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Una brevísima historia del arroz y su consumo en Santo Domingo

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HOY / 14 DE ENERO DE 2017 / POR MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN

Ya sabemos que el arroz llegó a América en el segundo viaje de Colón y que distintos cronistas dieron noticias de la presencia del grano como uno de los alimentos de la Isla. Hugo Tolentino presenta el origen del arroz en España anterior al descubrimiento y nos habla de que Colón lo conocía por sus viajes costeros en el continente africano. Herrera da cuenta de que Magallanes en su periplo lo encuentra luego en Filipinas y que muchos pueblos recibían a los peninsulares con este cereal que era su bastimento. Luego de narrar la muerte de Magallanes, dice que la isla de Burney “es grande rica, i abundante de arroz” (Herrera, “Descripción”, 56). Sobre la Isla Española señala el cronista mayor: “no tiene trigo, ni vino, aunque en las partes más frías dicen que se ha comenzado á coger, i también cebada, i arroz” (Herrera, 1496).

Nuestra primera tesis sobre el consumo de arroz es que su cultivo no estaba muy extendido en la isla y que por muchas razones no se había difundido hasta el extremo de constituir un plato nacional (entiéndase un plato que suma la predilección y el consenso de todas las regiones de la República) y que no había ascendido al discurso sobre lo nacional que construyen las principales voces del periodo republicano.

Dice Sánchez Valverde: “Dentro del mismo distrito hay otros Molinos que llamamos Trapiches, los quales sólo trabajan mieles. Tenemos otras Posesiones a que se da el nombre de Estancias, ocupadas en sembrar maíz, arroz, yuca, de que se hace el pan de Cazave, y otras raíces, legumbres y menestras” (“Ideas”, 1947, 181). Anota Fray Cipriano de Utrera en “Ideas del valor de la Isla Española” de Sánchez Valverde que “careció de importancia, como antes se desatendió una disposición real de 11 de marzo de 1563, que impuso a los Oidores que asistiesen con su protección a los cultivadores del arroz y del algodón, porque se hacían muy caras las remesas a Sevilla. AGI, Santo Domingo 60; 868, Libro III: 899. (FCU)” (“Ideas”, 62).

En el proceso de anexión encontramos que una de las motivaciones que tuvieron los españoles para comprar la oferta de Santana y sus acólitos fue la posibilidad de sembrar arroz en la zona aledaña de Samaná. Ya el texto español representa una ubicación histórica del cultivo del grano. Es Francisco Gregorio Billini, quien había dado voz al sancocho, quien en la década de 1880 habla de la necesidad del cultivo del arroz: “Abogamos en nombre del agricultor, del pequeño propietario; éste es el que más necesita de que la ley lo proteja; porque en él está vinculada la solución de uno de los grandes problemas económicos de la República, el de los frutos menores y productos alimenticios que aún pedimos al extranjero…En este mismo periódico se ha llamado varias veces la atención acerca de esta anomalía: introducir con grandes sacrificios del exterior, legumbres y granos como arroz, habichuelas, garbanzos, cebollas, papas, etc. que podemos producir mejor y más barato en nuestra tierra. Y ¿sabéis por qué no puede el pequeño agricultor entregarse a esos cultivos remunerados?” (Billini 2, 218). Lo que plantea una carencia. En “Historia del Caribe” Moya Pons sostiene que en esa época la forma de alimentación tradicional estaba en tránsito hacia prácticas que incluyen el arroz.

El mismo autor escribe, tiempos después: “También el cultivo constante de los frutos menores sería una fuente de prosperidad no pequeña para la República. Si se poblaran esos campos muertos en que ha dejado impresa su huella, la mano del trabajo improductivo, por desgraciadas causas, o esos baldíos, o esas llanuras, o esas fertilísimas laderas, del pródigo plátano, como un tiempo, del rubio arroz, del maíz previsor, de la yuca, el ñame y el boniato, del rojo y común grano y de la blanca judía, del verde guandul, émulo del francés petitpois, y de igual manera, ahí con todos ellos compitieran los de extraños climas como son la patata, la cebolla, el repollo y otras legumbres y otros granos sabrosos; ¿habría necesidad de traer de otras tierras malos artículos alimenticios, y de que sufriéramos verdadera hambre, como hoy día, ni que tuviéramos que conformarnos con un mal bocado, cuando tan variados y suculentos manjares podría darnos la tierra codiciosa en que habitamos, no más que con un leve esfuerzo nuestro?” (Billini 3, 43).

Sabemos que los procesos de modernización que se iniciaron bajo la tiranía de Ulises Heureaux posibilitaron el desarrollo de una pequeña sociedad de consumo, que el tren comunicó las zonas arroceras y el arroz comenzó a difundirse por todas las regiones del país y el locrio o el arroz con guandules vino a ser un plato distinguido en la mesa dominicana. Esto se puede sostener con el hecho que dentro de la pobreza que encontró José Martí en Montecristi cuando firmó, junto a Máximo Gómez, los acuerdos de Montecristi, en esa ciudad se le brindó un rico locrio. Que no debía ser de gusto lejano del patriota cubano, pues en Cuba el arroz ha dado su famoso plato arroz con congrí. Ya en Cuba había varias provincias donde se producía el cereal (véase “Crónica general de España”, 1871).

José Ramón Abad en “República Dominicana Reseña General Geográfico-Estadística”, 1889 dice que el arroz apenas se cultivaba en el país siendo un producto de mucha demanda. Añade que son las clases inferiores los que más lo consumen a pesar de los precios, pues si se depende del arroz importado. Aconseja su siembra extensiva, pero usando métodos modernos y más racionales. Pensaba que si dependíamos del mercado exterior íbamos a caer presa de las veleidades de otros países. De ahí que su discurso agropecuario resulte muy interesante (Abad, 1889, 330-331).

Todo parece indicar que el arroz comenzó a tener una mayor demanda en los últimos años del régimen de Lilís y que a la vez que crecía la producción esta no era suficiente para el consumo. La cifra de las importaciones que nos da Emiliano Tejera muestran la base de su sorpresa, lógicamente parecía que comparábamos un producto que podíamos producir. Lo que no se plantea el historiador es que resultaba más barato comprar en el extranjero que transportar el nuestro o no teníamos la infraestructura para hacerlo entonces. Aunque hay que agregar que posiblemente un barco español vendiera entonces arroz de Valencia. Esta embarcación la hemos encontrado en los registros de Puerto Rico. Y como había barcos mercantes que tocaban las tres Antillas mayores, es posible que el aumento de la importación de arroz se debiera entre otras cosas a un aumento de la oferta en el muelle de Santo Domingo.

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