Tel: 829-256-9034 | Mail: info@culturadominicana.com.do

El factor separador con Haiti: orden interno y política coherente (3 de 4)

0

El_factor_separador_con_Haiti_orden_interno_y_politica_coherente_3_de_4

DIARIO LIBRE / 18 DE AGOSTO DE 2015 / POR EDUARDO GARCÍA MICHELL

Hay que reconocer que no hemos tenido una política exterior enfocada en el alto interés nacional, proactiva, diseñada y ejecutada por los mejores talentos. La Cancillería ha sido tradicionalmente una reserva de gratificaciones políticas, salvo honrosas excepciones de muy alto nivel intelectual, que las ha habido y las hay.

Pero, lo que más se ha echado de menos, y ha faltado, es un orden y una política interna coherente, consistente, con sentido de pudor y de orgullo de pertenecer a un conglomerado nacional.

La clase política no ha hecho suficiente consciencia del grueso problema que se ha ido creando por su pasividad y desidia en facilitar y tolerar la penetración de la inmigración ilegal masiva, ya que ha estado más pendiente de alcanzar y permanecer en el poder fomentando el clientelismo y dilapidando a esos fines los recursos públicos, que de crear el orden interno que se requiere y es propio de las sociedades organizadas.

En eso la clase política es culpable, con contadas excepciones.

En función de su propia codicia, los empleadores públicos y privados se han aprovechado del drama haitiano y del dominicano y llenado sus bolsillos de riqueza a cambio de comprometer la soberanía de su pueblo y quitar oportunidades de trabajo a su propia gente. Esos empleadores también son culpables.

Como también lo son los miembros de los cuerpos armados que, en vez de proteger la soberanía de su pueblo, permiten la penetración por la frontera de inmigrantes ilegales en trueque de orgullo nacional por dinero.

Y todo esto ha sucedido, porque no ha habido ni hay una verdadera clase gobernante. Hemos tenido quienes asumen el rol de gobierno para satisfacer sus pequeños, medianos y grandes intereses. Pero esos grupos, insertados en pseudos partidos políticos, actúan desconectados de las necesidades y aspiraciones de su pueblo, para lo cual cooptan al poder económico en un intercambio de favores por apoyo político que lleva a congelar la evolución institucional.

Urge imponer un orden interno en que las leyes, reglamentos y normas se cumplan rigurosamente. Es imprescindible dotarlas de mordiente para que haya consecuencias pesadas por su inobservancia, e individualizar las penas.

Se requiere del ejercicio de acciones contundentes que hagan cumplir las leyes, en este caso particular la de migración. Y también el Código Laboral, sobre todo en el aspecto que regula la proporción de trabajadores extranjeros y dominicanos a ser empleados, lo cual debe extenderse a la contratación hecha por particulares.

Hay que iniciar el proceso cabal, no aparente ni disimulado, de repatriación ordenada en proporción a la magnitud del problema y en condiciones acordes con el buen trato que merecen los seres humanos, en pleno reconocimiento de la desdicha por la que atraviesan, digna de compasión. Hay que hacerlo con contundencia, sin más demoras ni excusas.

Hay que poner en marcha el cese inmediato del empleo de indocumentados, tanto por el sector público como por el privado, aplicando con prontitud el régimen de consecuencias, modificándolo si hiciera falta endurecerlo.

Hay que parar la contratación de inmigrantes provistos de sus permisos o carnet que hayan rebasado su autorización de estadía temporal como no residentes, o que no estén incorporados a la seguridad social.

Hay que penalizar, endureciendo las penas, a instituciones, empresas y particulares que rebasen la proporción de extranjeros empleados, ya sea directamente o valiéndose de subcontrataciones de servicios, pues son vías de elusión que deben cerrarse.

Hay que acabar con el mito de que no se puede repatriar a los indocumentados pues no habría quien realice el trabajo que hacen. Habrá quienes lo hagan, si la remuneración es apropiada, y si se invierte en más tecnología y capital. Y a cambio, se elevaría la productividad, se cohesionaría la sociedad, y se daría un paso fundamental hacia el mejoramiento de las condiciones de vida de los dominicanos.

En definitiva, es hora de actuar como un Estado funcional, no fallido.

Se requiere tener criterio para distinguir entre lo permisible y lo no permisible, lo que es fundamental de lo que no lo es, lo que afecta a la nación y la soberanía que nunca puede desconocerse por más beneficios que le produzca a algunos.

La nación dominicana no puede perecer sin ni siquiera darse cuenta de que la tienen al borde de la desaparición.

Esta es una oportunidad única, pues ante los grandes retos, las naciones se engrandecen, los líderes emergen y se crecen, y surgen soluciones. De eso se trata, de resolver y no de mediatizar ni contemporizar.

El pueblo dominicano no debe, ni puede, conformarse con liderazgos que sólo perviven por el uso del clientelismo, que no se atreven a tomar decisiones por temor al costo político, y lo que hacen es dejar que los problemas pequeños se conviertan en más grandes.

Es hora de concebir y crear una patria en que todos podamos vivir en armonía, con predominio de las leyes, en que su cumplimiento sea la norma, y no como ahora en el que el incumplimiento es excusa para que unos pocos se cobijen en la impunidad, amasen poder y fortunas groseras e impropias, mientras el país casi cuelga del precipicio, y se encuentra a un tris de perder su identidad nacional.

Share.

About Author

Leave A Reply