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La Filantrópica. Patriótica, mas no secreta

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Calle La Filantrópica, en Villa Consuelo.

Calle La Filantrópica, en Villa Consuelo.

HOY / CALLES Y AVENIDAS / 22 DE FEBRERO DE 2015 / POR ÁNGELA PEÑA

La Filantrópica fue patriótica, más no secreta. Parecía ser recreativa, sin embargo, ningún escenario fue más oportuno para expresar con vehemencia el deseo de ser libres del invasor haitiano, con el vigor nacionalista que se expresaba en escogidas representaciones teatrales.

Una de sus obras más celebradas fue La viuda de Padilla, tragedia en cinco actos del granadino Francisco Martínez de la Rosa, patriota en la guerra de Independencia de España quien la escribió “para levantar el sentimiento nacionalista del pueblo contra la dominación francesa”.

Juan Pablo Duarte la trajo en 1833 y cuando la sociedad oculta La Trinitaria fue disuelta la llevó a las tablas. Antiguos trinitarios formaron el elenco de esta producción que guardaba gran parecido con la situación de la isla ocupada.

En honor a La Filantrópica existe una calle desde hace más de 80 años en Villa Consuelo.

José Gabriel García y Rosa Duarte relatan la historia de esta agrupación que funcionó en el edificio de la llamada “cárcel vieja”, transformado en teatro por Manuel Guerrero, atraído por el fervor de Duarte y sus discípulos. Pero quien narra con mayores detalles la historia de esta entidad es Joaquín Balaguer en El Cristo de la Libertad.

Significa que entre los fundadores de La Trinitaria había un traidor, Felipe Alfau, al que llama Judas, fariseo, político de temperamento díscolo, desertor. Dice que este no compartió el idealismo de Duarte ni fue capaz de medir la grandeza de su apostolado. Cuando La Trinitaria quiso expandirse fuera de la capital, el patricio lo eligió a él “para que llevara la semilla separatista al Cibao. Pero Alfau, quien ya desconfiaba del triunfo de la causa de la Patria y se disponía a entenderse con los haitianos que conspiraban contra Boyer, se negó a aceptar la comisión y aludió con desdén a los esfuerzos que realizaba el partido de la independencia”.

Su actitud, añade Balaguer, se hizo desde aquel día sospechosa. Todo hacia esperar de él una delación que pusiera a Duarte y a sus adictos a merced de las autoridades haitianas. Los hechos demostraron luego que esas sospechas no eran infundadas. Alfau fue quien denunció al general Riviére los planes separatistas de los patriotas de La Trinitaria, afirma.

José Gabriel García también le atribuye la suspensión de La Trinitaria y señala que la prudencia aconsejó disolver “la sociedad que se refundió más tarde en La Filantrópica”.

La Filantrópica. No se consigna fecha de su fundación. Rosa Duarte solo apunta que “después formaron una sociedad Filantrópica, sus sesiones eran públicas. Las piezas que se ponían en escena iban ilustrando al pueblo que cada día comprendía más y más sus deberes para con la Patria, y llevó su entusiasmo por la libertad al extremo que representando a Bruto se oyó gritar en el patio y en algunos palcos: ¡Haití como Roma!”.

Balaguer manifiesta que quienes continuaron unidos a Duarte en la causa de la independencia constituyeron una nueva junta patriótica que simularía sus verdaderos fines bajo la apariencia de una sociedad de tendencias recreativas: La Filantrópica.

El teatro, añade, fue el medio para mantener viva la idea separatista. “Duarte conocía la eficacia de las representaciones dramáticas como órgano de difusión de los ideales revolucionarios porque oyó hablar, durante su estancia en Cataluña, del uso que se hizo en España del teatro” con esos fines.

Además de las obras de Martínez de la Rosa trajo consigo los dramas de Alfieri, que “había puesto nuevamente de moda el puñal de Bruto y las catilinarias contra los enemigos de la libertad”. Vittorio Alfieri fue una de las principales figuras patrióticas de la historia de Italia. Martínez de la Rosa quedó prendado de su estilo fuerte y trató de imitarlo tanto como la viveza de su diálogo, según confiesa en La viuda de Padilla.

Los discípulos de Duarte devoraron estos libros. Ensayaban en casas particulares para no levantar suspicacia en las autoridades.

La apertura del salón, cuenta Balaguer, “constituyó una novedad sensacional en el ambiente de pesadumbre y horror creado por la dominación haitiana. Media ciudad acudió la noche del estreno a presenciar “La viuda de Padilla”, llevada al escenario por actores improvisados a quienes el ardor nacionalista convertía en intérpretes admirables del gran drama de Martínez de la Rosa…”.

Los personajes son la viuda de Padilla, Pedro Laso de La Vega, N. Mendoza, Hernando de Avalos, miembros de la Junta de Toledo, Un niño hijo de Padilla, Pueblo, Conjurados. La viuda habla de las exigencias de la patria y del honor, la libertad del pueblo, la constancia, el valor, los héroes caídos, dice que no la intimida ni la muerte, jura ser libre o morir. El pueblo exclama: “¡O muerte o libertad!” y ella grita: “¡Muerte y no infamia! ¡Libertad…! ¡Antes muerta que esclava! ¡Mi libertad hasta el sepulcro la llevo!”.

“La presencia en el escenario de Juan Isidro Pérez, a quien se confió en La viuda de Padilla y en algunas de las tragedias de Alfieri, como la titulada “Roma libre”, la personificación de la libertad y el patriotismo, fue saludada repetidas veces con aclamaciones ruidosas”.

Lo secundaron Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Pedro Antonio Bobea, Luis Betances, José María Serra y Tomás Troncoso así como algunas damas revolucionarias.

El gobernador haitiano Alexis Carrié pasó por alto las primeras presentaciones pero ante la asistencia, el entusiasmo y el delirio del público sus espías lo pusieron en alerta. Este se presentó una noche sorpresivamente. “Uno de los actores se adelantó hacia el público y lanzó al aire como una detonación: “Me quiere llevar el diablo cuando me piden pan y me lo piden en francés”. Esta invectiva, declamada con voz estentórea y recibida jubilosamente por el auditorio, pareció sospechosa al gobernador Carrié, que hizo subir al escenario a uno de sus ayudantes con orden de exigir un ejemplar impreso del drama en que figuraban las palabras citadas. El oficial haitiano examinó el libreto y comprobó que efectivamente en él figuraba aquella frase despectiva”.

El espectáculo continuó, comenta Balaguer, pero a partir de aquel momento los invasores redoblaron la vigilancia a La Filantrópica y sus amenazas se tornaron más concretas. “El objetivo, sin embargo, ya estaba logrado y las proclamas formuladas desde las tablas por actores que mostraban a las multitudes el puñal de Bruto y hablaban poseídos de entusiasmo revolucionario, iban bien pronto a ser sustituidas por gritos de libertad pero desde un escenario más activo: el de la conspiración armada”.

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