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Violencia en las escuelas, una conducta que viene de fuera

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DIARIO LIBRE | 20 MAR 2016 | KIRSIS DÍAZ

El maltrato entre estudiantes golpea con mayor fuerza a las escuelas latinoamericanas que a las de otras partes del mundo. República Dominicana, es uno de los países afectados. Ocupa el tercer lugar en América Latina con mayores niveles de violencia física entre estudiantes sin que el Estado cuente con políticas definidas para enfrentar el tema.

Con apenas tres años, Daniel, nombre ficticio, ya ha experimentado el maltrato físico entre escolares. Tres mordidas de compañeritos diferentes en seis meses, indican que los niños comienzan a sufrir la violencia en las escuelas desde temprana edad.

Un maltrato que enfrentan por años y que lleva a algunos menores a la depresión y hasta al suicidio. En otros casos las agresiones físicas son tan graves que a veces degeneran en la muerte. El fallecimiento de Mary Elizabeth Severino, de 12 años, tras ser golpeada por estudiantes en una escuela básica de La Romana y la pelea en plena aula entre dos niños, en una escuela en Boca Chica, son los más recientes casos ocurridos en el país.

Desde el punto de vista conductual, los niños que ejercen violencia sobre otros, en un alto porcentaje han sido víctimas de maltratos en la familia.

“La violencia en las escuelas es un reflejo de una agresividad creciente en la sociedad y que algunos especialistas han atribuido a la falta de oportunidades, de expectativas, de posibilidades de desarrollo y los procesos que se viven en los hogares desestructurados”, argumentó Darwin Caraballo, presidente de Acción Empresarial por la Educación (Educa).

“Hay que actuar en la verdadera causa del problema y la verdadera causa del problema no se puede trabajar desde la escuela, entonces la escuela tiene que administrar esas situaciones de conflicto que llegan”, Darwin Caraballo.

El primer paso que deben dar las escuelas para detener la escalada de este fenómeno social, es no aceptar ninguna manifestación de violencia sutil, aquella que comienza con comentarios, gestos, actitudes de rechazo y de minimizar al otro, resalta la sicóloga Rafaela Burgos.

Destaca la necesidad de que el sistema educativo nacional desarrolle estrategias tanto de prevención, como de control, para detectar las señales de maltrato a tiempo y evitar tragedias.

La experta de la conducta alertó que los sobrenombres en las escuelas no deben aceptarse aunque el profesor considere que no es algo grave. Subraya que los centros educativos deben tener una estrategia para que los niños que se sientan acosados tengan la confianza de reportarlo.

“Siempre recomiendo que la familia preste atención al niño que dice en su casa: tengo problemas con un compañero en la escuela, un niño que dice que no quiere ir a la escuela, que comienza a tener síntomas de rechazo a la escuela, que se enferma con frecuencia pero no parece tener una situación orgánica real”, apuntó.

En América Latina, cinco países muestran altos niveles de violencia física: Argentina (23,5%), Ecuador (21,9%), República Dominicana (21,8%), Costa Rica (21,2%) y Nicaragua (21,2%). Cuba nuevamente aparece como el país con el menor porcentaje de niños que señalan haber sido golpeados recientemente (solo 4,4%).

En términos de insultos o amenazas, Argentina es el país que muestra las cifras más altas. Detrás figuran Perú, Costa Rica y Uruguay, donde más de 30% de los alumnos afirman haber sido maltratados verbalmente por algún compañero, según el estudio América Latina: violencia entre estudiantes y desempeño escolar, publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Los espectadores del maltrato

En el acoso escolar, hay un grupo de niños que no son ni el que acosa ni el que recibe el daño que también están involucrados. Son menores que están viendo lo que le hacen al compañero pero callan por temor al que acosa.

“Ellos también están siendo afectados por la situación, ellos están en una dualidad porque se sienten atrapados en una situación que saben que está mal pero no se atreven a denunciarla y otras veces se alían con el que agrede para evitar que los agreda a ellos”, argumentó Burgos.

Perfil del niño acosador

Intenta validarse frente al grupo a través de la fuerza y “pisotear a otros”; aumenta la posibilidad de ser un adulto violento; sus relaciones pueden estar marcadas por el uso de la fuerza en el área de pareja, laboral y social.

Mantenerlos ocupados, es una buena estrategia

En la actualidad, con el implemento de la jornada extendida, los estudiantes pasan más tiempo en los centros educativos, algunas veces ociosos porque no cuentan con un programa de aprovechamiento del tiempo.

“Retener a los niños en un centro educativo que no les ofrece cómo canalizar sus energías, no ayuda; los países que han tenido problemas de violencia escolar, utilizan algunas estrategias que aquí no se han implementado a nivel de políticas”, especificó Caraballo.

El experto educativo se refiere a que en el país se debe hacer uso del deporte en las jornadas de tanda extendida, como el basquetbol, béisbol, fútbol y soccer. El arte en todas sus manifestaciones y en tercer lugar, entrenar a los profesores y directores para el manejo de conflictos bajo esquemas no autoritarios.

Tipos de acoso escolar

Físico: consiste en la agresión directa a base de patadas, empujones, golpes con objetos. También puede ser indirecto cuando se producen daños materiales en los objetos personales de la víctima o robos.

Verbal: es el más habitual. Sólo deja huella en la víctima. Las palabras tienen mucho poder y minan la autoestima de la víctima mediante humillaciones, insultos, motes, menosprecios en público, propagación de rumores falsos, mensajes telefónicos ofensivos o llamadas, lenguaje sexual indecente…

Psicológico: se realiza mediante amenazas para provocar miedo, para lograr algún objeto o dinero, o simplemente para obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere ni debe hacer…

Social: consiste en la exclusión y en el aislamiento progresivo de la víctima. En la práctica, los acosadores impiden a la víctima participar, bien ignorando su presencia y no contando con él/ ella en las actividades normales entre amigos o compañeros de clase.

 

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