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Tomás Bobadilla y Briones (Y3)

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DIARIO LIBRE / 9 DE NOVIEMBRE DE 2015 / CRÓNICAS DEL TIEMPO / POR RAFAEL NÚÑEZ

Tomás Bobadilla y Briones, el ínclito hombre de estado, cuyo accionar en la política sitúa a historiadores y escritores en una confrontación de criterios al evaluar su proceder, pasó buena parte de su vida en la nómina pública, no importa que la rúbrica de los cheques proviniese del poder extranjero de ocasión.

Vivió para ver dos importantes acontecimientos en la historia de la República Dominicana. En el primero de esos hechos (la lucha por la independencia nacional), Bobadilla y Briones se involucró activamente, llevado de la mano por Matías Ramón Mella y por su intuición de olfatear lo que se avecinaba, y en un segundo acontecimiento en el que navegó fue en la Restauración, una guerra de liberación nacional y una guerra social que retornó por segunda vez la soberanía de la República en el siglo XlX.

En los 85 años de su existencia, Bobadilla y Briones solo estuvo fuera de la sombra del poder los años en que se vio forzado por las circunstancias a salir del país. Fueron poco más de 40 años de ejercicio público, que le dieron al nativo de Neyba las posibilidades de acumular una gran experiencia en el manejo de los asuntos de Estado.

Cuando Pedro Santana se impuso para alzarse con el poder político, fue del ilustre cerebro de Bobadilla y Briones que salió la redacción del artículo 210, que le dio poderes dictatoriales al “Marqués de Las Carreras”.

Su carácter voluble le permitió defender indistintamente el punto de vista de los españoles, igual el de los haitianos y los trinitarios; luego fue servidor de Santana, anexionista y miembro distinguido de los gobiernos separatistas que iniciaron la segunda República, tras colaborar con el régimen de José María Cabral, a pesar de la pésima opinión que Bobadilla y Briones tenía de los restauradores. También ofreció sus servicios con uno de los períodos gubernamentales de Buenaventura Báez.

Su incorporación a la causa duartiana no provenía de convicciones propias. No estaba respaldada por ideales redentoristas o de otra índole, sino a la proclive postura de sobrevivir a las tempestades, como la gramínea tropical de la que se extrae el azúcar, que cuando soplan los fuertes vientos, baja el perfil para no ser arrasada por la furia impetuosa de la naturaleza.

En los esfuerzos independentistas, para los años postreros del régimen haitiano que mancillaba nuestra soberanía, su veleidosa personalidad se adaptó a la corriente de opinión, que favorecía la creación de un Estado soberano. En ese punto coinciden la mayoría de los estudiosos contemporáneos: “Aunque Bobadilla no cejaba en depositar sus esperanzas en el establecimiento de un protectorado de Francia, en un momento dado se dio cuenta que no sería factible derrocar el dominio haitiano sin contar con los jóvenes liberales, el sector más activo de esos días. En la segunda mitad de 1843 estableció vínculos con Matías Ramón Mella, quien insistió en la necesidad de que se produjese una alianza de todos los opuestos al dominio haitiano”. El historiador Roberto Cassá, así como otros narradores criollos, le reconoce ese aspecto a Bobadilla y Briones. Ver apuntes en su libro “Personajes Dominicanos”.

Francisco Sánchez −aduce Cassá− admitió la propuesta de alianza con todos los sectores que luchaban por la independencia; y agrega que Bobadilla y Briones “tomó parte en la elaboración del texto o fue él su redactor; lo más creíble es que lo corriese y ampliase”. Se refiere el director del Archivo General de la Nación al Acta de Separación.

Para no pocos estudiosos de la historia, especialmente de la actual camada de investigadores, no tiene explicación que algunos de sus colegas contemporáneos pretendan darle el protagonismo de actor principal a Bobadilla y Briones en el ideal de independencia nacional. Se trató de un agregado a la causa que aportó su enorme experiencia.

Los cronistas más conspicuos hablan con justicia de su paso por la política. Por ejemplo, haciendo referencia a una conversación de Juan Pablo Duarte y José María Serra, previo a la conformación de la sociedad “La Trinitaria”, el historiador Frank Moya Pons ilustra convincentemente el ideal independentista del patricio, que no lo ataba a ninguna potencia extranjera, como sí pasó por la mente de Santana, Báez y Bobadilla y Briones.

Exponiendo su visión, Duarte le dijo a Serra, según escribe Moya Pons: “Sí querido amigo, oye mi plan. En vez de continuar excitando al pueblo como hasta aquí, es menester formar una sociedad secreta revolucionaria: todo lo tengo meditado. Esta sociedad se llamará La Trinitaria”. (“La Dominación Haitiana”, 1822-1844, página 91, Frank Moya Pons).

Ahí radica la génesis de la independencia nacional, en la mente de Duarte, aunque a Bobadilla y Briones no se le puede escamotear su aporte significativo al participar en los aprestos y en la corrección o redacción del Manifiesto de Enero de 1843. Los duartistas le reconocieron cuando Francisco Sánchez declinó en él la dirección de la Junta Gubernativa. No obstante, es su soluble personalidad, más que convicciones liberales o conservadoras, lo que le llevó a hacer causa común con los despropósitos de Santana.

Este singular personaje no creyó nunca que la parte oriental de la isla pudiese concebir y llevar hasta feliz término un Proyecto de Nación, y ese es su mayor Talón de Aquiles, que la historia le reserva.

De ahí que hiciera gestiones para que la independencia se realizase bajo protectorados francés o norteamericano, promovidos por su jefe, Pedro Santana Familia. Más tarde, el 7 de julio de 1857, militó contra los revolucionarios que provocaron la caída de Báez; Bobadilla y Briones se las agenció para, luego de desaparecido el régimen de Báez, el archienemigo de Santana, salir nombrado juez de la Audiencia reinstalada en Santo Domingo.

Cuando las trompetas anunciaban el nuevo amanecer restaurador, el zigzagueante Bobadilla y Briones no estuvo entre los crédulos intelectuales que apoyaron la separación de la Corona. Se presume por estas palabras: “Justamente esto sucede cuando yo quisiera estar fuera de aquí y no ver a ningún dominicano, porque ellos han hecho para siempre la ruina del país y no sabemos cuál será el desenlace del drama horroroso que se representa, pues las cosas van de peor en peor. Cual que sea el resultado me alegra su disolución”.

Aquella oposición del incrédulo Bobadilla y Briones al proyecto anexionista con los Estados Unidos impulsado por Báez, se atribuye más a su inquina personal con el baecismo, heredada del “Marqués de Las Carreras”, lo que trasluce que siempre antepuso su ego por encima de los intereses nacionales.

Bobadilla y Briones no alcanzaron la estatura de líder, no pisó nunca los escenarios de guerra en pro del ideal nacional y, como señala Joaquín Balaguer en “El centinela de la frontera”, “su ambiente natural era, por el contrario, el giro soslayado, el golpe artero que se asesta en la sombra, la actitud poco erguida”.

rafaelnuro@gmail.com,

@rafaelnunezr.

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