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La Fundación Horacio Vásquez

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DIARIO LIBRE / 17 DE NOVIEMBRE DE 2015 / POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

Luego de transcurrido un tiempo de maduración de la idea, un pequeño grupo de personalidades y familiares ha constituido la Fundación Horacio Vásquez.

Algunos pudieran preguntarse para qué, a estas alturas de los tiempos.

Y la respuesta es para recatar la imagen de Horacio del olvido deliberado e injusto a que ha sido sometido.

La Fundación se propone resaltar los valores que enarboló el presidente Horacio Vásquez, por los cuales luchó y creó el liderazgo político más trascendente y dominante de los primeros 30 años del siglo XX.

¿Cuáles son esos valores?

La defensa de la democracia y de las libertades, la honestidad en el ejercicio de las funciones públicas, el uso del poder político como instrumento de desarrollo del país y no en beneficio propio. El impulso a lo nacional, incluyendo la integración de la frontera a la vida económica.

De igual manera, el estímulo a la producción y a la creación de valor agregado nacional, entre ellos el fomento a la industria, a la agropecuaria, y la formulación de planes amplios de expansión de la infraestructura como base para la expansión económica.

Horacio fue el líder político que más luchó por la democracia y por las libertades públicas, hasta el punto de que no concebía el poder ni aceptaba ejercerlo si no era enmarcado dentro de ese contexto.

Como muestra, copiamos un párrafo de la proclama que dirigió al pueblo el 19 de septiembre de 1899, luego del ajusticiamiento de Lilís, de cuyo movimiento fue el líder:

“Yo no intento ni quiero satisfacer mis propias ambiciones, creando condiciones que perpetúen el despotismo haciéndolo más poderoso. Por el contrario, espero ver realizados mis deseos por medio de la práctica de métodos liberales y procedimientos honrados que han sido el ideal de toda mi vida. Por tanto, el gobierno que presido garantizará la libertad más absoluta y la honradez más estricta en las elecciones venideras.”

Recordando ese episodio, Sumner Welles comenta que “por primera vez en la historia de la nación, un hombre que se había convertido en ídolo militar, y quien hubiera podido quedarse en la presidencia con la aprobación de muchos, anunciaba su resolución de ceder el puesto a otro candidato, por juzgar que así servía a los intereses de la nación.”

Horacio fue un gobernante de una pulcritud acrisolada y honestidad a toda prueba. El pueblo dominicano necesita que ese ejemplo se convierta en aspiración suprema para hacerlo exigible a todos aquellos que ejercen la actividad política.

Mantuvo en sus gobiernos un afán incesante por alcanzar el desarrollo, para lo cual dio gran impulso a la industria por medio de la protección arancelaria, y a la agropecuaria, incluyendo la creación de escuelas de formación de agrónomos.

Llevó a cabo uno de los esfuerzos más formidables de ampliación de la infraestructura nacional, incluyendo carreteras, puentes, canales de riego, acueductos, escuelas, hospitales, obras sanitarias.

Y fue el artífice del acuerdo de delimitación de la frontera con Haití, en base a los límites establecidos en el Acuerdo de Aranjuez de 1777, vieja aspiración para terminar con la ocupación incesante de tierras dominicanas por parte de los haitianos. Y concibió y ejecutó el plan de dominicanización de la frontera, mediante asentamientos humanos provistos de facilidades para el desempeño de actividades económicas.

Horacio fue traicionado por Trujillo, quien no sólo dio el golpe de Estado que lo derribó, sino que también condicionó a la ciudadanía oscureciéndolo y difamándolo, labor que estuvo a cargo de los intelectuales que sirvieron a ese régimen.

Luego, la democracia que surgió después del 30 de Mayo de 1961 ha sido tan poco funcional, que ni siquiera se ha dado cuenta de la necesidad de rescatar los valores que representaba el horacismo, si es que quisiéramos vivir en una sociedad más estimulante, asentada en valores, en vez de la degeneración moral y corrupción que la amenaza.

Horacio es un símbolo, que se necesita hoy más que nunca para que sirva de modelo, referencia, ejemplo. Hasta la compañera que eligió, Doña Trina, fue un arquetipo de Primera Dama, al contribuir a difundir la imagen de mujer en plano de igualdad con el hombre y a enriquecer el acervo cultural.

La Fundación Horacio Vásquez se propone, pues, rescatar del olvido la imagen del prócer y limpiarla de las telarañas tejidas y de los lodos lanzados para arruinar su memoria.

Los primeros pasos que la Fundación ha decidido dar son: 1) difundir su obra y resaltar su imagen; 2) impulsar la rehabilitación de la humilde casa en que vivieron y murieron Horacio y Trina en Tamboril, cuya propia existencia honra su memoria, para destinarla a uso cultural de la comunidad, y dignificar el lugar donde descansan sus restos; 3) apoyar la construcción en Moca del Museo Horacio Vásquez.

Para realizar esa labor se va a necesitar de la colaboración, siempre cálida y eficiente, del Ministerio de Cultura, de autoridades nacionales y municipales, de las comunidades de Tamboril y de Moca, y de todos aquellos ciudadanos que comprendan que un país nunca podrá superar sus grandes limitaciones si fuere incapaz de colocar a sus grandes hombres en el sitial que se merecen, de modo que puedan servir de referencia a los que viven el presente y a los que han de construir el futuro.

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