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Nombres y trayectorias para el homenaje

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Nombres_y_trayectorias_para_el_homenajeDIARIO LIBRE / 19 DE SEPTIEMBRE DE 2015 / POR JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

Eugenio María de Hostos. Manuel de Jesús de Peña y Reinoso. Pedro Francisco Bonó. Benigno F. Rojas. Ramón Emilio Jiménez. Socorro Sánchez. Eugenio de Jesús Marcano Fondeur. Rafael María Moscoso. Abigaíl Mejía. Rafael Herrera. Germán E. Ornes Coiscou. Rafael Molina Morillo. Tomasina Cabral. Julio César Castaños Espaillat. Zoraida Heredia viuda Suncar. George Arzeno Brugal. Altagracia Iglesias de Lora. Asdrúbal Domíguez. Andrés F. Requena. Aurora Tavárez Belliard. Prof. Antonio Cuello. Ercilia Pepín. Emilio Rodríguez Demorizi. Julio Ibarra Ríos. Amiro Cordero Saleta. Antonio Zaglul. Ramón Antonio Blanco Fernández. Antonio Rosario. María Ugarte. Negro Veras. Mary Pérez de Marranzini. Norberto James. René del Risco Bermúdez. Juan Miguel Román. Rafael Tomás Fernández Domínguez. Juan Ulises García Saleta. Minerva Mirabal. Aída Cartagena Portalatín. Juan Isidro Jimenes-Grullón. Antonio García Vázquez. Pedro Mir. Rosa de Herrera. Rafael Miura Baralt. Onaney Sánchez de Guerra. Francisco Comarazamy. Hugo E. Polanco Brito. Rosa Sméster. Manuel del Cabral. Angel Miolán. Héctor Incháustegui Cabral. Renée Klang de Guzmán. Juan Félix Pepén Solimán. Julio Postigo. Telésforo Isaac. Virgilio Mainardi Reina. José Luis Sáez. Franklin Mieses Burgos. Prof. Rafael Lora Beltrán. Esthervina Matos. Arturo Pellerano Castro. Maestro Rafael Solano. Ivelisse Prats-Ramírez de Pérez. Julio Jaime Julia. Agripino Núñez Collado. Fernando Viyeya. Petrusca Sméster. Ramón Alonso Beato. Mariano Lebrón Saviñón. Minetta Roques. Marcio Veloz Maggiolo. Manuel Rueda. Virgilio Travieso Soto. Franklin Domínguez. Floralba Delmonte. Máximo Avilés Blonda. Heriberto Pieter. Dr. Huberto Bogaert. Eugenio Pérez Montás. Vetilio Alfáu Durán. Yaqui Núñez del Risco. Fernando Silié Gatón. Josefina Lora Iglesias. Antonio Prats Ventós. Ramón Oviedo. Urania Montás. José Augusto Puig. Franklin J. Franco. Cándido Bidó. Dagoberto Tejeda. Harry Hoetink. Frank Moya Pons. Rafael Bello Peguero. Alejandro Grullón. Domingo Moreno Jimenes. Santiago Guzmán Espaillat. Tulio M. Cestero. Enriquillo Sánchez Mulet. Américo Lugo. Víctor Lulo Guzmán. Oscar Robles Toledano. Antonio Fernández Spencer. Eugenio Deschamps. José Conrado del Castillo. J. R. Báez López-Penha. Gabriel A. Morillo. Bernardo Pichardo. Anacaona Moscoso. Luis Napoleón Núñez Molina. Leonor M. Feltz. Mercedes Laura Aguiar. Ana Josefa Puello. Mercedes Amiama. Enedina Puello Renville. Concha Benítez de Valera. Flérida de Nolasco. Melba Marrero de Munné. Carmen Natalia Martínez Bonilla. Carlos Piantini. Manuel Simó. Amada Nivar de Pittaluga. Livia Veloz. Elila Mena. Rafael Valera Benítez. Luisa Ozema Pellerano. Delio Gómez Ochoa. Pedro Troncoso Sánchez. Miguel Angel Monclús. Julio Genaro Campillo Pérez. Evangelina Rodríguez Perozo. Delia Weber. Rufino Martínez. Celeste Woss y Gil. Olivia Pichardo de Del Campo. César A. Herrera. Andrés López de Medrano. Emilio Noelting. Félix Servio Doucoudray. Andrés Avelino. Carlos Dobal Márquez. Víctor M. Medina Benet. Luis Florén Lozano. Eduardo Brito. Radhamés Gómez Pepín. Juan Lockward. Carlos Esteban Deive. Aida Bonnelly de Díaz. Ricardo Pattee. Vicente Llorens. Luis F. Mejía. Pedro Andrés Pérez Cabral. Manuel A. Amiama. Manuel José Andrade. Edna Garrido de Boogs. Pedro M. Archambault. Patín Maceo. Erick Leonard Ekman. Artagnan Pérez Méndez. Juan Manuel Taveras Rodríguez. Mercedes Núñez de Pérez. María Polanco de Cabreja. Petronila de Almánzar. Prof. Antonio Rodríguez. Bruno Rosario Candelier. Valentín Michel. Pablo Arnaud. Joaquín Sergio Incháustegui Andújar. Mercedes Consuelo Matos. Rosalina Canó. Salvador Cucurullo. Virgilio Martínez Reyna. Manuel Ubaldo Gómez. Rhina Espaillat Brache. Mario Concepción. J. Agustín Concepción. Patria Quisqueya Concepción. Jovino Espínola. Emilio A. Morel. León Beras Morales. Ciriaco Landolfi. María Eusebia Tapia. Ana Virginia Almánzar. Tomás María Abreu. Casimiro Cordero. Agustín Borrell. Pedro L. Vergés Vidal. Jorge Tena Reyes. Malaquías Gil. Esthervina Matos. Sor Esther Fuentes. Lilia Regalado. Amelia Rodríguez. Juan de Jesús Reyes. Rebeca Sánchez Rodríguez. Doña Teté Brea Gómez. Patria Deschamps viuda Guzmán. Manuel Leopoldo Richiez. Guillo Pérez. Nino Collado. Daysi Cocco de Filippis.

Es una lista preliminar y limitada. Son solo algunos ejemplos. Nombres y trayectorias de los que debe servirse la vida dominicana actual para situar a nuestros portaestandartes de patria en espacios donde se rinda homenaje a sus contribuciones al desarrollo del país. Educadores, periodistas, heroínas y héroes de la libertad, empresarios de vocación social, artistas, poetas, comunicadores, historiadores, profesionales, todos de vida ejemplar.

La patria, a veces, parece que solo ha sido levantada –construida, edificada- por unos pocos, entre ellos guerreros valientes y audaces, y líderes políticos de larga incidencia que funcionan como manes tutelares de nuestra historia, la más añeja y la más cercana. Pero, la patria en sus más hondas virtudes, en sus más vibrantes valores, se funda y expande en el trabajo de estos héroes que desde el aula, desde la cátedra, desde el arte o desde el ejercicio empresarial con ribetes de preocupación social, han permitido que el país sea mejor, que se consoliden su saber y su historia, que se agigante su gloria y se espante el odioso estigma de la ignorancia.

Ahora que estamos viendo el desarrollo en su primera etapa de una probable revolución educativa, he creído conveniente recordar algunos nombres, solo estos pocos (que forman, empero, una auténtica legión) para que nuestras escuelas, las que casi a diario se levantan por todos los confines de la República lleven sus nombres venerables. Como podrían tenerlos como homenaje las vías públicas –carreteras, caminos, calles, avenidas-, de modo que podamos transmitir a las actuales y a las nuevas generaciones, a veces tan distraídas y desentendidas, de que el país que habitan fue obra de esas sapiencias, de esas glorias, de esas contribuciones, de esos paradigmas, que no pasaron factura ni cobraron emolumentos para la riqueza ni buscaron honores forzados ni formaron partidos políticos ni construyeron su honra procurándose beneficios colaterales.

Hay que vencer la patanería que nos ahoga. Una fórmula, nunca he de creer que la única, es la de elevar los nombres que la patria ignora o que tiene archivados en la desmemoria. Una escuela debe honrar siempre a un maestro, los que ejercieron como educadores sin precio, o los que se preocuparon sin ser parte del magisterio directo por el desarrollo de la educación dominicana, o los que desde la práctica empresarial, e incluso desde el combate activo por la construcción y fortalecimiento de nuestra democracia, levantaron los andamios del saber, del conocimiento científico, de la formación educativa, de la preocupación social, de la validación de la historia, de la preparación intelectual de la juventud.

El país que andamos, el que se cubre de sol y canto a pesar de las sombras, los desmanes y el duelo de todas las épocas, merece recordarse de sus prohombres y de sus promujeres. Mentes, estilos de conducta y voluntad de servicio que se pusieron alguna vez al servicio de la tierra que habitaron y que aún, en muchos casos, siguen habitando y construyendo y solventando. Mujeres que dedicaron sus vidas al labrantío de la conciencia. A la fragua de ideales. A moldear sueños en medio de oscuras perspectivas. A practicar la enseñanza conscientes de que no verían tal vez la totalidad de los frutos. Hombres que se empeñaron, contra viento y marea, en crear generaciones alrededor de textos surcadores, de orientaciones salvadoras, de comportamientos sociales ejemplares, de ideales patrios.

En Santo Domingo o en Baní. En Moca o en Azua. En Barahona o Mao. En Santiago o La Vega. En cada provincia, municipio, comarca o aldea rural. Allí sembraron. Por allí ejercieron. Entre esos predios dejaron huellas. Sus nombres y sus trayectorias no pueden ser ignoradas. Algunas han merecido ya el reconocimiento de la posteridad, pero nunca estará de más que sus nombres sigan colocándose al frente de una escuela o de una vía o de una edificación pública. Los hay que hace rato durmieron el sueño de la paz. Otros, y otras, siguen con vida. ¿Por qué esperar que salgan del escenario de la vida para honrarlos? El país dominicano necesita honrar estos nombres y estas trayectorias, juntos a otros muchos, en sus propias localidades nativas o en cualquier otro punto de la patria. El ejemplo debe señalarse y honrarse en cualquier destino. La patria no puede ser nombre para unos pocos, no importan sus dimensiones políticas o la admiración y la gratitud que les profesemos. Estos nombres hicieron tanto por la patria de todos como los que más. Es injusto que ahora que se puede sigamos manteniendo en el olvido sus aportes.

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