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Gómez Pepín: una vida dedicada a hacer el mejor de los periodismos

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Radhamés Gómez Pepín, visto por el lente de Pedro Sosa, en uno de los almuerzos del Grupo de Comunicaciones Corripio.

Radhamés Gómez Pepín, visto por el lente de Pedro Sosa, en uno de los almuerzos del Grupo de Comunicaciones Corripio.

HOY / 27 DE OCTUBRE DE 2015 / POR ÁNGELA PEÑA

El periodismo ha sido para él la vida, su pasión, el amor predilecto. Persigue la noticia con arrebato casi enfermizo desde los tiempos en que no existían los celulares para dar seguimiento al reportero que cumplía su asignación en la calle.

-¡Dime! ¿Qué conseguiste? ¿Qué dijo el hombre? ¿Hay muertos? ¿Ese diparate e’lo que tú piensa que yo voy a publicar? ¡No ombe, no sea tú pendejo, deja eso, te puede quedar por allá!- decía a periodistas que se las ingeniaban para llamar e informar sus novedades.

Cualquiera pensaba que le daría un infarto moviéndose por todos los departamentos de los medios donde ha trabajado, espigado, enjuto, con el acento cibaeño y la vehemencia por dar un palo u ofrecer una primicia que no le ha abandonado pese a llegar a ocupar la posición más alta como ejecutivo de la comunicación: director.

Radhamés Virgilio Gómez Pepín, quien este diciembre cumplirá 87 años, es un caso excepcional de inteligencia. Abandonó los estudios en cuarto de secundaria y, sin embargo, domina las reglas gramaticales como un maestro y exhibe un estilo peculiar que cautiva tanto cuando hace opinión como al redactar un reportaje. Maneja con sapiencia todos los géneros periodísticos.

Ejemplos de su sello inconfundible como reportajista lo constituyeron sus trabajos sobre los sucesos de Palma Sola, el secuestro del coronel Crowley, la salida del país de Juan Domingo Perón o la masacre de los Palmeros en la autopista Las Américas, entre otros.

Algunos atribuyen su insólito talento a la educación que recibió de su madre, su abuela, su padre. Ana Pepín y Dolores Balcácer, madre y abuela, fueron reconocidas maestras de Santiago, donde nació el consagrado comunicador. Es además, sobrino de la insigne educadora Ercilia Pepín. Ramón A. Gómez, su papá, un eficiente secretario judicial, era culto, impetuoso lector, amante de los clásicos de la música. Afirman que haber crecido en ese ambiente lo preparó a tal grado que no necesitó más escuela pues ya era evidente su agudeza.

Otros aseguran que influyeron los estudios para ser sacerdote. Fue monaguillo e ingresó al Seminario Menor Padre Fantino, donde entró en contacto con el latín, la filosofía y la teología. Su vocación solo duró dos años. También estuvo en las aulas de la Academia Santiago.

Historial periodístico. Entró al periódico La Información en los años 50 del siglo pasado a cubrir deportes y sociales. Compartió este trabajo con la corresponsalía de El Caribe. En 1956, gracias a la intervención de Rafael Herrera comenzó en este periódico como redactor, pero en la capital.

En la tiranía debió demostrar su pericia con el dictador que prácticamente ordenaba, dirigía y decidía las crónicas a publicar y hasta las fotos. Se le hacía más engorroso el ejercicio porque le asignaron como fuente el Palacio Nacional. Acompañó al tirano en sus recorridos hasta que este fue ajusticiado.

En la democracia regresó a Santiago para dirigir La Verdad, de Unión Cívica Nacional, y también fundó el semanario Lea, de distribución gratuita.

Retornó a El Caribe en el año 1962 y ganó fama con sus reportajes, generalmente publicados en primera plana.

En 1964 fue asistente de Rafael Herrera en Listín Diario, luego lo nombraron jefe de redacción de El Caribe, donde le sorprendió la guerra de 1965. El matutino fue cerrado y Gómez regresó a Santiago junto a Vilma Sánchez, con quien se había casado en 1951, y sus dos primeros hijos.

En 1966 entró al vespertino El Nacional, fundado por Rafael Molina Morillo, su propietario, y dirigido por Freddy Gatón Arce.

Gómez Pepín, Juan José Ayuso y Francisco Álvarez Castellanos integraban la mesa de redacción del vespertino que recibió inmediata acogida denunciando los abusos del gobierno balaguerista.

Como represalia, la pensión donde residía fue allanada. Los agentes encontraron pertrechos de la revolución. Le acusaron de tráfico de armas y lo encarcelaron. La presión de los medios de comunicación determinó su libertad.

El Nacional se erigió en mediador, a veces protector de la izquierda perseguida. Dicen que llegó a ocultar algunos de sus miembros. Estos roles motivaron opresión del régimen hacia el comunicador. En 1973 Balaguer impidió que él y su colega Silvio Herasme, que habían viajado a Cuba, entraran al país.

Tan eficaces como las de El Nacional fueron las campañas contra el terror que lideró desde la radio. Dirigió Noti Tiempo, en Radio Comercial y estando allí se produjo el desembarco del coronel Caamaño por Playa Caracoles. Fue contactado para que junto al obispo Hugo Polanco Brito gestionara el asilo de Toribio Peña Jáquez, Hamlet Hermann y Claudio Caamaño, sobrevivientes.

Ese año, siendo director de La Noticia, trasladó a París al guerrillero Manfredo Casado Villar a quien no le permitían abandonar la embajada de México donde llevaba asilado más de un año y forzó su partida con el secuestro del hijo del diplomático.

Fue director de El Sol desde su fundación en Santiago en 1974.

En 1977 dirigió el noticiario de Radio Popular.

Desde 1979, cuando José Luis Corripio adquirió Publicaciones ¡Ahora! y aún en la emisora, asumió la dirección de la revista ¡Ahora! En 1982 lo nombraron subdirector de El Nacional, que dirigía Mario Álvarez Dugan, y en el año 1988 ocupó la dirección, hasta el presente.

El ser humano. Tan apasionado como con el periodismo lo es con la familia y durante años lo fue con las mujeres y el alcohol. A este último le dijo adiós en 1974 apadrinado por Mario Emilio Pérez, quien lo introdujo en Alcohólicos Anónimos.

Además de su primer matrimonio con Vilma, de quien enviudó en 1966, Radhamés, que también fue piloto, estuvo casado con Mercedes Navarro y con Marcia Liz Castellanos. Su esposa actual es Cornelia Margarita Torres, autora de una amplia biografía sobre su cónyuge. Sus hijos son Radhamés y Ramón Euclides Gómez Sánchez; César Rafael Gómez Navarro, Ana Patricia y Laura Gómez Liz y Orlando y Adriana Gómez Torres. Asimismo es el padre de un considerable número de periodistas que aprendieron con él a enfrentar los riesgos de ser reportero, el arte de escribir y de rastrear la noticia.

Nacido el 14 de diciembre de 1927, Radhamés es el hermano de Euclides, Danae, Ileana, Pastora y Teresita.

Es ocurrente, solidario, sensible ante el dolor ajeno, cumplidor en extremo con su trabajo.

Ha tratado a todos los presidentes dominicanos desde Trujillo, a políticos, dictadores extranjeros, expedicionarios antitrujillistas que sobrevivieron a la barbarie del régimen o a víctimas en desgracia de la dictadura. Porque a él le asignaban las entrevistas y los hechos de trascendencia. Es que ayer como hoy, y pese a sus posiciones ejecutivas, Radhamés Gómez Pepín siempre será el reportero estrella.

a.pena[@]hoy.com.do

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