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Un aguerrido revolucionario

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Un_aguerrido_revolucionario

HOY / 7 DE AGOSTO DE 2016 / POR ÁNGELA PEÑA

Tulio Carvajal de León no es un pseudónimo. Existe. Tiene 86 años de edad y fue el real director del periódico Patria durante la Revolución de Abril de 1965.

En un reportaje publicado el pasado 16 de junio con la firma de esta redactora se ponía en duda su presencia en esa posición debido a que la generalidad considera que la ocupó Ramón Alberto Ferreras (Chino). Varias personas escribieron confirmando que fue Carvajal y revelando su valiente papel en ese matutino.

Es un aguerrido revolucionario que fue antitrujillista, militante del 14 de Junio, atrapado y encerrado en La 40, donde no llegó a ser torturado porque en el preciso momento en que lo sentaron en la silla eléctrica llevaron al doctor José Tallaj “desfigurado, masacrado” y parece que la prioridad de los esbirros era el reputado pediatra.

Pero lo mantuvieron en solitaria y luego fue trasladado a La Victoria. Le pasaron juicio y como a los demás catorcistas lo sentenciaron a 30 años de trabajos públicos. Salió en libertad después del ajusticiamiento de Trujillo. No aceptó una posición que le ofreció el expresidente Joaquín Balaguer durante los 12 años.

Su fotografía aparece en el libro ¡Complot develado!, publicado por el régimen de Trujillo. Luce tan delgado como está hoy a pesar de casi 60 años transcurridos.
Tulio, quien es evangélico pentecostal y fue pastor y fundador de la iglesia “Lumbrera Mayor”, de Santo Domingo Oeste, no solo luchó por la democracia y la soberanía sino por la supervivencia. Nacido en La Romana el 4 de octubre de 1930, vivió en Cayacoa, una zona rural de San Pedro de Macorís donde cortó caña en la colonia de los Vicini y confiesa con satisfacción que a los 10 años compró un vestido a su madre Dolores Carvajal.

Se desempeñó como dependiente del colmado de su tío Rafael Rincón, aprendió sastrería con el judío Abraham Frankendert, en la avenida Mella; sirvió como cantinero en el restaurant Wall Street que tenía su tío Chichí Pión en la Isabel la Católica y desempeñó la misma función en La Cafetera de El Conde. Fue despensista en el hospital antituberculoso de adultos que funcionaba donde hoy está la UNPHU y posteriormente el doctor Pompilio Brower lo recomendó para ese mismo oficio en el Morgan.

Siempre fue admirado por su honradez y su eficiencia. Aprendió a leer y escribir estando en las pulperías de su infancia, estudió hasta segundo de secundaria en las escuelas Haití y Argentina y se graduó de contable y mecanógrafo en el Instituto Gregg. Su seriedad le mereció ser propuesto para trabajar en la Compañía Dominicana de Teléfonos a la que ingresó como mecanógrafo y luego fue promovido a encargado del Departamento de Pagos. En esa empresa, en la que permaneció 10 años, le sorprendió la Guerra Patria.

Don Tulio es dulce, sereno. Recuerda episodios lejanos de su vida. Sus hermanas María Engracia Franjul Carvajal de Abatte y Georgina Franjul Carvajal, así como su cuñado Salvador Abatte le acompañan en la entrevista. Su padre era Tulio de León.
Carvajal casó dos veces. Su primera esposa fue Laura Filtis Albuerme, madre de

Rosario Dolores, Luis Felipe y Sofía. La actual esposa es Isidra Antonia Abreu, con quien procreó 10 hijos: Neguyen, Samaria, Revelación, Yonka, Isaías, Meldonis, Edén, Adán, Eliú y Perla.

Recuerda que entró al 14 de Junio en una célula de Ramón y Angélica Ureña Quiroz y se reunían en la avenida Bolívar esquina Julio Verne. Distribuían panfletos y viajaban al interior del país a conquistar adeptos. El 17 de enero de 1960, agentes del Servicio de Inteligencia Militar lo atraparon cuando regresaba de practicar tiro con escopeta a su casa de la calle Ciudad de Miami (Doctor Tejada Florentino). La familia supo de él un mes después. Conoció a las hermanas Mirabal, Manolo Tavárez, Leandro Guzmán, José Israel Cuello. Fue muy amigo de Chino Ferreras, Alberto Malagón, Mercedes (Chea) Jiménez, Alfredo Manzano y Carlos Nolasco a quienes considera, junto a él, los fundadores de Patria.

Patria. Con Carlos Nolasco estuvo en el asalto a Radio Santo Domingo Televisión el 24 de abril. “Había carros de asalto y soltaron la guardia a caballo, golpeaban a la multitud tratando de dispersarla, entonces llegó la Marina y echó a la Policía”, recuerda.

Vivía con su madre costurera en la calle San Juan Bosco, “me despedí y entré a la zona constitucionalista. Patria surgió como una hojita, la idea fue del Chino y de Alberto Malagón”, agrega. Narra que se imprimía en la Isabel La Católica entre Conde y Luperón. La imprenta “era de José Martí Otero, a quien pagábamos una cuota a través de Salomón Sanz, que tiraba la revista Hándicap”.

“Después le fuimos dando forma, yo dije que teníamos que ponerle nombre, era el único medio de orientación, de contacto con la población y Chino dijo: ¡Patria!”.
Añade que entonces se discutía quién sería el director y tanto Ferreras como Malagón se señalaban uno al otro. “Los dos estaban muy quemados y pensaron que no debían exponerse porque los señalaban como comunistas; yo era el más indicado, pero no era periodista, entonces Chino vino con un fusil y declaró: ¡Usted es el director!”. Tulio escribía pero no firmaba.

Vendía el periódico y administraba. “Teníamos un local alante y cuando los canillitas lo descubrieron iban a buscarlo”. Algunos le llamaban revista.

Relata que Manuel Ramón Montes Arache apoyaba moral y económicamente el periódico. “Él fue quien nos mandó a tirarlo: ¡Ábranlo! ¡Invadan El Caribe, tomen la Hándicap y si necesitan algo del Listín lo abren también!”.

Tulio “entregaba el dinero a Malagón y al Chino pero no era cuestión de intereses económicos, nadie era dueño, la dueña era la Revolución”, asevera.

Improvisaron una sala de redacción y recibían visitas de funcionarios y periodistas constitucionalistas entre los que recuerda a Hugo Tolentino, Juan José Ayuso, Kabito Gautreaux y Montes Arache. “Todo el mundo cooperaba, el periódico tenía muchos voluntarios y colaboradores”.

Atacaban al periódico La Hoja, manifiesta, “porque ellos defendían a los yanquis”.
Tulio ofreció un inestimable aporte a la Patria desde esa posición, arriesgando su vida. “Yo salía de una empresa norteamericana y hubo ocasiones en que me acusaron de ser un infiltrado de la Compañía de Teléfonos”.

En ocasiones se plantaba: “¡Aquí nadie me va a pasar por encima, porque yo soy el director!”.

Escribió sus memorias pero las perdió cuando el ciclón David. También su colección completa de Patria que prestó a un reconocido comunicador que se quedó con ella.
“Patria fue el periódico más combativo, enfrentó la invasión americana, denunciaba al CEFA, al Gobierno de Reconstrucción, a la Junta Militar y servía al pueblo. Estábamos expuestos a que nos volaran la cabeza. Mamá creía que yo no volvía”.

a.pena[@]hoy.com.do

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