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Radhamés Gómez Pepín, clásico del periodismo dominicano

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Radhames Gómez Pepín

Radhames Gómez Pepín

HOY / 07 DE NOVIEMBRE DE 2015 / POR OSCAR LÓPEZ REYES

Reportero, ejecutivo y maestro. El periodismo ha sido la única profesión, la música y la barca más apasionada de Radhamés Virgilio Gómez Pepín. Su apostolado. Con su pluma vibrante y estilo inconfundible, erguido ante su maquinilla y luego en su computadora, durante 62 años libró contiendas infatigables por la libertad y la equidad, que lo coronan como un ícono y un clásico del periodismo dominicano.

Abrió los ojos por primera vez el 14 de diciembre de 1927, en Santiago. Hijo del periodista Ramón Gómez y la profesora Ana Pepín de Gómez, y nieto de la profesora y directora de escuela Dolores Balcácer (doña Lalá), efectuó los estudios básicos en la Academia Santiago. Luego estudió con los jesuitas en el Seminario Menor Padre Fantino, del Santo Cerro, en La Vega (1942-1943), y en el Liceo Ulises Francisco Espaillat.

Siendo clérigo de la Parroquia San José, ingresó al Seminario Menor Padre Fantino Falco, del Santo Cerro, dirigido por sacerdotes jesuitas. La inmersión de casi dos años de puro estudio le permitieron aprender el latín y entrar en contacto con la cultura clásica. Fue condiscípulo de los obispos Juan Antonio Flores y Roque Adames, quienes fueron obispos de las diócesis de La Vega y de Santiago.

Como el sacerdocio no era su vocación, retornó a los estudios en la Academia de Santiago. Sin concluir el cuarto de bachillerato, en 1945 ingresó a la Escuela de Aviación Militar, y entre 1946 y 1947 voló solo aviones del tipo Voltee y Stearman, pero solicitó la baja por diferencias con un superior. La recibió a pocos días de graduarse.

La experiencia en el cuartel le haría un hombre metódico, disciplinado y madrugador, parte de una promoción de aviadores dominicanos como Juan de Dios Ventura Simó, mártir de la tiranía de Trujillo, y otros tantos muertos a destiempo en diferentes accidentes aéreos. En eso se casó con la bella santiaguera Vilma Sánchez, con quien en 1951 procreó a su primogénito: Radhamés Gómez Sánchez (Chiqui).

El nacimiento del primer vástago detonaría su enganche al periodismo, el día que el padre le increpó que no trabajaba, y vivía del cuento en la casa de Güela, con su esposa y un bebé. En un lance a ciegas, Gómez Pepín le pidió que hablara en La Información para trabajar como reportero.

Dicho y hecho. Comenzó su trayectoria promisoria, en un oficio que tan solo había practicado con unos reportajes escritos como tarea en la Academia Santiago, y del que haría su particular sacerdocio, al grado de que su nombre evoca a la tinta, el papel periódico y los titulares llamativos.

– 1952: Redactor de la revista El Rotario Dominicano, en Santiago.

– 1952: Redactor del diario La Información, de Santiago, hasta 1956.

Como aprendiz de periodista, el pago era de cinco centavos la pulgada por trabajo publicado, excluyendo el titular. No podía excederse de los cinco pesos a la semana. A su padre Don Ramón le encargaron evitar que sus textos excedieran la suma estipulada. Cubría deportes y sociales. Al año lo fijaron con siete pesos semanales y un horario de ocho horas diarias, a partir de las siete de la mañana.

– 1953: Corresponsal de El Caribe en Santiago.

En 1955 pidió un aumento de sueldo al director y dueño de La Información, don Luis A. Franco, quien argumentó no poder complacerlo. Había anticipado la respuesta, y en conversación previa con don Rafael Herrera, jefe de Redacción de El Caribe, había convenido trasladarse a la Capital para trabajar en ese periódico.

– 1956: Redactor de El Caribe, en la capital.

A unos meses de inaugurada la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, auspiciada por Rafael Leónidas Trujillo Molina, empezó a buscar noticias en las oficinas públicas y en las calles. La cobertura interina de unas vacaciones del periodista encargado de la fuente del Palacio Nacional, Manuel de Jesús Javier García, le pondría en la mira de Trujillo.

Dos meses después de que Javier García regresara a su trabajo, el jefe de Redacción de El Caribe, Pablo Rosa (Rafael Herrera había pasado a director), le participó que del Palacio pidieron que asignaran a Gómez Pepín a esa fuente. El primer día le advirtieron que se le llamaría cuando El Jefe quisiera hacer algún anuncio o declaración, y que no podía hacer ningún tipo de pregunta.

Desde entonces compartió labores con Javier García y durante cinco años fue un acompañante infaltable en los viajes semanales de Trujillo a pueblos del interior, escenarios de desfiles militares y mítines de reafirmación trujillista, hasta el final del régimen. Recuerda que había que conducirse con cuidado y escribir con precisión, porque un error costaba caro. La autocensura era ley común en el diarismo dominicano, y con el tiempo se tornó más estricta, por lo que Gómez Pepín no pudo escribir nada relevante con Trujillo vivo.

Cubrió la boda de Angelita Trujillo con el coronel Luis José León Estévez, las visitas de personalidades internacionales y entrevistó a los cubanos Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal, sobrevivientes de las expediciones del 14 de junio de 1959, que resultaron en trabajos insulsos, además de que les suprimieron detalles.
– 1957: Colaborador del periódico El Bazar, de Santiago.
– 1961: Redactor de El Caribe, en la capital.

Con la presencia obligada en los actos públicos encabezados por Trujillo, fue testigo de primer orden de la decadencia del régimen. Con el ajusticiamiento del tirano, el 30 de mayo de 1961, la nación fue presa de la incredulidad y el miedo generalizados. El país era una caldera explosiva, y a plena luz del día se perpetraban asesinatos, terroríficas persecuciones, apresamientos y saqueos contra sospechosos de participar en el ajusticiamiento, sus familiares y allegados.

En ese vendaval, El Caribe le asignó acudir al hospital Marión a entrevistar a Zacarías de la Cruz, sobreviviente chofer de Trujillo. También entrevistó al complotado Pedro Livio Cedeño, internado en el hospital de la base aérea de San Isidro.

La crueldad y megalomanía del régimen de 31 años había escandalizado al mundo entero, y en los coletazos finales Gómez Pepín compartió, codo a codo, con docenas de periodistas extranjeros que vinieron a reportar los hechos en la Capital y las provincias. Comenzaron las ruedas de prensa que las autoridades se veían forzadas a ofrecer, y en las cuales los de fuera hacían preguntas sin cortapisas ni miramientos, pero Gómez Pepín admitió que en él la cultura de la autocensura duró por más tiempo.

Presenció los cadáveres de Antonio de la Maza, Juan Tomás Díaz y el teniente Amado García Guerrero, participantes en la conjura. También participó en una rueda de prensa celebrada en la base aérea de San Isidro, en la cual fue presentado Manuel Tejada Florentino, asesinado posteriormente; la partida de los hermanos Héctor B. Trujillo y José Arismendy Trujillo, el derribo de bustos y tarjas conmemorativos del régimen trujillista, huelgas y saqueos, y la presencia de una misión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

-1961: Jefe de Redacción del semanario La Verdad, en Santiago, órgano de agrupación patriótica Unión Cívica Nacional (UCN).

– 1961: Fundador y director del semanario humorístico Lea, en Santiago.

– 1962: Redactor de El Caribe, en la Capital.

A finales del 1962, retornó a El Caribe en Santo Domingo, y sus trabajos periodísticos por lo general eran desplegados en la primera plana, y harían historia los reportajes sobre el movimiento religioso que en el paraje Palma Sola, en San Juan de la Maguana, encabezaron los mellizos Plinio y León Romilio Ventura Rodríguez.

Tras una odisea a caballo, escoltado por el doctor José Rodríguez Soldevilla, quien prestaba servicio en San Juan, narró en varias entregas el fenómeno que desbordaba a las autoridades, porque supuestamente los agricultores descuidaban sus predios para participar en los cultos de los mellizos. En su columna, Gómez Pepín expresaba que por la exacerbación comprobada entre los campesinos, recomendaba a las autoridades actuar con prudencia y comedimiento y, tal como lo pronosticara, el envío de la fuerza pública al sitio desencadenó, el 28 de diciembre de 1962, la matanza que le arrancó la vida al general Miguel Rodríguez Reyes, al mellizo Plinio; a docenas de campesinos y otros tantos heridos, entre ellos el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Luego del golpe de Estado contra el presidente Juan Bosch, el 25 de septiembre de 1963, Gómez Pepín recuerda con consternación que como reportero de El Caribe no pudo llegar a tiempo para cubrir el desenlace en el frente guerrillero encabezado por el líder del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo). Durante un viaje infructuoso a Santiago y San José de las Matas no alcanzó a ver el lugar de enterramiento de los cuerpos de los abatidos.

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