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La Casa del Cordón

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DIARIO LIBRE  / 29 DE DICIEMBRE DE 2015 / POR MARÍA CRISTINA DE CARÍAS Y CÉSAR IVÁN FERIS IGLESIAS

Esta edificación se destaca por sus dimensiones y su hermoso trabajo de cantería escultórica que imprime carácter nobiliario al portal principal, conocido por su cordón franciscano.

Dentro de la arquitectura civil del primer período colonial en Santo Domingo, la Casa del Cordón destaca por sus dimensiones palaciegas y su hermoso y bien realizado trabajo de cantería escultórica que señala e imprime carácter nobiliario al gran portal principal, conocido tradicionalmente por su cordón franciscano que simboliza el nombre del propietario original: Francisco de Garay, acompañante de Cristóbal Colón y especializado en la recolecta de oro y otros metales, ya que practicaba la minería como oficio habitual, en la primera colonia de España en América.

Esta mansión albergó al hijo del Gran Almirante, don Diego Colón, tras su estadía en la Fortaleza, a raíz de su llegada de España, acompañado de su esposa doña María de Toledo, sobrina del soberano de las Españas, su familia y su séquito, habiendo sido nombrado virrey de Indias por el rey Don Fernando.

A lo largo de los siglos, la mansión fue desfigurada en sus esquemas originales. Es oportuno tomar la descripción de Erwin Walter Palm, en donde explica que la casa tenía vanos góticos en los extremos del primer piso. Según describe Palm, la casa original era mucho más grande que la actual.

El mismo Palm describe la fachada: “En la portada el imponente cordón con sus nudos y borlas de un materialismo que más que al ojo, casi se dirige al tacto, sustituye como alfiz naturalizado, la abstracción del arrabá. El crudo realismo del cordón que se destaca sobre la pared desnuda, aporta un elemento extra estético. La misma mezcla de distintos planos de realidad, origina aquel barroco náutico de rocaille y cables marinos que el estilo manuelino despliega en la fachada del convento de Cristo en Thomar. Los baquetones góticos del portal dominicano, entre los cuales se extiende una franja de delicados rosetones y las borlas que orlan el hueco de la puerta, complementan el aire isabelino que a la madre patria y a la isla lejana, envuelven en un tiempo común”.

Los interiores en doble nivel han sido adecuados por los actuales propietarios para las funciones bancarias de la firma.

Esta notable mansión fue restaurada en la década de los setenta del pasado siglo. Los materiales utilizados para pavimentos en la primera plantas son baldosas de coralina en la logia que mira al patio interior y baldosas de barro cocido artesanal, para el resto de los ambientes. En el segundo nivel la mayor parte del pavimento consiste en tablas de madera.

Los entrepisos y cubiertas fueron realizados a la manera tradicional, mediante grandes vigas de madera atravesadas por alfajías del mismo material.

La extraordinaria loggia de doble nivel, constituida por arcos de medio punto en piedra coralina, sostenidos por columnas del mismo material, se aprecia en su justa belleza desde el interior del patio de la mansión. Esta solución arquitectónica recuerda las similares realizadas en las edificaciones de la Real Audiencia, palacio de los Gobernadores, Alcázar de Colón y en la casa de Nicolás de Ovando. Siendo notable que la primera que utiliza esta solución arquitectónica en la isla, es a esta magnífica vivienda palaciega, una de las primeras levantadas en l isla, prototipo colonial para admiración de aquellos privilegiados que pueden tener acceso al interior de este inmueble. En el patio, además, se puede apreciar las entradas a los martillos y anexos que poseía la mansión, inexistentes en la actualidad.

A lo largo de los siglos, la mansión de Francisco de Garay fue desfigurada en sus esquemas originales.

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