de 1956.

3) Listín Diario, página 4, 7 de abril de 1974.

4) El Caribe, pág. 7, edición del 31 de marzo de 1956.

5) New York Times, pág. 4, edición del 23 de septiembre de 1956.

6) Revista Bohemia, La Habana, edición del 4 de enero 1957. pág. 14 y edición del 2 enero de diario La Prensa.

EL CARIBE / 27 DE MAYO DE 2011

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