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El factor separador: que la frontera sea dominicana (4 de 4)

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DIARIO LIBRE / 25 DE AGOSTO DE 2016 / POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

Desde los comienzos de la República surgieron dos tendencias: reforzar la independencia; o mediatizarla.

La orientada a reforzar el gobierno propio se propuso atraer migraciones que aportaran pobladores y conocimientos. La otra trató de consumar la anexión a alguna potencia por miedo a que el país cayera subordinado al dominio haitiano.

La tarea mayor era consolidar el Estado y frenar la penetración constante de haitianos.

En 1929 se delimitó la frontera, siguiendo los lineamientos del Tratado de Aranjuez. Y se produjo un intento de establecer colonias agrícolas en algunos puntos de la demarcación divisoria.

Esa política se continuó en los años subsiguientes, pero fue diluyéndose con el paso del tiempo en la medida en que la democracia perdía el rumbo de lo que era esencial, y permitía que la permanencia en el poder se convirtiera en objetivo casi único de la acción desde el Estado.

En los últimos años, amparada en la debilidad institucional y en el afán de lucro a toda costa, se ha producido la invasión ilegal de haitianos en busca de empleo, y se ha hecho visible la estrategia de lograr la obtención masiva de la nacionalidad dominicana como forma eficiente de unificar políticamente la isla.

Ante esas circunstancias, la defensa del interés nacional requiere de la ejecución de planes generosos e inteligentes que permitan a los dominicanos vivir y prosperar en la frontera.

El reto es crear condiciones que incentiven a los dominicanos a sentir orgullo por su tierra fronteriza, hacerla suya mediante la posesión efectiva, establecerse, visitarla, convertirla en objeto de intercambio intenso de comercio, industria, agropecuaria, turismo, dentro del territorio de la dominicanidad.

En vez de construir un muro que separe, lo que procede es erigir una formidable barrera de tierra sembrada con cultivos de alta productividad, de laderas preñadas de explotaciones forestales, obras de riego, infraestructura de calidad, industrias y agroindustrias, urbanizaciones, servicios diversos, todo ejecutado con fuertes inversiones públicas y privadas dentro de un orden interno que haga respetar el marco jurídico, promueva la generación de alto valor agregado nacional y fomente las exportaciones.

Y todo ello siendo reflejo de un compromiso total del Estado y del empresariado nacional por convertir a la frontera en un oasis económico.

Eso es muy distinto a lo que existe ahora, es decir al tratamiento fiscal favorable que se otorga a algunas empresas, pues no está vinculado a una estrategia nacional, ni la generación de alto valor agregado nacional, ni a la transformación de los recursos de la zona fronteriza, ni al uso de mano de obra dominicana.

Lo que estamos planteando es que se le otorgue la máxima prioridad a la frontera, condicionado a que el empleo que se cree en esa zona sea para los dominicanos. Y a que allí se aplique a plenitud, como debe hacerse en el resto del territorio, las leyes de migración y la proporción máxima de mano de obra extranjera con respecto a la nacional, y que los trabajadores puedan disfrutar de un régimen temporal flexible de cotización a la seguridad social.

Es, pues, integrando a los dominicanos a la frontera, convirtiéndola en zona de interés económico, como podremos afianzar el Estado. Y para eso se necesita de un liderazgo consciente y responsable, que tendría que surgir o reafirmarse por la ley de la necesidad.

Nótese que, aún si se hicieran grandes inversiones en la frontera en la agricultura, agroindustria, industria, turismo y servicios, el esfuerzo valdría de poco si se permitiera que el trabajo lo realizaran los haitianos pues tarde o temprano sobre poblarían la zona e impondrían su derecho a la permanencia en esta parte de la isla.

Esta concepción favorece que haya acuerdos económicos de colaboración con Haití, incluyendo inversiones cuantiosas de empresarios dominicanos en industrias, agroindustrias y otras actividades localizadas preferiblemente en Puerto Príncipe, o en lugares de concentración urbana de la población haitiana, aprovechando el marco laboral del vecino país.

En la medida en que esas inversiones lleven progreso y mejoría en el nivel de vida de la población haitiana, contribuirían a frenar la emigración hacia República Dominicana. Esa sería una notable contribución de grupos empresariales dominicanos, complementaria a lo que estamos sugiriendo.

Hay que crear consciencia y comprender que la viabilidad para elaborar proyectos binacionales en la frontera se ha erosionado, pues sus consecuencias van mucho más allá de la creación de áreas de prosperidad, actividades económicas y empleo para ambas naciones y pudiera estarse coincidiendo con intenciones subyacentes de grupos foráneos que persiguen otras metas.

Siendo diáfanos: nunca debería confundirse el interés privado por hacer negocios con el más elevado de preservar la esencia de la nacionalidad. Son distintos.

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