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Los modelos Bosch, Balaguer y Medina

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HOY / 21 DE JUNIO DE 2016 / POR BERNARDO VEGA

Bosch y Balaguer se caracterizaron por iniciar gestiones con austeridad

Este fin de semana soñé que para este su último (?) gobierno, Danilo Medina está diseñando un nuevo modelo de gestión económica que toma lo mejor del mandato de su maestro, Juan Bosch, y de los largos años de gobierno de Joaquín Balaguer.

Ambos se caracterizaron por iniciar sus gestiones con programas de austeridad. Bosch se rebajó su propio sueldo y el de sus funcionarios y sacó a muchos superfluos de la nómina pública, sobre todo del servicio exterior. Fue frugal al extremo y mantuvo a rajatablas un presupuesto equilibrado. Balaguer hizo lo mismo, pues en 1966 pasó una ley de austeridad, que prorrogó durante varios años, que congeló todos los salarios del sector público y prohibió emplear en el gobierno a más gente. De esa forma logró presupuestos equilibrados continuos y, además, sus gastos de inversión como proporción compararon muy favorablemente con su gasto corriente presupuestal. Cuando Bosch y durante los primeros años de Balaguer los ingenios y las empresas estatales obtuvieron beneficios. En cuanto al endeudamiento, con la excepción del lamentable caso de la Overseas, Bosch fue austero, y Balaguer solo aceptó préstamos para proyectos de inversión y en condiciones muy blandas con organismos públicos multilaterales y bilaterales. Ninguno de los dos emitió bonos soberanos para cubrir gastos corrientes. Balaguer no orientó adecuadamente la inversión pública, excepto en el caso de las presas hidroeléctricas, concentrándose en costosas oficinas públicas, a expensas de la salud y la educación. Su gran logro fue prohibir la tala de nuestros bosques y promover la reforestación.

Balaguer se mantuvo en el poder de forma no democrática con el apoyo de los militares, hostilizando al principal partido de oposición, el PRD, y permitiendo asesinatos de izquierdistas. Sus “elecciones” eran sin oposición y por eso se podía dar el lujo de abandonar la presidencia y entregarla al Presidente de la Suprema Corte de Justicia durante una campaña electoral donde el PRD no podía, o no quería actuar. Eran tiempos en que Bosch había abandonado la democracia a favor de su nebuloso concepto de dictadura con apoyo popular.

El PLD, por el contrario, para mantenerse en el poder y ganar elecciones, infla las nóminas públicas. Con esto, junto con un muy politizado programa de ayuda especial condicionada, las tarjetas de Solidaridad, ha logrado que la mitad de los votantes sean empleados públicos o beneficiarios de la tarjeta. De esa forma es fácil ganar elecciones. Nada se decide a nivel congresual, sino a través de un Comité Político que traza las líneas. En esto se parece mucho a Balaguer, quien ni siquiera necesitaba de ningún comité para decirle al Congreso y a las cortes lo que tenían que hacer. Para no colocar nuevos impuestos, lo que resta popularidad, o botar a empleados de la nómina pública, muy impopular en tiempos electorales, el PLD ha optado por emitir bonos soberanos. La deuda interna y externa del país ya llega a niveles muy preocupantes y tal vez insostenibles. El déficit de las tres distribuidoras estatales de electricidad es enorme, porque el PLD, a pesar de haberlo prometido, no quiere cobrar la luz, por su costo político.

Cuando Balaguer la economía dependía de un factor externo incontrolable: el tamaño de la cuota azucarera norteamericana. Sin cuota la economía colapsaba. Ya no es tan importante. Pero hoy día dependemos de otro factor externo incontrolable: la disposición de los mercados financieros de aceptar nuestros bonos soberanos. Sin ellos habría que volver a los saludables presupuestos equilibrados de Bosch y Balaguer.

La economía china está por colapsar, en Europa su liderazgo político y su economía ambos lucen muy frágiles y con Inglaterra por salir de Europa. Por el mundo ronda el espectro de Trump. Todos los mercados financieros están deprimidos. ¿El mercado de bonos soberanos latinoamericanos sobrevivirá esta situación?

En mi sueño Danilo Medina adoptaba la política de austeridad y de presupuestos equilibrados de Bosch y Balaguer y mantenía su sabia concentración de la inversión pública en educación y salud. Pero yo, al despertar, recordé tristemente la parte final de un poema de Calderón de la Barca: “Toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

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