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De la dictadura de Lilís al poder casi absoluto del PLD

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Foto: Ulises Heureaux, más conocido como Lilís

ACENTO.COM.DO / 26 DE JULIO DE 2016

Las tragedias que ha vivido la República han variado un poco desde entonces. Hay más estabilidad, más respeto de los procesos políticos y electorales, ha habido alternancia en el poder entre los partidos Revolucionario Dominicano, Reformista Social Cristiano y de la Liberación Dominicana.

Ulises Heureaux, más conocido como Lilís, murió un día como hoy, hace 117 años, en Moca, en un magnicidio ejecutado por Jacobito de Lara y varios jóvenes políticos más, entre los que se destacaba el general Horacio Vásquez. Lilís gobernaba el país bajo un régimen de fuerza,  con la extorsión y manipulación, y con pretensiones de quedarse con el poder durante todo el tiempo que le fuera posible.

En la historia dominicana el magnicidio nunca fue extraño. Tan pronto se fundó la República los propios patriotas que creyeron en ella y que forjaron el camino para su fundación, sufrieron persecución y varios resultaron ejecutados. No olvidemos a Antonio Duvergé y a María Trinidad Sánchez, o al propio Francisco del Rosario Sánchez.

En 1864 fue fusilado en Maimón, Puerto Plata, el ex presidente José Antonio Salcedo, conocido como Pepillo. Fue el presidente Gaspar Polanco quien dio la orden de ese fusilamiento.

Juan Pablo Duarte, el fundador de la República y líder del movimiento Los Trinitarios vivió una gran parte de su vida exiliado, y aunque regresó al país para poner su empeño en la Restauración de la República, no fue aceptado su apoyo y fue reenviado al exilio, muriendo pobre y alejado de los suyos, en Venezuela, sin reconocimiento ni apoyo de las autoridades que dirigían la República que él había ayudado a crear.

Ramón Cáceres, presidente de la República, fue asesinado en noviembre de 1911, por el general Luis Tejera, hijo del ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Cáceres, Don Emiliano Tejera. Iba en un coche tirado por caballos, los conjurados lo mandaron a detener, con el supuesto propósito de apresar al presidente, pero el conductor del coche hizo resistencia y el presidente recibió un disparo mortal.

En su ascenso al poder fueron muchos los políticos que resultaron asesinados por órdenes de Rafael L. Trujillo Molina. Se le salvó su líder y entonces presidente, Horacio Vásquez, a quien traicionó. Horacio era un general muy mayor, ya enfermo. Trujillo se alzó con el poder y estableció una dictadura de más de 30 años. Y no hubo otra forma para separarlo del poder que no fuera el tiranicidio, el 30 de mayo de 1961. Desde ese momento se inicia lo que se conoce hoy como el período democrático de la República Dominicana.

Una democracia accidentada, porque desde su inicio fue agobiada por el trauma y la interrupción de procesos políticos que pudieron ayudar en la consolidación política del país. El primer gobierno electo, encabezado por Juan Bosch, fue derrocado 7 meses después de instalado. Hubo alzamientos guerrilleros, muertes de dirigentes políticos, una guerra civil y luego una intervención militar de los Estados Unidos.

Con las tropas americanas en tierra dominicana hubo elecciones, en 1966, ganadas por Joaquín Balaguer. Juan Bosch, el candidato del PRD, no pudo salir a las calles a realizar su campaña electoral. Y desde entonces, hasta 1978, el régimen instaló un proceso de terror contra los opositores y contra los que estuvieron en las trincheras constitucionalistas en 1965. Es decir, que el país vivió una democracia violenta, falsificada, porque las elecciones fueron manipuladas y controladas por el aparato militar, hasta que hubo posibilidad de abrir un espacio político con el proceso electoral de 1978. El PRD volvió al poder, esta vez con Antonio Guzmán de presidente de la República. Antes de terminar su mandato, el 4 de julio de 1982, el presidente se suicidó.

Las tragedias que ha vivido la República han variado un poco desde entonces. Hay más estabilidad, más respeto de los procesos políticos y electorales, ha habido alternancia en el poder entre los partidos Revolucionario Dominicano, Reformista Social Cristiano y de la Liberación Dominicana.

El más reciente de esos partidos, con 43 años de formado, es quien ahora controla todo el aparato del Estado. Los otros son en la práctica caricaturas de partidos, que medran alrededor del poder que usufructúa el PLD, una entidad que ha consolidado un ejercicio del poder sin hacer concesiones, sin negociar políticamente sus criterios, y que pese al tránsito que tuvo desde la ideología de izquierda con que nació hacia una ideología conservadora y de derecha con que ejerce el poder, no ha sufrido las consecuencias de esas mutaciones. El cambio, paradójicamente, le ha consolidado en el poder casi absoluto del panorama institucional dominicano.

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