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Ráfagas de Abril

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Resistencia cívica a la Ocupación de 1965. (Milvio Pérez)

Resistencia cívica a la Ocupación de 1965. (Milvio Pérez)

DIARIO LIBRE / 22 DE AGOSTO DE 2015 / CONVERSANDO CON EL TIEMPO / POR JOSÉ DEL CASTILLO PICHARDO

Una de las secciones de la obra de René Fortunato, Una Primavera para el Mundo –evocación de aquella esperanzadora canción de postguerra gestada entre René del Risco y Rafael Solano e interpretada magistralmente por Fernando Casado, que recoge el anhelo justiciero de la juventud de la época-, es la Cronología que cubre la relación de los hechos en el país y su repercusión en América Latina y el resto del mundo. Ilustrada con material fotográfico revelador que capta los principales episodios de lo que se iniciara como golpe de Estado, derivara en guerra civil y luego en epopeya nacional de resistencia o guerra patria. Con imágenes de los actores protagónicos del proceso del 65.

Allí está Bosch en Puerto Rico, junto a su sobrina Milagros y el Dr. González Tamayo, y a su regreso al país al final del conflicto, cuando se le tributó un multitudinario recibimiento el 25 de septiembre en el Malecón, del que fui partícipe militante. Peña Gómez, quien encendió la chispa radiofónica en función de agitación política y la mantuvo viva en la tribuna como vocero autorizado del PRD. Molina Ureña y su equipo -Fernández Mármol, Máximo Lovatón, Polín Espaillat, Yeara Nasser, Ledesma Pérez, Arévalo Cedeño, Barón Suero-, en su efímero y tormentoso paso por el Palacio Nacional, del que fui testigo directo.

Se destaca con sobrada justeza el rol estelar de Francis Caamaño como líder del movimiento, en las tareas de defensa y supervisión de la Zona, como orientador de masas en los mítines desbordantes que signaron su gestión –especialmente el celebrado el 3 de septiembre en la Fortaleza Ozama para presentar su renuncia ante el pueblo- y en las negociaciones con la comisión de la OEA. Hasta su salida del país hacia Londres en enero del 66 para ocupar una agregaduría militar.

Aparecen meritorios oficiales constitucionalistas, como Peña Taveras, Hernando Ramírez, Fernández Domínguez, Núñez Nogueras, Montes Arache –el jefe militar más sagaz-, Lora Fernández –un estratega formidable-, Marte Hernández, Lachapelle Díaz (clave en la interacción con los comandos), Noboa Garnes (instructor en la Academia 24 de Abril), Chestaro, Ubiera Padua, Píndaro Peña, Claudio Caamaño, Manolo Bordas, Chibú Deñó, Jesús de la Rosa, Castro Calcagno, García Germán, Dante Canela, Sucre Félix, Sosa Leyba, Lorenzo Sención, Quiroz Pérez, Yege Arismendi, Páez Piantini. Mi entrañable André Riviere e Ilio Capozzi. Un amigo de infancia sancarleño, Fernando Pimentel, Vejé, se convirtió en sombra de Caamaño, al igual que de Montes lo fue Leo Pedemonte, cuya familia se integró a la revolución, incluida la bella Margarita.

También figuran jefes militares del bando de San Isidro y la Junta de Imbert: éste, héroe del 30 de Mayo, Wessin, Benoit, de los Santos, Rivera Caminero, Olgo Santana, Despradel Brache.

Un despliegue de fotos hace justicia a los comandos y su aporte en la guerra. Preeminente el 14 de Junio, con imágenes de Juan Miguel, Fafa, Oscar Santana, Euclides Morillo, Peña Jáquez, Lozada, Botello, Cocuyo Báez, Guillén, Onelio Espaillat –casó en pleno conflicto-, Orlando Sánchez, Luis “Palito”. Del PSP, figuran Luis Gómez, Tony Isa, Asdrúbal Domínguez, combatientes junto a Manolo González, Justino del Orbe, Diómedes Mercedes. Del MPD, Cayetano Rodríguez, Maximiliano Gómez, Baldemiro Castro, Muñiz Arias, sumados a Monchín Pinedo, Otto Morales, Henry Segarra. A resaltar, los comandantes Pichirilo, Barahona, Pujols, Jaime Cruz, Evelio Hernández.

Entre las mujeres combatientes aparecen Picky Lora, Teresa Espaillat (instructora en la Academia y autora de un libro sobre el rol de la mujer en abril), Nurys Rodríguez, Gladys Borrel, la China Viñel, Hilda Gautreaux. La mártir perredeísta Yolanda Guzmán. En acciones de resistencia cívica, resaltan Teresa Espaillat, la actriz Ángela Herrera, Alba de Tolentino. Recuerdo a Emma Tavares, Sagrada Bujosa, las hermanas Paniagua, Iberia Jiménez.

Civiles notorios, Héctor Aristy, ministro de la Presidencia e influyente consejero de Caamaño. El canciller Jottin Cury, sabiamente asesorado por Hugo Tolentino, Marcelino Vélez, Kasse Acta, Tirso Mejía. Integrantes de la Comisión Negociadora, el tándem de Santiago: Antonio Guzmán, Jorge Blanco y Aníbal Campagna. El valiente Lembert Peguero, ministro de Justicia. Gautreaux Piñeyro, despachando eficaz en el Copello, confianza de Caamaño, al igual que García Germán. Euclides Gutiérrez, viceministro de Interior en funciones.

El historiador Rodríguez Demorizi –profesor en la Academia Batalla de las Carreras de varias promociones de oficiales- fue consejero valioso de Caamaño. El dramaturgo Franklin Domínguez dirigió las comunicaciones del gobierno que incluía la estratégica Radio Santo Domingo, jugando un papel efectivo en la batalla política. Iván García, Miguel Alfonseca, Ayuso, Martha Jane, Fernando Casado, Mario Báez, L. A. Asunción, Acosta Tejeda, Pérez Vargas, López Brache, Núñez Fernández, Lora Quezada, Ercilio Veloz, contribuyeron en la tarea: “Un día más dominicanos…” En la prensa, Chino Ferreras, Malagón, Manzano, hicieron de Patria un órgano vivaz, así como el equipo que editaba La Nación. Noveles reporteros González Fabra y Onorio Montás figuran cubriendo las noticias.

Un movimiento de escritores, actores y pintores se nucleó en el Frente Cultural capitaneado por Silvano Lora. Oviedo, Condesito, Hernández Ortega, Lepe, Liz, Cestero, Ada Balcácer, Norberto Santana, Dionisio Pichardo, Elsa Núñez, Asdrúbal, llenaron la ciudad de cartelones y murales que sintetizaban el sentido de la épica. Avilés Blonda, Alfonseca, Ayuso, René del Risco, Grey Coiscou, Lockward, Viau, Vicioso, Villegas, Mir, Mon Francisco, levantaron la poesía para galvanizar el espíritu de la gente. El Pera Martínez se creció en las tablas. Tony y Andrés Avelino aportaron su verbo lógico, Efraím su dialéctica ilustrada. Narciso González, su proverbial fogosidad.

Músicos y cantantes hicieron lo suyo. El Himno de la Revolución –texto bien cuajado de vibrantes notas- de Aníbal de Peña, fue un disparador de conciencias. Fernando Casado puso su voz melodiosa en veladas culturales junto a Elenita Santos, Olga Azar, Violeta Stephen, Armando Recio y el gran brujo sonero Cuco Valoy, compositor de un montuno alusivo, Las páginas gloriosas.

Los médicos y enfermeras prestaron valiosos servicios. Baste nombrar al Dr. Eduardo Segura, coordinador del comando de galenos, eminente oncólogo recién fallecido. Sacerdotes como los tres jesuitas de San Miguel y San Lázaro –los cubanos José Moreno, Tomás Marrero y Manolo Ortega- se la jugaron en labores de reparto de alimentos y medicinas, y en la operación de la Clínica Dinzey bajo el Dr. José García Ramírez.

En la diplomacia, los socialcristianos Antonio Rosario, Caonabo Javier –quienes firmaron junto a Bosch el Pacto de Río Piedras- y José Gómez Cerda, defendieron en foros internacionales los postulados del gobierno de Caamaño. El PRSC, la JRC y la CASC se emplearon a fondo en la Zona, como ha resaltado en Hoy Quico Tabar.

Entre los actores extranjeros encontramos al Nuncio Emanuel Clarizio arbitrando treguas y al inútil José A. Mora, secretario de la OEA. Al odioso embajador Bennett –exponente de la prepotencia sureña-, y a Bartlow Martin, un astuto componedor enviado por Johnson para retomar los contactos con los constitucionalistas, Bosch incluido, quien terminó montando la Junta de Imbert. Al archiconservador Thomas Mann –subsecretario de Estado que manejaba la política de LBJ hacia América Latina. Al asesor especial de seguridad McGeorge Bundy, quien junto al abogado Abes Fortas, impulsaron la abortada fórmula Guzmán.

El secretario de Estado Dean Rusk y el nuevo jefe de la CIA “Red” Raborn, quien a raíz de los eventos del 65 hizo converger las divisiones paralelas de inteligencia y de operaciones en un centro de manejo de crisis, un aporte en la historia de la agencia. El embajador americano Ellsworth Bunker, bautizado el Pato Macho del Mangoneo por el periódico Patria, cabeza real de la comisión de la OEA, impuso en las negociaciones a García Godoy como presidente provisional. Sería el último embajador en Saigón, cuando EEUU fue forzado a retirarse de Vietnam bajo Nixon. Negociaría bajo Carter los tratados del Canal de Panamá.

El general Bruce Palmer –luego actuaría en Vietnam- comandó las tropas americanas y escribiría un libro sobre su experiencia, Intervention in the Caribbean: The Dominican Crisis of 1965. El general brasileiro Panasco Alvim, un gorila de tomo y lomo caricaturizado por Bunker como alguien que veía comunistas hasta debajo de la alfombra, comandante nominal de la FIP, quería barrer con la Zona Constitucionalista.

Jaime Benítez, rector de la U. de Puerto Rico y anfitrión de Bosch, respaldado por Muñoz, fue un gran amigo de la causa dominicana buscando una solución favorable, en concierto con Abe Fortas, consejero de Johnson (fórmula Guzmán). Igual lo fue el venezolano José Antonio Mayobre, comisionado especial del secretario general de la ONU, U Thant, así como el general Indar Jit Rikhye, observador. Quienes hicieron buenas migas con el mando constitucionalista, como se puede observar en fotos compartiendo encuentros sociales.

Tomaron la ciudad –no el 15 y el 16 de junio- pero sí en octubre, cuando penetraron y fueron recibidos por un puñado de mujeres y jóvenes que opusieron resistencia pacífica simbólica. El día de los intentos por humillar a la gente forzando la recogida de basura derramada en El Conde, al voltearse los zafacones. Osvaldo Domínguez, estudiante de Sociología, y el abogado e impresor Antonio Thomen, fueron apresados al negarse. Yo tuve más suerte, al emplear, frente a un moreno americano que me conminaba fusil en mano, un recurso retórico que resultó eficaz, recordándole que la gente de color era discriminada en su país. Nervioso, sudoroso, me respondió: “Go ahead, go ahead”. Este tipo de gesto produjo la famosa escena captada por Pérez Terrero que recorrió el mundo, con un dominicano cuadrándosele al marine en señal de resistencia.

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