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Cocina e identidad la papa en la ruta de piratas y corsarios

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HOY / POR MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN

Nos llama la atención la presencia de la papa en una comunidad de habitantes o “engangés” en la parte oeste de la isla La Española cuando este tubérculo no aparece de manera destacada entre los que formaban la dieta de nuestros primeros colonizadores. Más, si tenemos en cuenta que la papa, descrita por Acosta en el siglo XVII y por Linneo, es de origen peruano y llegó a Europa como comida de animales.

Si bien es cierto que Cayetano Coll y Toste, en “Boletín histórico de Puerto Rico”, escribe sobre la entrada de productos agrícolas con mucha precisión no nos dice cuándo fue introducida en el Caribe. Pensamos que la ruta del tubérculo que pasaría a ser importantísimo en la dieta europea, pudo haber dado una vuelta atlántica. Las investigaciones nos llevaron al libro del español D. Enrique Doyle quien en “Introducción formada de orden del consejo para el cultivo y uso de la patata” (Madrid, 1876), explica las bondades y conveniencias de su cultivo. Pero los españoles se encontraban muy atrasados en estos propósitos, puesto que ya el rey francés había motivado su plantación y el mundo científico la había validado en el libro de M. Parmentier de 1781, “Recherches sur les végétaux nourrissans”, que reposa en los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia en París. Fue en mayo de 1789 que se advierte al rey español de la conveniencia del tubérculo para la alimentación.

Esto nos deja dicho que, aunque los españoles encontraron la papa en Perú, esta no fue aprovechada por ellos, sino por sus enemigos en los mares y sus gobiernos en el continente. También que el tubérculo tuvo como introductores en Europa a distinguidos piratas o corsarios europeos.

En 1999, Victoriano Odriozola publica en Madrid el libro “La patata, su cultivo y explotación” en el que traza su ruta. Dice que es probable que el almirante inglés Walter Raleigh la introdujera en Virginia en 1623; llega a Bélgica en 1717, a Suecia en 1725; se encuentra en Prusia en 1738. En el siglo XVIII, se extiende su cultivo, pero se considera perjudicial al hombre. Una fuente española, Gasparin, la localiza en Galicia en el siglo XVI, y dice que pasa a Italia y Alemania. Otras fuentes la encuentran temprano en Europa en Alemania y Bélgica y el experto español Odriozola ubica su origen europeo en el Norte o en el norte de la Península.

Odriozola Afirma también que el capitán John Hawkins la llevó a Santa Fe de Bogotá y llega a Irlanda en el año 1563; más tarde, en 1586 fue introducida por Francis Drake en Inglaterra. El “solanum tuberosum” tuvo su experiencia en los barcos de piratas y corsarios, por esa razón no es de extrañar que la cultivaron los habitantes en la parte oeste de La Española.

En “Anadel”, Julio Vega Batlle le traza la siguiente ruta: “Los Conquistadores la llevaron de Perú a España en 1540. Luego Sir Walter Raleigh la hizo conocer en Inglaterra. Un tal Gaspard Bauhon comenzó a cultivarla cerca de Lyon, pero en 1560 el Parlamento de Besancon promulgó una Resolución prohibiendo su cultivo y su consumo «porque producía la lepra». Vino a ser en 1597 cuando el botánico Gerard afirmó que era sana y nutritiva. En 1619 el físico y literato inglés Francisco Bacon hizo en una de sus obras el elogio de la papa, y desde entonces figuró en la mesa de los Reyes de Inglaterra. Todavía para el año 1771 los franceses “la consideraban sospechosa”. (187).

Coll y Toste da fechas precisas sobre la introducción de frutos alimenticios en Puerto Rico, muchos llegaron desde La Española. Dice que el cultivo de trigo fracasó en Santo Domingo, el arroz, que vino en el segundo viaje, se aclimató de tal manera que comenzó a tener el nombre de “arroz criollo”; iba viento en popa el cultivo de hortalizas y el maíz oriundo del archipiélago. El café originario de Etiopía llegó a Puerto Rico desde Santo Domingo en 1736. Su aventura empezó en Martinica (Delaclieux) en 1720; en el 1728 llega a Guadalupe y en 1732 arriba a Haití y a Santo Domingo. (256-257). Finalmente señala que en la isla de Puerto Rico se contrabandeaba café con los dinamarqueses en 1765.

En los barcos y balandras que entran al Puerto de San Juan procedentes de América entre 1661 y 1699 trabajados por el maestro Ángel López Cantos, de la Universidad de Sevilla, en “Historia de Puerto Rico (1650-1700)”, publicado en Madrid en 1975, no aparece la papa o patata como artículo de exportación o importación para Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela o Cuba. El arroz aparece por primera vez en la balandra “Nuestra señora del Carmen” en 1683. Es la embarcación estudiada no. 49 de 54. Sin embargo, esta realidad está justificada porque las colonias españolas vivían de la subsistencia con poco comercio entre ellas.

En la isla del encanto, la papa parece haber pasado un largo periodo de experimentación. Dice José Ramón Abad, en “Puerto Rico en la Feria Exposición de Ponce de 1882”, que la presentó en el cónclave el señor Félix Monclova de Bayamón. Señala que la papa se produce en Europa a unos veinticinco centavos el quintal, dejando gran beneficio a los agricultores y asegurando subsistencia a la gente pobre (227). El autor dedica varias páginas a comentar la importancia de los elementos de este tubérculo para adquirir féculas aplicables a la producción de vino como se hacía en Europa.

Del Valle Artiles, en “El campesino puertorriqueño”, dice que la papa es uno de los frutos que el jíbaro tiene a su alcance, con lo que confirma su abundancia en la isla. (89). Pero cuando revisamos la dieta de los esclavos de Puerto Rico, el arroz aparecía apenas y la batata está ausente. Resulta ser que la yautía, el ñame y el lerén acompañan a la yuca como los tubérculos recurrentes de nuestra alimentación.
En la dieta de los esclavos de Puerto Rico no se encuentra el famoso tubérculo. Según narra Luis Díaz Soler, quien cita a Flinter y a Abbad, en “Historia de la esclavitud negra en Puerto Rico”, 1953: “La ración diaria de un esclavo consistía en siete u ocho plátanos, o su equivalente en batatas, ñames u otras raíces nutritivas; seis onzas de pescado salado o carne y cuatro onzas de arroz o frijoles”. (161).

Muchas más razones tendríamos para afirmar que en nuestra alimentación fue fundamental la yuca con el casabe en los primeros siglos (XVI y XVII), luego, el plátano destronó al casabe, y el arroz, que siempre existió en la colonia, vino a ser un plato tardío. Por eso, en Puerto Rico y República Dominicana somos mangú y mofongo. Aunque es importante precisar que en “El cocinero puertorriqueño”, reimpreso en 1890, no aparece el manjar dominicano, aunque sí otras delicias de la isla española.

Publicado en el periódico HOY, el 21 de mayo de 2016

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