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La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Encarnación. (Catedral) (2)

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Al interior del templo, el barroco y el neoclasicismo, se manifiestan en las cubiertas abovedadas de cañón que cubren las más recientes capillas (Maria Cristina De Carias)

Al interior del templo, el barroco y el neoclasicismo, se manifiestan en las cubiertas abovedadas de cañón que cubren las más recientes capillas (Maria Cristina De Carias)

DIARIO LIBRE / 9 DE OCTUBRE DE 2015 / POR MARÍA CRISTINA DE CARÍAS Y CÉSAR IVÁN FERIS IGLESIAS

A pesar del tiempo la edificación mantiene todo su esplendor y presenta como pieza central de la fachada un escudo con las armas del Emperador Carlos V.

La fachada principal oeste de la catedral es renacentista, estilo llamado en España plateresco. Está concebida a modo de un enorme retablo de piedra, coronado por un ósculo gótico como lucernario para iluminar los primeros tramos del interior del templo.

La fachada se desarrolla alrededor de dos enormes portones de acceso, coronados por arcos de medio punto y divididos por una graciosa columna corintia que avanza hacia el exterior para producir, junto al abocinamiento de las arcadas sobre las puertas, el sentido de perspectiva en profundidad que define el arte de ese momento.

A ambos lados de las puertas de entrada, se encuentran varias hornacinas que contienen imágenes pétreas, de los apóstoles Pedro y Pablo, así como los cuatro evangelistas, con los símbolos que los identifican.

Toda esta fachada esta unificada por un enorme friso, ornamentado con volutas continuas, de inspiración vegetal que se unen al centro, alrededor de un busto naturalista de una joven, cuyo significado se ignora.

Como pieza central de la fachada, aparece un escudo con las armas del Emperador Carlos V, sostenido por el águila bicéfala que tiene atrapado entre sus garras, el Toison de oro.

Las fachadas sur y norte de los portales de entrada, al interior de la catedral, corresponden al gótico isabelino, más sobria la del sur que, sin embargo, contiene la cruz bajo la que se puede asilar cualquier perseguido por la justicia.

Al interior se levanta la tribuna del órgano o coro alto, caracterizado por un entablamento proyectado, en donde se distinguen siete cabezas de angelotes, alternando entre las ménsulas. Las expresiones de sus rostros son tan bien logradas que retratan a los clásicos, ángeles cantores.

La puerta norte, aunque mutilada por construcciones posteriores, es la que contiene más riqueza arquitectónica gótica. Allí se encuentra el símbolo de la advocación de la catedral, que no es otro que la jarra de lirios de la Anunciación y Encarnación.

Al interior del templo, el barroco y el neoclasicismo, se manifiestan en las cubiertas abovedadas de cañón que cubren las más recientes capillas, las que resultan ser, las más orientales del templo. Sin embargo, es en el mobiliario en donde, estos estilos se presentan con mayor esplendor. Por ejemplo, el actual retablo principal del presbiterio, plateresco, es un remanente del antiguo coro bajo que cerraba al público, el espacio sagrado, correspondiente a los primeros tramos de la nave central. Fue demolido en fecha relativamente reciente.

Coronando las naves laterales y en el interior de algunas capillas, en la zona oriental, aparecen retablos, dorados y policromados, que son muestras de lo más refinado que haya producido el barroco de nuestro país, como el retablo de Nuestra Señora de la Antigua, de una sola calle, coronado con peineta. A los pies de la Virgen, se observan dos donantes que según la tradición, son los reyes Fernando e Isabel. Fue realizado después de la invasión del pirata Francis Drake quien se robó los ornamentos de oro y plata y piedras preciosas y quemó todo lo que caprichosamente desechó y que se encontraba dentro de la catedral.

El retablo está inspirado en una tabla del siglo XV que se conserva en la primera capilla noroeste, dedicada a la advocación de Nuestra Señora de la Antigua. Según la tradición, esta tabla de grandes dimensiones, fue traída por el Almirante Cristóbal Colon, en uno de sus viajes a la isla, donada por los Reyes Católicos, cuyos retratos aparecen en los ángulos inferiores, como donantes de la obra sacra. Esta capilla, hoy en día, presenta una decoración pictórica realizada a inicios del siglo XX, en 1917, por Enrique Tarazona, un pintor español radicado en nuestro país.

Como detalles importantes artístico-funerarios, se destaca la tumba del deán Rodrigo de Bastidas que se encuentra en la primera capilla sureste, de estilo gótico, dentro de un retablo de piedra plateresco.

Asimismo la tumba de monseñor Alejandro Geraldini, se encuentra en la tercera capilla, al norte, al lado de la puerta de entrada. El monumento está constituido por una enorme urna de piedra apoyada sobre un par de leones. La capilla que conserva los restos del arzobispo Meriño, encerrados dentro de un monumental sepulcro de mármol y mosaicos venecianos, posee una cúpula construida totalmente en ladrillos. Después de las obras de liberación realizadas, se puede observar el material de construcción.

La capilla más importante es la del Sagrario, del lado sur, al lado del portal de acceso. La bóveda de la misma, con nervaduras ornamentales, es casi una cubierta plana, en donde aún pueden observarse trazas de su antigua ornamentación pictórica. El retablo de la misma, una transición clásico- barroca, tiene un frontispicio de altar, así como el sagrario, en plata pura, totalmente repujados con motivos florales. Esta capilla conserva doce tablas ovaladas, con pinturas de los apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta capilla conserva doce tablas ovaladas, con pinturas de los apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo.

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