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Fernándo Arturo Logroño Cohén (1893-1949)

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Fernando_Arturo_Logroño_Cohen_01POR: RADIO EDUCATIVA DOMINICANA

Fernándo Arturo Logroño (1891-1949) nació en la ciudad de Santo Domingo, de profesión abogado.Fue uno de los más brillantes oradores dominicanos, escritor, poeta, historiador, abogado, catedrático universitario, nacionalista, inició su carrera política a los dieciocho años de edad, como secretario del Presidente Juan Isidro Jiménes, pero fue en los comienzos del trujillato cuando se puso de manifiesto su excepcional capacidad de tribuno, lo que le mereció ser considerado “el príncipe de la oratoria nacional”.

Hay quienes cuestionan que por sus servicios a la tiranía haya sido designada una calle de Santo Domingo con su nombre.

Inclusive, a la caída del régimen le fue sustituido por el de Mauricio Báez y en uno de los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano, las autoridades del Ayuntamiento resolvieron reponerlo, denominado en su honor una vía del sector de Villa Juana.

El doctor Carlos Arturo Logroño, hijo del eminente intelectual, dice respetar las opiniones adversas a la medida, sin dejar de reconocer los méritos de su progenitor, aclarando que en la época en que fue funcionario “las cosas no eran como fueron al final de la dictadura”.

Considera que figuras nefastas de la “Era” han merecido esa distinción.

“Yo diría que mi padre no sólo merece una calle, sino algún monumento histórico, por sus dotes intelectuales, sus valiosos aportes al país y por los aspectos de su vida que le he narrado”, dice al finalizar una extensa entrevista en la que puso de manifiesto facetas humanas, familiares, profesionales y artísticas del polifacético hombre público que parece haber heredado de su abuelo, Fernando Arturo de Meriño, el don de la disertación pública.
Pese a haber sido colaborador muy cercano del “Generalísimo”, al que le escribía sus discursos y le asesoraba en asuntos internacionales y legales, el enjundioso escritor cayó varias veces en desgracia durante la dictadura, para la que tuvo en privado y en público expresiones de censura, según cuenta el hijo. Inclusive, los días en que cayó en cama para no levantarse jamás ni siquiera fue visitado por el sátrapa.

De él no sólo quedan las lecciones del pasado nacional en sus libros, que fueron obligatorios en las escuelas en los años `20. También permanecen latentes piezas de sus elocuentes discursos en ocasiones memorables como cuando se realizó el Vuelo Panamericano, o al instituirse el Día del árbol, o en la fecha significativa en que fueron trasladados los restos de los Padres de la Patria, entre otros.

Críticos de Arturo Logroño, como Joaquín Balaguer, dicen que él manejaba “el cinismo como un arma política”, pero ese supuesto sarcasmo no sólo le sirvió para responder con perspicacia a los que hacían mofa de su descomunal gordura, sino para cambiar el fatal destino que aguardaba a algunos opositores del “Benefactor”.

En una de las primeras conspiraciones de patriotas opuestos a Trujillo, en la que hubo un atentado contra su vida desde el hotel Presidente, se hizo una manifestación repudiando el hecho. Mi padre fue de los últimos oradores y creó una frase famosa en la que expresó que Trujillo era como el sándalo, que perfuma el hacha que lo hiere. Estaba obligando a Trujillo a perdonar a esta gente y aunque esta declaración le costó el cargo de secretario de la Presidencia, Trujillo cedió y dejó en libertad a los autores de la trama, cuenta don Carlos Arturo.

Fernando_Arturo_Logroño_Cohen_02El recuerdo de la inusual inteligencia de Arturo Logroño Cohén quedó impreso, además, el un histórico documento que refleja su patriotismo, cuya redacción fue obra suya: “el famoso manifiesto de Cambelén repudiando la ocupación norteamericana”, lo que le mereció persecución por parte de los interventores.

El doctor Carlos Arturo Logroño, abogado, es depositario de dolorosos y amenos recuerdos de su progenitor, que a pesar de su diabetes, era un gran sibarita. En su residencia de La Romana conserva, además de sillas, vajillas, fotos, armarios y vitrinas, la enorme mesa del comedor de la casa paterna. “Como ve, es muy larga, porque ahí se servía mucha comida, sobre todo en el almuerzo”.

No sólo por estas piezas está presente en la memoria del notable ascendiente. La mente del hijo registra hasta el temperamento humorístico de este maestro de la improvisación en la tribuna, al que Trujillo atrajo a su entorno más cercano, como lo hizo con lo más granado de la intelectualidad, entre los que Logroño Alsace cita a Julio Ortega Frier y Arturo Peña Batlle, como ejemplos, y porque Logroño Cohén era, a su juicio, “un hombre fuera de serie, aunque quizá no me corresponda decirlo”.

El licenciado Arturo Logroño Cohén nació en Santo Domingo el 12 de septiembre de 1893, hijo de don Alvaro Logroño Marchena y doña Isaura Cohén. Su padre era hijo del ex Presidente y Arzobispo de Santo Domingo monseñor Fernando Arturo Meriño. Debido a ese parentesco, tres de sus hijos llevan uno o los dos nombres del ilustre mitrado: Fernando Arturo, Fernando Antonio, fallecido, y Carlos Antonio. Los demás vástagos son Rafael Leonidas, Reynaldo de Jesús y Martha Milagros, todos procreados con la francesa María Antonia Alsace, con quien casó en 1909.

Monseñor tuvo dos hijos con dos mujeres diferentes: Fernando Arturo Defilló, eminente médico, y a mi abuelo, Alvaro Logroño. De ahí surgen las familias Defilló y Logroño pero, naturalmente, mi abuelo lleva el apellido de la madre y el doctor Defilló también porque, siendo un sacerdote, no podía reconocerlos, cuenta el doctor Logroño. No recuerda el nombre de la abuela, pero sí sé que era una española.

Arturo Logroño inició estudios de farmacia en la Universidad de Santo Domingo que interrumpió para hacer la carrera de Derecho. Tenía su oficina de abogado en la Luperón esquina Duarte, de la Zona Colonial, donde conservaba una de las más ricas bibliotecas, desaparecida durante la revolución de abril. Además de los cargos citados fue senador de la República, secretario de Relaciones Exteriores y de Educación, Bellas Artes y Cultos y profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Santo Domingo. Fue el primer secretario de Estado sin Cartera que hubo en la República pues cuando regresó convaleciente del extranjero, luego de sufrir dos derrames cerebrales, presentaba dificultades para caminar, debido a su gordura, y le fue creado ese puesto.

Aunque se distinguió más como orador, “creando el estilo barroco”, dejó publicados un Compendio de Historia Patria, Los yanquis en Santo Domingo, obras poéticas y artículos dispersos en periódicos y revistas. Logroño murió el 24 de enero de 1949, a los 56 años de edad. Enfermó y pasó el año 1948 casi completo en una clínica de Nueva York. Estando allí le dieron dos derrames, logró recuperarse, pero se le presentaron problemas circulatorios y por su misma contextura física, no podía caminar. En el mes de enero le repitió otro derrame. Murió en el país.

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