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Ulises (Lilís) Heureaux Level (5)

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DIARIO LIBRE / CRÓNICAS DEL TIEMPO / 17 DE AGOSTO DE 2015 / POR RAFAEL  NÚÑEZ

Para el 6 de enero de 1887, año en que asume por segunda ocasión la presidencia de la República Ulises Heureaux Level (Lilís), el país apenas contaba con poco menos de medio millón de habitantes, de los cuales 382 mil residían en Santo Domingo, mientras Santiago, no sólo ocupaba el segundo lugar en población, sino que se constituyó en el centro de la actividad productiva de la región del Cibao. Para tener una idea de la densidad poblacional en la isla, hay que tomar en cuenta que en 1863, 24 años antes, Haití tenía 1 millón 100 mil personas.

A principios del siglo XlX, durante y posterior a la revolución de los esclavos en Haití, en las dos partes de la isla se registró una disminución significativa de las poblaciones. Cuando cesaron las guerras en los dos territorios de La Hispaniola, empezó a registrarse un crecimiento demográfico en el Este y el Oeste.

En la década de los ochenta de ese siglo, el territorio dominicano estaba dividido en seis provincias (Santo Domingo, Azua, El Seibo, Santiago, La Vega y Espaillat) y los distritos de Puerto Plata, Samaná, Montecristi, Barahona, San Pedro de Macorís y Pacificador (que la componían, a su vez, las comunes de San Francisco de Macorís, Villa Rivas y los cantones de Cabrera y Castillo), conforme a la nueva Constitución política promulgada por Ulises Heureaux Level el 12 de junio de 1896.

Tres años después de votada la Constitución, de manera insólita, Heureaux hizo un pacto secreto el 18 de agosto de 1898, mediante el cual le concedía todos los poderes al Papa, León Xlll, para resolver “soberanamente” todo lo relativo a los límites fronterizos con Haití.

El Sumo Pontífice rechazó las tentativas lilisistas por “dejar sin resolver cuestiones de alta importancia y de grave interés para los países y por consiguiente no responde al objeto de una plena pacificación”.

Alegó también León Xlll que “era una cuestión jurídica que podría ser resuelta por un jurisconsulto”; aparte de la negativa papal, comisiones mixtas de trabajo constituidas para tal efecto, fracasaron también en su labor porque los representantes haitianos se negaron a reconocer el río Pedernales como línea divisoria, pues trataban de establecer otra diferente, por lo que el 17 de febrero de 1899, esto es nueve meses antes de que fuera asesinado el presidente Heureaux, cesaron las conversaciones. La solución permanente de este conflicto no iba a quedar resuelto definitivamente hasta el año 1936.

Conservadurismo y Liberalismo

En las acciones de este caudillo, obviamente, pesaba la tradición del pensamiento conservador de la época (aunque en su su origen, Lilís fue liberal), mayoritariamente inclinado a enajenar el territorio nacional, sin importar la manera de hacerlo en su ambición de legitimarse para mantener su hegemonía en la sociedad.

Este pensamiento conservador dominicano tiene su origen en los cambios sociales y políticos provocados por dos revoluciones: la francesa (1789-1793) y la haitiana, así como otros acontecimientos, como la incidencia de la invasión de Jean Pierre Boyer desde 1822-1844.

“Nuestro conservadurismo del siglo XlX es el anexionismo y el deseo de dependencia, como forma de perpetuarse del grupo dominante… El reverso de este componente era la falta de fe en que el pueblo puede sostener su independencia que hay en los dirigentes políticos”, sostiene Raymundo González, en “Notas sobre el pensamiento conservador dominicano, siglo XlX y XX” en el libro “Retrospectiva y perspectiva del pensamiento político dominicano”, páginas 103 y 104).

Heureaux, cuando fue enviado por Gregorio Luperón a representar su gobierno a Santo Domingo, estuvo claro de que ésa era la oportunidad de atenazar el poder, de modo que identificó de inmediato los integrantes de los grupos económicos en la Capital en los que se apoyaría para su ascenso a la Presidencia.

De acuerdo con la tesis del profesor universitario Raymundo González, “en el siglo XlX hay una débil estructuración del pensamiento conservador, esto es, como conjunto ideológico legitimador de una visión del país o de una forma de ejercicio de poder, por ello cuando lo necesita se ve obligado a tomar prestado del pensamiento liberal formas y motivos”.

La propuesta de Heureaux, en consecuencia, de empoderar sin límites al Vaticano para que resolviese el tema fronterizo, fue uno de varios intentos del dictador por entregar la soberanía del territorio o parte de él a un poder extranjero, una muestra de la falta de visión de país.

“El expediente anexionista- agrega González- ofreció variantes y combinaciones de ellas: la enajenación de parte del territorio (la venta o arrendamiento de Samaná, principalmente), el protectorado (a cambio de lo anterior o también de tratados comerciales ventajosos), la supresión de la República (y el grupo de poder quedaba como administrador colonial); el expediente del crédito público fue una necesidad inmediata al inicio de la República, pero se continuó de manera irresponsable en los gobiernos de Santana (Pedro), como lo recuerda Juan Nepomuceno Tejera en sus apuntes; y lo mismo puede decirse de la ampliación del endeudamiento anterior inaugurado por Báez (Buenaventura) durante la dictadura de los Seis Años”. El endeudamiento desproporcionado fue también una conducta del período de Lilís.

González entiende que “los pensadores liberales, por su lado, tampoco confiaban enteramente en la capacidad del pueblo de convivir en paz y mantener el orden, ya que su ejercicio político más común era practicado en la forma de montoneras, la ‘guerra civil’ permanente que enfrenta a los caudillos y el gobierno, que para Bonó (Pedro Francisco) era, en su fondo, expresión de la lucha del campo que se defendía de la explotación de la ciudad.

Visto ese panorama, en el país se sentía la ausencia de un núcleo de hombres y mujeres pensadores que pudiera desempeñar el papel ideológico, sustentador de un conjunto de tesis que sirviesen de fundamento para enrumbar el país con pasos firmes hacia la consolidación de una sociedad más avanzada y organizada. La mayoría de los historiadores coincide en que los términos crisis, corrupción, paternalismo y el ejercicio de un poder patrimonialista son herencia de la Primera República.

Y con eso tuvo que lidiar no solo Heureaux, sino todos aquellos líderes dominicanos del pre y postmodernismo. El investigador dominicano José G. Guerrero advierte en este punto lo siguiente:

“En teoría o en la práctica, el conservadurismo no está radicalmente separado de posturas liberales. Bobadilla (Tomás) apoyó el gobierno revolucionario de Haití e hizo oposición liberal a Santana desde el Congreso; Del Monte y Tejada consideró que el progreso solo era posible con un soberano ilustrado y liberal; Guridi (Javier Angulo) fue restaurador y el primer autor que mencionó el comunismo, y Galván (Manuel de Jesús) se acercó al Partido Azul, a instancias de Luperón, y hasta redactó una necrología de Duarte”. (“Retrospectiva y perspectiva del pensamiento político dominicano, página 132).

Carente de un pensamiento ideológico original que sirviera de brújula a los períodos gubernamentales que encabezó, Heureaux centró sus esfuerzos en la pacificación y la realización de obras de infraestructura, al tiempo que compromietió las finanzas públicas.

rafaelnuro@gmail.com, @rafaelnunezr.

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