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Contrapunto navideño

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Navidad dominicana. Dibujos infantiles.

DIARIO LIBRE / 17 DE DICIEMBRE DE 2016 / POR JOSÉ DEL CASTILLO PICHARDO

Un somero recorrido musical por la Navidad latinoamericana nos sitúa en un rico mundo de villancicos tradicionales dedicados a conmemorar el nacimiento del Niño Dios, ambientando este singular suceso en diferentes contextos geográficos y folklóricos. Llámense las solitarias estribaciones serpenteantes de Los Andes con sus quejidos de quenas y resonar de bombos y charangos, los inmensos llanos venezolanos o los pagos pamperos argentinos con rasgueo de cuatros y guitarreo gauchesco, o sencillamente el cálido terruño antillano de cocoteros y tun tun de cuero e’ chivo (“Trópico mira tu chivo,/después de muerto cantando”, sentenció sapiente el poeta del Cabral). Temas desarrollados con ternura reverencial por anónimos o autores reconocidos.

Otra cosa es la música festejante, bailable y popular, salpicada de chicha, tequila y ron, rellena de lechón, pasteles y lerenes, con la cual la gente suelta tensiones, libera la alegría contenida, en formación de parrandas y aguinaldos mañaneros, en trullas juveniles que recorren barrios con el mensaje vivo de la Navidad engarzado en la garganta y enredado en los pies.

El pianista Ariel Ramírez y el poeta Félix Luna conjugaron talentos en Argentina para fraguar en 1964 la Misa Criolla, una pieza pionera en el nuevo catolicismo regional que asumía los colores propios para enriquecer el rito religioso. En La Peregrinación se retrata la búsqueda de José y María, tras un refugio que diese amparo al nacimiento. “A la huella, a la huella/ José y María/ por las pampas heladas/ cardos y ortigas./ A la huella, a la huella/ cortando campo/ No hay cobijo ni fonda;/ sigan andando.” Entonces el poeta se derrama tierno: “Florecita del campo,/ clavel del aire,/ si ninguno te aloja,/¿adónde naces?/¿Dónde naces, florcita,/ que estás creciendo/ Palomita asustada,/ grillo sin sueño.”

La belleza poética se explaya descriptiva sobre Jesús: “dos ojitos de almendra/ piel de aceituna”. El humilde hábitat queda sellado: “!Ay burrito del campo!/ ¡Ay buey barcino!/ Que mi Niño ya viene/ háganle sitio/ Un ranchito de quincha/ sólo me ampara/ dos alientos amigos/ la luna clara/ A la huella, a la huella/ José y María/ con un Dios escondido/ nadie sabía…” Otra de las piezas de esta Misa –interpretada por Ramírez, Los Fronterizos, Mercedes Sosa, Los Huayra- es Los Reyes Magos: “Llegaron ya, los reyes y eran tres/ Melchor, Gaspar y el negro Baltasar/ Arrope y miel le llevarán/ y un poncho blanco de alpaca real”.

El veterano Simón Díaz –que tanta gloria prodigó desde su Venezuela folklórica- nos dejó El Niño Jesús Llanero, miel sobre sabrosa hojuela. “En mi conuquito/ las flores de los campos/ adornan su belleza/ y brilla su esplendor/ Niñito llanero/ indio soberano/ dámele ternura/ dámele cariño/ al venezolano/ Lindo pajarito/ que vive en el llano/ desde tu piquito/ dale un pedacito/ al venezolano/ Alpargatas de oro/ cogollito blanco/ no lo desampares/ vuelve tu mirada/ al venezolano/ Trompo serenito/ que baila en la mano/ bríndale la calma/ que tanto le falta/ al venezolano”. De una simpleza sin par, este villancico visionario se ajusta pleno al momento dramático que vive Venezuela. Una versión de Laura Guevara, en el programa radial Descompón registrado en Youtube, agrega valor a la de Simón.

Serenata Guayanesa interpreta un Aguinaldo Criollo de la autoría de Luis Morales Bance e Isabel Herrera que decreta, al igual como Neruda declaró chileno a Joaquín Murieta en su cantata Fulgor y Muerte de JM, que: “Si la Virgen fuera andina/ y San José de Los Llanos/ el Niño Jesús sería/ un niño venezolano”. Procediendo a vestirlo a la manera llanera: “Sería un niño de alpargatas/liquiliqui planchado/un sombrero de cogollo/y el calzón arremangado/ Tendría los ojos negritos/ quién sabe si aguarapados/ y la cara tostadita/ del sol de por estos lados/ Por cuna tendría un chinchorro/ chiquito muy bien tejido/ y la Virgen mecería al Niño Jesús dormido/ El crecería en la montaña/ cabalgaría por el llano/ cantándole a las estrellas/ con su cuatrico en la mano”.

En noviembre del 64 visité Caracas por vez primera, junto a mis parientes Arístides y Cuchito Álvarez, acompañando un equipo de la Liga Dominicana de Beisbol. Las parrandas, gaitas y aguinaldos, ya animaban el ambiente festivo de fin de año. Jóvenes subidos en camionetas cruceteaban las calles y entonaban Fuego al cañón (“para que respeten nuestro parrandón”), El Perico (“yo no me explico/ cómo el perico/ teniendo un hueco debajo del pico/ puede comer”). Conocí la música del quinteto vocal Contrapunto, del arpista Juan Vicente Torrealba y su Concierto en la Llanura, a Los Antaños del Stadium y el género cañonero, a Aldemaro Romero y el vals Dama Antañona. Y más de Billo, por supuesto. Luego sabría de Cecilia Todd, La Rondallita, Simón, Soledad Bravo.

Danny Rivera (Voy buscando al Niño), con fondo animado por cuatro jíbaro, nos pregona en Borinquen: “Voy buscando al Niño/ Voy buscando al Rey/lo hallaré en la casa/ de cualquier batey”. Ya antes Bobby Capó había anunciado que: “De la montaña venimos/ para invitarlo a comer/ un lechoncito en su vara/ y ron pitorro a beber”. Enfático, el Bardo de Piel Canela proclamó que “sin arroz con dulce/ pasteles y ron/ estas Navidades/ no las paso yo”.

Celia, la inmensa guarachera de Cuba, consagró con la Sonora Matancera, Eterna Navidad: “Esta es la parranda/de los antillanos/viene saludando/ a nuestros hermanos/ deseando a todos/ mil felicidades/ en los días alegres/ de las Navidades”. Primeros mencionados en este desfile caribeño son los “hijos de Quisqueya/ hermanos del corazón”, invocándose a la “Virgencita de Altagracia/ líbralos de todo mal/ a la tierra del merengue/ queremos felicitar”. Luego viene “la tierra del Encanto/esa isla tan bendita/que todos queremos tanto/ que siempre brille una estrella/ en ese cielo antillano”. Y “felicitación a Cuba/esta parranda le brinda/ tierra del son y la rumba/ y de las mujeres lindas”.

Ya en nuestro terruño querido, el maestro Julio Alberto Hernández se había ocupado en la década del 20 del siglo pasado en legarnos su meritorio esfuerzo recopilatorio extrayendo del folklore y del decimero Juan Antonio Alix. Aguinaldo es una pieza robusta que ha pasado con éxito la prueba del tiempo y figura en el álbum Canciones Dominicanas de Navidad, en las voces de Arístides Incháustegui y Maridalia Hernández. “Ábreme la puerta/ que estoy en la calle/y dirá la gente/ que esto es un desaire/ Allá dentro veo/ un bulto tapao/ no sé si será/ un lechón asao/ Alabemos todos/ al Niño Jesús/ que nació en Belén/ y murió en la cruz/ También alabemos/ con mucha alegría/ a sus santos padres/ San José y María”.

Para proseguir: “Así pues señores/los dueños de casa/ abran ya su puerta/ que el tiempo se pasa/ y al entrar señores/ mucha precaución/ con los que se meten/ sin invitación/ A las arandelas/ a las arandelas/ de mi corazón/ A las arandelas/ a las arandelas chinita/ de mi corazón”. Para anunciar al cierre: “Ya llegó la Navidad”.

Julio Alberto, Luis Alberti, Salvador Sturla, Luis Kalaff, Babín Echavarría, Manuel Troncoso, Johnny Ventura, Huchi Lora, Mundito Espinal, entre otros –ni hablar de los intérpretes-, han enriquecido el repertorio festivo de la Navidad dominicana. Mundito tiene Salsa pa’ tu lechón, un merengue sabrosísimo grabado por Ventura, por demás gastronómico. En él se sirve lechoncito, pasteles en hoja, lerenes, pan de fruta, manicongo, pavo asao, aguardiente y buen anisao. Algunas exquisiteces de nuestra golosa culinaria de fin de año.

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