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Convento de San Francisco, primer convento de América

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Lo que queda del convento, es una fracción de lo que fue anteriormente.

Lo que queda del convento, es una fracción de lo que fue anteriormente.

DIARIO LIBRE / 23 DIC 2014 / POR MARÍA CRISTINA DE CARIAS Y CÉSAR IVÁN FERIS IGLESIAS

Hoy en día podemos apreciar aunque en estado de ruinas, la magnifica estructura que funcionó a partir de 1508, hasta inicios del siglo XX.

Durante el gobierno de Frey Nicolás de Ovando, hacia 1504- 1505, se inició la construcción del conjunto monumental de San Francisco, para albergar la comunidad de frailes de esa orden, quienes fueron señalados por los Reyes Católicos, para evangelizar a los nativos de las tierras descubiertas.

Hoy en día podemos apreciar aunque en estado de ruinas, la magnifica estructura que funcionó a partir de 1508, hasta inicios del siglo XX, en que albergó el asilo para enfermos mentales, fundado por el padre Gregorio Billini.

En las estructuras se levantó una iglesia comenzada a principios del siglo XVl que posteriormente pasó a ser, al erigir la nueva iglesia, al final del siglo XVl, el espacio ocupado por la seglar Orden Tercera de los Franciscanos. En la cripta a la entrada de esta iglesia fueron enterrados los restos mortales del descubridor y conquistador Alonso de Ojeda, llamado “El caballero de la Virgen”, porque llevaba siempre la imagen de Nuestra Señora, bordada sobre la capa que cubría su armadura. El recio soldado pidió ser enterrado en ese lugar, para que los fieles que entraran en el templo pisaran sobre su cadáver, como acto de expiación, de sus innumerables pecados. Por tanto los restos robados en 1963 y llevados a Venezuela, no fueron los del notable personaje de la conquista; este cadáver fue sustraído de una tumba situada a la entrada de la iglesia levantada posteriormente. El cadáver del gran conquistador permanece por lo tanto, bajo el piso de la primitiva iglesia, lo que demuestra que los ladrones resultaron burlados.

El convento y su claustro, son anteriores al segundo templo. Lo que actualmente queda del convento, es apenas una fracción de lo que fue en épocas anteriores. Las fundaciones y restos arqueológicos se pueden apreciar en el área circundante.

La fachada del convento responde al particular estilo “Manuelino”, expresión del plateresco en Portugal; cuyos detalles ornamentales especialmente el cordón de San Francisco, fueron tomados del repertorio marino que caracteriza a ese estilo. Este portal corresponde al siglo XVl.

En ángulo con el portal anterior, se conserva aun, parte de la fachada sur del gran templo, fundamentalmente el portal de acceso al interior de la nave. Este portal de espíritu clásico, inspirado en el arco de triunfo romano, corresponde al siglo XVll avanzado. Las columnas pareadas y sobreelevadas en podio, anuncian ya, el nuevo espíritu del Barroco. El material de construcción empleado se inicia con la piedra de sillería, pasando posteriormente a mampostería de piedra y ladrillo. Este último material se utilizó en las últimas construcciones del conjunto monumental.

En estas construcciones se observa el más puro portal de estilo gótico.

En estas construcciones se observa el más puro portal de estilo gótico.

En estas construcciones podemos observar desde el más puro portal de estilo gótico, en el acceso norte de la hoy capilla de la Tercera Orden, al gótico ornamentado isabelino, en las bóvedas de esta iglesia; hasta la introducción del renacentista plateresco, en las bóvedas acasetonadas del templo mayor y las arquería de medio punto, hoy recordada en hierro, que limitaba el claustro del convento, incluyendo la fachada del mismo, junto al gran portal de la iglesia que, ya anuncia el barroco clásico de la arquitectura colonial dominicana. El convento propiamente dicho, de gran tamaño, da una idea del gran número de frailes que habitó en la isla, sumando al convento de La Vega.

Este conjunto monumental sufrió múltiples danos por motivos naturales: huracanes y terremotos. Pero el peor daño fue ocasionado cuando el asedio y bombardeo del pirata Francis Drake, lo que ocasionó que la cubierta del gran templo, se desplomara.

Este magnífico conjunto arquitectónico, hoy en ruinas, es un testimonio de la grandeza de Santo Domingo en el período en que fue capital del nuevo mundo.

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