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Exposición sobre La Española en el siglo XVI ya está abierta, en página web del CUNY

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Foto: Silvio Torres Saillant, en el acto de puesta en circulación

ACENTO.COM.DO / 13 DE ENERO DE 2017

La novedosa exposición “La Española del Siglo Dieciséis: Miradas a los primeros negros de la América Colonial”, mostrada por primera vez en el Instituto de Estudios Dominicanos de CUNY entre los meses de marzo y agosto del 2015, y destacada en un reportaje del New York Times en julio, se encuentra disponible como una exposición rodante para las instituciones interesadas.  La exposición está compuesta por 25 paneles de tamaño poster, cada uno resaltando un documento particular de La Española del siglo dieciséis que menciona uno o varios aspectos de las vidas de los habitantes negros de la primera colonia europea en las Américas. Cada documento va acompañado por una transcripción paleográfica, una traducción al inglés, un comentario contextualizador, y una imagen de un lugar histórico de los tiempos coloniales de La Española.

Cada panel de la exposición es como una fotografía escrita de algún aspecto particular de las vidas de los negros y negras de origen africano que, libres o esclavizados, llegaron y vivieron en La Española entre los primeros años del siglo XVI y el 1605. Algunos de los casos que aparecen son: una mujer sanadora; un líder cimarrón; un hombre esclavizado que intentó reclamar su libertad ante las autoridades coloniales; una esclava nacida en Santo Domingo que fue enviada a España y una vez manumitida compró una licencia para regresa; un hombre que fue condenado por un crimen y castigado con la amputación de algunos de los dedos de sus pies; los esclavos de un poderoso funcionario colonial que lograron quedar impunes de un homicidio al ser protegidos por su dueño; así  como los negros esclavizados que construyeron las paredes defensivas de la Ciudad de Santo Domingo; y los esclavos domésticos de un oficial militar colonial. Todos ellos nos ayudan a entender las situaciones y condiciones enfrentadas por la gente negra en esta temprana colonia de las Américas.

Una historia silenciada

A pesar de que La Española (llamada también Santo Domingo, por extensión del nombre de su ciudad capital colonial) fue lo que el académico Silvio Torres-Saillant ha llamado “la cuna de la negritud en las Américas”[1] el mundo académico occidental hasta hace muy poco ha dejado de lado casi totalmente esta temprana historia de experiencia negra en el Nuevo Mundo a comienzos de la modernidad, a menudo descuidando el hecho de que tanto el tráfico transatlántico de esclavos como la negritud del Nuevo Mundo en general, tal y como se les entiende convencionalmente, comenzaron en este primer asentamiento europeo de las Américas que fue La Española, expandiéndose desde allí como un componente social fundamental de la colonización y dominación impuestas subsecuentemente sobre la mayor parte del continente.

Ante esa situación, uno de los principales objetivos de Los Primeros Negros en las Américas es contribuir a llenar el vacío que existe en los estudios atlánticos y los estudios sobre negritud en el Nuevo Mundo mostrando la historia documentada de las primeras generaciones de negros de origen africano que vivieron en el continente en los tiempos modernos, especialmente, aunque no exclusivamente, en cuanto a su relación con el primer desarrollo de unas economías de plantación temprano-modernas en esos territorios. A medida que avance la construcción de este proyecto y más datos históricos se recojan sobre estos comienzos de la presencia documentada de pueblos negros en el continente, se irá haciendo un intento por arrojar luz adicional sobre la comprensión de las maneras en que las dinámicas de clase social, género, etnicidad y otras se cruzaron con la racial en la creación de las particulares circunstancias vividas por los afrodescendientes del siglo XVI de La Española.

Desde temprano llegaron negros tanto libres como esclavizados

La primera persona de ascendencia negro-africana que se sabe llegó a La Española en los tiempos modernos fue Juan Moreno o Juan Prieto, un hombre joven negro –libre, según los indicios—que acompañó a Cristóbal Colón como sirviente suyo en las expediciones de 1492 y 1493  y que, años después y ya hecho un hombre adulto después del fallecimiento de Colón y con el nombre Juan Portugués, participó en la colonización de Centroamérica.[1]  Durante las dos décadas siguientes hubo casos de otros negros libres, de ambos sexos, que cruzaron el Atlántico hacia La Española por decisión propia como individuos libres, pero la mayoría de los casos documentados que se conocen son de negros llevados a la colonia a la fuerza por españoles u otros europeos a trabajar como trabajadores forzados en las actividades mineras en busca de oro o como sirvientes domésticos.

No sabemos de ninguna otra evidencia directa después de los comienzos de la década de 1490 sobre la llegada de otros negros a La Española, pero hay indicios documentales indirectos de 1497 de que los españoles llegados a la isla posiblemente ya estaban pensando en llevar negros esclavizados para trabajar en esa colonia en plantaciones azucareras.  La próxima noticia sobre la presencia de una persona negra en La Española nos la da, curiosamente, una tradición oral local de los residentes de Santo Domingo todavía viva a fines del siglo XVII, y documentada en esa época. Dicha tradición se refiere a una mujer negra que residía en la ciudad antes de la llegada de la expedición colonizadora de 1502 encabezada por el gobernador Nicolás de Ovando y que era recordada por su práctica de curación de enfermos pobres hecha en su propio bohío en esa temprana fecha.

Por otra parte, hay documentación de 1499 indicando que por entonces la Corona Española estaba también considerando la posibilidad de que hubiere población negra esclavizada que podrían ser habitantes de algunos de los territorios explorados al otro lado del Atlántico por otros navegantes distintos a Cristóbal Colón que estaban siendo animados y apoyados por la Corona para realizar estas exploraciones. En el texto de una capitulación o acuerdo con el navegante Vicente Yañez Pinzón del 6 de junio de 1499, los funcionarios que emitieron el documento a Yáñez a nombre de los monarcas españoles se mencionaban las cosas que este explorador podría encontrar y apropiarse en los territorios visitados, indicándose que “we also grant you any type of black or dark slaves or other of the ones considered slaves in Spain and for whom there is reason to be slaves.”  Un asunto similar se incluyó en otras pocas capitulaciones de 1500 y 1501 entre la Corona Española y otros navegantes-exploradores. Pero pronto la cláusula que permitía la captura y esclavización de pueblos encontrados fue eliminada de los acuerdos, posiblemente a medida que fue cada vez más claro que todos los nuevos pueblos que los exploradores españoles o respaldados por España estaban encontrando no habían tenido contactos anteriores con los europeos ni se ajustaban a sus nociones preconcebidas de susceptibles a la esclavización.

De 1501 son los primeros dos casos documentados que conocemos posteriores a 1493 de individuos negros en proceso de trasladarse a La Española, los de dos hombres negros libres contratados en Sevilla ese año por dos empleadores diferentes que los contrataron para ir a La Española como trabajadores asalariados. El primero, llamado Pedro, había sido antes sirviente de un mercader y en una fecha todavía indeterminada de ese año fue contratado para ir a La Española en un barco que estaba a punto de partir, y para servir allí a su contratante por dos años como trabajador excavando en busca de oro o en cualquier otra tarea que le fuera asignada. A cambio recibiría un salario de 6,000 maravedíes por año, la comida y el hospedaje “según se diere en la dicha isla a los otros trabajadores” además de la veinteava parte de todo el oro extraído, todo a ser pagado cada cuatro meses, y la comida a pagarse desde el día de salida del barco. El segundo se llamaba Andrés García, contratado el 13 de octubre para viajar a La Española a trabajar allí por cuatro años por un salario de 8,000 maravedíes por año, su viaje también a ser pagado por su empleador.

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