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Inmigrantes de las islas británicas del Caribe en República Dominicana Nación y Aculturación (1914-1945)

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Pasaporte de un súbdito de la Corona Inglesa, emigrado a la República Dominicana. FUENTE EXTERNA

Pasaporte de un súbdito de la Corona Inglesa, emigrado a la República Dominicana. FUENTE EXTERNA

HOY / 29 DE AGOSTO DE 2015 / POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS

COMO DECIAMOS AYER:

El pasado 15 de agosto este suplemento tuvo la gentileza, que se agradece, de publicarme un artículo titulado: “El Caribe, Gigante de la Historia, Único y Plural, Diverso y Delirante”.

En ese artículo, logré establecer tres asuntos básicos para los debates que se avecinan.

  1. A) Que la Caribeñidad es diversa y no ortodoxa, como siempre se ha pretendido en el Caribe Anglófono. Y que si no hay una visión del Caribe de modo plural y diversa, no puede haber plataforma alguna para la integración regional, voy más lejos: no tener esta visión es no entender la historia del Caribe, fabricada con la primera piedra metropolitana, la lengua de cada espacio.
  2. B) Que en el Caribe Hispanoparlante desde hace siglos, con raíces comunes, ha existido una forma de vivir la Caribeñidad de modo legítimo y, si bien Cuba ha sido la que mejor ha integrado con grandes resultados de riquezas sonoras culturales la africanía heredada de las tratas negreras, no es menos el hecho de Puerto Rico y República Dominicana, no pueden esconder el sello de esa herencia por igual.
  3. C) Que la afro descendencia planteada ahora como una urgente demanda social, como una categoría de identidad o muerte, es un disparate antropológico que pretende negar la categoría ciudadana, que ya contiene y permite a cada quien un origen. A Chávez le dio resultado en Venezuela ese invento, porque los regímenes anteriores le dejaron ese espacio de segregación, que él con habilidad supo aprovechar. Pero ese esquema coyuntural no es un paradigma.
    En el caso de la República Dominicana actual, ese esquema divide y desvía objetivos de luchas sociales y políticas. Finalmente bueno es recordarle a los genios de esa agenda lo siguiente: El África, que es tan madre patria como España y cuidado porque el África es una madre patria, sangrada, diezmada por ella misma y los que vinieron de fuera, es culturalmente diversa y profunda, como el Caribe es una y plural.

1 / DE LOS INMIGRANTES DE LAS ISLAS BRITANICAS DEL CARIBE Y LA HEMEROTECA DOMINICANA:

En primer lugar todos sabemos que la denominación Cocolos fue y sigue siendo despectiva, no solo se usó aquí en República Dominicana. En otros lugares del Caribe según usos y circunstancias se blandió, razón por la cual no uso ese terminó, como se ve en el título de este apartado.

Y porque aún sin malas intenciones, hasta amistosas y de camaradería, es referente de aparheid.

Las hemerotecas dominicanas están llenas de artículos y textos paternalistas, plagados de errores como el caso también de algunas publicaciones recientes.

No pienso perder tiempo en el origen de la expresión manoseada Ad Nasueam sin piedad. No es mi objetivo.

Pero sí quiero llamar la atención al tono seudo folclórico y paternalista con que hasta el momento nuestros medios han abordado el tema.

La ignorancia disfrazada de inocencia, puede ser tolerable, pero es ignorancia igual. Sobran los videos por el mismo derrotero a excepción de un trabajo de Manolo Vidal hecho a Nadal Walcot.

Creo urgente una renovación de visiones sobre el tema alejadas de algunas tesis barbaristas, donde el aporte de estas migraciones se pretende como exótica, paternal racistoide, valga el posible neologismo.

En esa maldita hemeroteca, tenemos los peores ejemplos a no seguir: imprecisiones de datos no confirmados manejados con un criterio categórico de espanto, nombres equivocados o copias de otros textos aparecidos en la red, todo eso es lo que se debe evitar.

2 / INMIGRANTES DE LAS ISLAS BRITANICAS DEL CARIBE EN REPUBLICA DOMINICANA, NACION Y ACULTURACIÓN (1914-1945)

El azúcar es un eje cultural antropológico inevitable para lo diáfano de este tema.

Sidney W. Mintz[2] en su libro “El Lugar del Azúcar en la Historia Moderna”, hace un largo inventario de lo que ha sido la expoliación de los imperios en los territorios insulares caribeños. Si bien se preocupa por la economía colonial y todas sus implicaciones geopolíticas, no es menos cierto que maneja con gran seriedad y profundidad temas de etnicidad, antropología gastronómica y el spectrum de las fuerzas sociales enclavado en la historia de las ideas políticas: todo eso al mismo tiempo teje un conjunto de datos y aseveraciones, que permite entender la relación comercial

Metrópolis-Azúcar- Colonias.

Al margen de este libro como fuente quedan interrogantes en otros ámbitos de la historia, que en la actualidad es necesario clarificarlas con extrema severidad.

Por ejemplo, para algunos todo el proceso migratorio desde el Caribe hacia la República se desata desde 1898, cuando el auge del negocio azucarero.

En el avance de los años se detecta, por ejemplo, que los terrenos para fundar el barrio más viejo de la provincia de San Pedro de Macorís, se adquieren hacia 1918. Me refiero a Miramar, el de La Habana (Cuba), se fundaría en 1924.

Pero antes de continuar con Miramar, una pregunta queda por hacer: ¿Entre 1914 y 1945, tenía el Imperio Británico todas las fuerzas posibles para ocuparse administrativamente de sus colonias del Caribe?

Es probable que el esfuerzo de guerra, creara un cierto abandono y de ahí parte de la necesidad migratoria de entonces en esa parte de la cuenca del Caribe.

Ese factor, normalmente no es tomado en cuenta. Así se va poblando Miramar.

De este modo, mi barrio Miramar se convierte en uno de los más viejos de SPM.

Quedarán muchas preguntas por responder, pero algo se tiene claro, sin darse cuenta la propia gente de Miramar, vivía en un ghetto disimulado entre el folclorismo de los guloyas y sus saltos acrobáticos junto a los recordados mabí de Doña Baby, en la calle Presidente Jiménez, antes polvorienta y bullosa en el colmado de Don Isidoro Berry.

Allí estaban concentradas las logias, las iglesias protestantes, las menos conocidas como la de Míster Brown y su gran mecenas Doña Frida Richarson, y otras como la Episcopal que llegó como misión en 1897. La Moravian Churh, también fue de las primeras.

Las logias alegraban las calles de Miramar, con sus avivamientos y las bandas de música detrás de caballos con penachos de luto, alguna marcha fúnebre se tocaría.

Pero bien, Mirarmar tenía entonces una clara identidad racial, había una fuerte pertenencia cultural, las escuelas superiores, el cementerio, los establecimientos árabes de telas o de comestibles, el mercado, eran los contactos exteriores.

Quien mejor retrata esa aculturación de los emigrantes de las islas Británicas del Caribe hacia la República Dominicana es Norberto James en su libro “Sobre La Marcha” (1969).

Lo hace con absoluta emoción y plantea un arraigo de segunda y tercera generación de nuestra estirpe.

¿Por qué se produce esa aculturación? Por los rasgos de aceptación mutua en el tiempo de la cultura que llega y se entrelaza con la que encuentra, ello explica por qué nosotros los descendientes de esa emigración, no hemos necesitado ni clubes sociales, ni asociaciones, detalle en apariencia simple, para quienes sus ojos sociológicos sean miopes…Trujillo impone con la Feria de la Paz de 1955, una proceso migratorio hacia la ciudad de Santo Domingo: la Feria de la Paz necesitaba mano de obra hotelera bilingüe.

La calle Caracas, en Villa Francisca, fue un asiento privilegiado [3].
Los lazos existentes entre segundas, terceras y cuartas generaciones dominicanas y algunas islas del Caribe Inglés, son lazos sociales, humanos y existentes. Nadie con diatribas pendejas podrá borrar esa historia, todavía mal narrada, pero real: somos de aquí y tenemos el alto orgullo de una educación y forma de ver el mundo que se consustanció con la vida dominicana de hoy. Eso cuando sucede genera la aculturación y eso ocurre cuando una Nación es diversa y la República Dominicana lo es. El tema ahora es replantear esas relaciones con inteligencia apelando a esta memoria histórica que tiene grandes testigos privilegiados. (CFE)

[1 ] El Poemario Sobre la Marcha es de 1969. En dicho libro todos los poemas, incluso los de amor , tienen esa pulsión de la pertenencia y el reclamo de un espacio que se asume como propio. No es la visión de esa idea de patria y pacotilla: es la expresión de un descendiente de los emigrados de las Islas Británicas del Caribe, que hace un tránsito emocional y comunica a la opinión pública un estado, una actitud de historia y apropiación de un lugar: República Dominicana.
Esa poesía espera aún que un especialista analice su contenido religioso y melómano, aún no analizados.

[2] Sidney W. Mintz es un reputado antropólogo norteamericano, dedicado a los estudios del Caribe. Sus aportes han sido importantes, ha trabajado mucho el tema de Haití, Jamaica y el tema de las plantaciones de caña de azúcar en Puerto Rico, el mismo que trató en su tesis de grado para la Univerdad de Columbia. Su libro es un clásico sobre antropología de la alimentación.

[3] Sería interesante encontrar el dato preciso sobre “la fuga masiva de inmigrantes de las islas Británicas del Caribe inglés”, hacia sus lugares de orígenes debido a la Dictadura de Trujillo. La información aparece en un texto publicado en el Listín Diario, sección Ventana, fechado en la edición digital el 6 de Agosto del año 2011. Dicho texto se inscribe en la rúbrica de “Afrodescendientes”, término que más bien correspondería a los afronorteamericanos en rebeldía con un Estado que les niega derechos ciudadanos aún.

El título del texto: Mis queridos “cocolos, firmado por Indhira Suero. Alegre, paternal y digno de lupa. El asunto es que: en 1955 se produce la migración hacia Santo Domingo no sé ese dato cuál es su procedencia, pero entra en contradicción con las fuentes de trabajos que se abrían y que los emigrantes de las Islas Británicas del Caribe inglés aprovecharon como espacio privilegiado de trabajo, por el manejo del idioma inglés.

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