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La importancia de la muralla gris como parte del Puerto de Santo Domingo en el siglo XX

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Una de las puertas en la pared gris (Marvin del Cid)

DIARIO LIBRE / 10 DE JULIO DE 2016 / POR GUSTAVO UBRÍ ACEVEDO

Desempeñó una función como defensa en la Guerra Constitucionalista de 1965

SANTO DOMINGO. La plataforma vial sobre la ría del Ozama que conduce al malecón desde el antiguo portal de San Diego, hoy reconocida como Avenida del Puerto, y la imponente muralla gris de hormigón armado que bordea la histórica fortaleza colonial por el mismo camino, son los dos elementos fundamentales -en plano horizontal y vertical- que le dieron en 1938 carácter y forma a la modernización del Puerto de Santo Domingo en el siglo XX. Sin ellas dos el nuevo puerto no hubiese sido posible.
El 15 de agosto de 1938, justamente cuando se cumplía el segundo cuatrienio de gobierno del presidente Trujillo, quedó inaugurado el puerto moderno de la ciudad primada, como la obra de mayor trascendencia del ejecutivo, por ser el centro de generación de trabajo de mayor importancia donde se desarrollaba gran parte del movimiento económico de la nación.

Su puesta en funcionamiento pasó a ser el primer gran eslabón del Estado dominicano para la liberación del endeudamiento económico, hecho materializado dos años después, en septiembre de 1940, con el tratado Trujillo-Hull. (Recordemos que la recepción de las aduanas en República Dominicana estuvieron administradas por el gobierno norteamericano desde 1905 a 1940 y que la la vía portuaria se identificaba con recinto de la U.S. Marine Corp.).

El Moderno Puerto Ciudad Trujillo (como inicialmente se denominó), cuyo diseño plantea el ensanchamiento de la costa del río y la conexión vía terrestre del borde occidental de la rivera del Ozama con el frente marino del malecón, resolvió de manera racional la falta de espacio para la actividad aduanal y la imagen del entrada marítima a la Ciudad en pleno siglo XX.

Es una extraordinaria obra de ingeniería naval, compuesta por una gran plataforma vial fundada sobre pilotes a orillas del río Ozama, con una extensión que va desde el legendario tronco de la Ceiba de Colón, al pie de la batería del Angulo; hasta la actual calle Arzobispo Meriño -donde empezaba el malecón – Paseo Presidente Billini.

En este nuevo tramo de ciudad denominado U.S. Marine Corp. se localizaron las instalaciones aduanales con el levantamiento de tres grandes naves de depósitos construidos en acero y hormigón armado, y un edificio para la Comandancia y las oficinas del Puerto. En la proyección del nuevo Puerto, construido por el ingeniero puertorriqueño Félix Benítez Rexach, fue incluida también la ampliación y remodelación de la antigua fortaleza colonial del siglo XVI, cuyos acantilados que la bordean quedaron colindante con la plataforma anexada sobre el río, y fue entonces deslindada con una imponente pared militar de hormigón armado, que sirvió de protección y modernización de la histórica perspectiva del farallón, el cual había quedado atrapado entre la avenida y las nuevas instalaciones portuarias.

Antecedentes

Anterior a lo que funcionó como puerto Ciudad Trujillo y a la actual Avenida del Puerto Francisco Alberto Camaaño Deñó, la zona portuaria de finales del siglo XIX y principios del XX, se había convertido en un viejo y arrabalizado lugar de embarque y desembarque de carga y pasajeros con un precario desarrollo de sus actividades comerciales, porque además no permitía buques modernos de gran calado y capacidad de transportación, esto, evidentemente, contribuyó a la merma de las actividades comerciales y turísticas debido al desfase de la capacidad de sus instalaciones con relación a los aires de progreso que el mundo exhibía en los años 20.

Recordemos que la muralla colonial, junto al Portal de San Diego construido en el siglo XVI, había acumulado notable deterioro desde los tiempos de Drake-1585-, cuyas cicatrices y grietas se disimulaban escondidas bajo las yerbas rastreras, sirviendo solamente para arrojar basuras y como apoyo para construcciones en madera abarrancadas.

El paisaje primitivo y desconsolador del llamado puerto natural tenía por demás limitaciones de espacio con su ángulo de entrada al mar, aislado por los acantilados de los bajos de la fortaleza al resto de la ciudad. El portal de San Diego desde los tiempos de la colonia, era la única entrada terrestre que tenía la ciudad y su estrecho e inclinado acceso comenzaba a resultar incómodo para el transporte de mercancías y el desarrollo comercial.

Avenida del puerto (Marvin del Cid)

Detalle de lo alto en la muralla (Marvin del Cid)

Unas turistas ven el puerto desde la Fortaleza Ozama. (Marvin del Cid)

Vista lateral de la muralla (Marvin del Cid)

Parte superior de una de las dos puertas (Marvin del Cid)

Función

Aunque su función ha sido subestimada por muchos en el plano de la teoría, la presencia de esta imponente pared militar de hormigón armado, más allá de caracterizar y definir la ampliación y modernización del puerto de Santo Domingo de siglo XX, ha servido de algún modo como muro contenedor de los terrenos que asientan las estructuras de la antigua fortaleza Ozama, que luego de las devastaciones del ciclón San Zenón de 1930, y de la continua acción abrasiva del oleaje en la base del terreno costero, se pusieron en riesgo de deslizamiento las dos plataforma de tiro adosadas a la la cortina militar colonial y los cimientos de la emblemática torre de homenaje de siglo XVI.

Esta cortina gris coronada por un paseo de ronda almenado que recorre toda la orilla de la fortaleza Ozama al borde de la avenida del puerto, con un torreón cilíndrico, garitas y dos grandes portales de entrada, entre otros elementos, forma parte de la remodelación realizada en 1938, constituyéndose desde entonces en la nueva imagen de la fortaleza de cara al puerto moderno del siglo XX.

Su presencia no solo tiene importancia por ser parte de una extraordinaria obra que contribuyó de manera trascendental al desarrollo económico y urbano del país a partir de la fecha; sino porque también en 1965 cobró interés histórico como muro de defensa de los combatientes que hicieron de ella trinchera del honor constitucionalista ante la embestida norteamericana desde Los silos de Molino Dominicano en la margen oriental del rio.

De hecho, la Avenida del Puerto que precede la muralla gris fue oficializada con el nombre del héroe de la revolución de abril Francisco Alberto Caamaño Deñó a propósito de aquellos acontecimientos históricos sucedidos en el recinto militar y los combates efectuados desde allí en los días de la revuelta. El farallón de la fortaleza

Agujeros por impactos de bala de 1965 se pueden ver a lo largo de la muralla. (Marvin de Cid)

Detrás de la muralla gris se oculta en el farallón acompañado de la antigua muralla colonial y la rampa que conduce a la plataforma de tiro , un bosque empedrado en el acantilado que ha quedado atrapado en el tiempo y donde se ha creado un microsistema bioclimático único en la ciudad por sus características ambientales que le acogen, y que ha sido objeto de estudio por las autoridades de la Academia de la Ciencias y del Jardín Botánico por el fenómeno natural que allí se presenta

A este particular espacio conocido como El Aguacatico, el rumor público le adjudica historias de torturas y de fusilamientos ejecutadas durante la dictadura trujillista. Hay incluso quienes afirman haber sido víctima de los horrendos maltratos, y de haber sido testigos de cobardes ejecuciones.

Convivencia de épocas: lo colonial y lo republicano

Puerta de San Diego de siglo XVI y el torreón esquinero de la muralla gris de siglo XX

En la actualidad la Avenida del Puerto Francisco Alberto Caamaño Deñó es una extensión vial importante que conecta la avenida del malecón de Santo Domingo con el río Ozama y con los sectores populares asentados en la parte norte de la ribera occidental del río ubicado desde el puente Duarte hasta el puente de los Minas; y también conecta con la parte oriental de Santo Domingo cruzando el puente flotante, llegando a Villa Duarte, la zona de San Souci y del Faro a Colón.

En este emplazamiento se conserva la muralla original del siglo XVI con sus dos baterías de tiro, (construida por Rodrigo de Liendo), el portal de San Diego, con sus escudos y blasones, los vestigios arqueológicos de las aduanillas coloniales, junto al fuerte de La Carena o El Fuertecillo, el árbol centenario de La Ceiba y un poco más adelante la fuente de Colón; pero también el lugar portuario conserva de la era moderna las naves de depósitos originales del puerto Ciudad Trujillo, las escalinatas que conectan la avenida con la calle el Conde (diseño del arquitecto Guillermo González), el edificio administrativo y de la comandancia, y la muralla gris de hormigón armado.

Esta convivencia de épocas, (colonial-republicana-moderna) constituye un valor retrospectivo importante sobre la historia de esta parte emblemática de Santo Domingo, que cuenta con hitos, sendas, espacios y hechos que son parte indisoluble de la identidad, y que de alguna manera justifica la razón de nuestro presente como país.

Cualquier intervención de rescate y puesta en valor que busque solamente destacar elementos de los tiempos de la colonia y que elimine del todo la presencia de los que corresponden a épocas más recientes, como la republicana o moderna, que han sido de igual modo testigos de primer orden del proceso histórico de la urbe, y que han ganado en el tiempo valor representativo de momentos claves en el devenir de la nación, caería en el error de realizar una fanática intervención romántica y selectiva tomando solamente como paradigma el preciosismo clásico que deslumbre al visitante pasajero soslayando la importancia de lo antropológico como fundamento para la preservación, el estudio y comprensión del todo en la evolución de la ciudad y de la sociedad que la habita.

Entendemos la necesidad de fomentar el turismo cultural en la Zona Colonial para maximizar su desarrollo y las continuas demandas públicas por una apertura parcial de la imponente muralla gris que permita la democratización del paisaje de la fortaleza con la integración del farallón a la Avenida del Puerto que resolvería el problema de inseguridad vial del tránsito de vehículos, al tiempo de reformular la perspectiva espacial del lugar con un diálogo visual menos denso y más fluido en el trayecto de la curva..

Un planteamiento con estas características sería una solución salomónica aceptable para mantener la convivencia de las dos murallas militares (la colonial y la moderna) y para el desarrollo del farallón en su nuevo rol de plaza ecológica, pero antes deberá ser sometida y aprobada por UNESCO por ser esta parte del conjunto monumental protegido por la Convención del Patrimonial Mundial.

Fuentes consultadas:

1.-Discursos, mensajes y proclama. Rafael L. Trujillo. Tomo II, 1934-1938

2.-Porque Santo Domingo es Así, José Ramón Báez Lopez-Penha,1992

3.-Los Primeros Turistas en Santo Domingo, de Bernardo Vega.1991

4.- Imágenes prestadas del Archivo General de la Nación.AGN

5.-Web Siglo 21 , Guerra Civil y Guerra Patria -24 de abril de 1965.

6.-listin Diario 16 de agosto 1938.

*El Autor es maestro arquitecto, docente y miembro del comité dominicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios -ICOMOS- .gustavoubrí@hotmail.com

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