Tel: 829-256-9034 | Mail: info@culturadominicana.com.do

Argumento y personajes de la novela contra Trujillo

0

DIARIO LIBRE / 20 DE DICIEMBRE DE 2014 / POR MANUEL MORA SERRANO

¿Cómo fue posible que ”Laberinto” una novela que se había dicho que era contra Trujillo, de un escritor de tanto cartel como Enrique Arturo Laguerre, editada en Puerto Rico donde vivían y viven tantos dominicanos antitrujillistas de raza, no hubiera circulado aun fuese clandestinamente en el país durante los dos años que mediaron de la publicación a la muerte del tirano y cincuenta y tres después? No hay explicación.

Ahora bien, quizás se deba a que el título no delata la temática, algo que, sin entrar en estos intríngulis literarios, ayuda. No es lo mismo

Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos o El Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, que ya dan una pista de un autócrata, a un simple Laberinto, por complicado que sea.

Nosotros vivimos la dictadura y como testigos podemos darnos cuenta de los aciertos o las posibles fallas de la obra. Evitando analizar el contenido, nos remitimos a la profesora Estelle Irizarry en el capítulo dedicado a revisarla, de su ya citado estudio.

La novelística de Enrique A. Laguerre –Trayectoria histórica y literaria, acerca del argumento y los personajes de la novela, respetando escrupulosamente su texto, empezamos por del argumento:

“ El laberinto , publicada en 1959, fue aplaudida de inmediato y seleccionada para el Club Internacional del Libro en Londres como “Libro del Mes”. Al otro año la traducción al inglés, traducida por William Rose, fue publicada en Nueva York. Fue entonces, como sigue siendo hoy, una novela extraordinaria, por varias razones: Fue una de las primeras novelas puertorriqueñas traducidas al inglés. Aun era relativamente nuevo la novela el tema de la experiencia puertorriqueña en Nueva York, como así también el tratamiento novelesco del régimen del dictador dominicano Trujillo, que solo había sido tema de varios libros de tipo documental.

“La indiscutible actualidad de los asuntos, que hizo urgente la traducción de la novela al inglés, también hizo que su publicación fuera en aquel momento un acto bastante peligroso, dado la fama de Trujillo por liquidar a sus enemigos en capitales extranjeras. Por eso no sorprende que la mayor parte de los críticos de entonces discretamente esquivaran la identificación de la ficticia ”República de Santiago” con la República Dominicana, que también se llama Santo Domingo , simplemente “La República”, como en la novela.

“Ahora, a unas décadas después de la publicación del libro y del asesinato de Trujillo, acaecido poco después, aquellos eventos que entonces eran de tremenda actualidad, pertenecen a la historia. El lector de hoy tiene la ventaja de la visión tardía que le permite medir la novela desde la perspectiva más amplia otorgada por el paso del tiempo y la distancia histórica.

“Laguerre logró extraer y refinar los materiales producidos por una situación histórica concreta y crear con ellos una novela que con el tiempo ha adquirido dimensiones imprevistas.”

Más adelante aclara más sobre el argumento y habla de los personajes principales:

“El protagonista es Porfirio Uribe, que acaba de licenciarse en leyes, Se prepara para volver a Puerto Rico cuando, al entrar en el zaguán oscuro de su pensión en Nueva York, presencia el asesinato de Adrián Martín, un periodista “santiaguino”. La policía lo detiene para interrogarle. Dentro de la narrativa generalmente lineal, se introducen recuerdos de su pasado, de sus doce años en Nueva York y su niñez en Coamo, donde como hijo huérfano de unos artistas de circo –el padre mexicano y la madre “santiaguina”– fue criado por sus padrinos, Estéfano y Catalina, pero en un ataque de celos, esta fue matada por su esposo. El arresto de Estéfano, y después su muerte, dejaron a Porfirio solo de nuevo. En el barco que lo llevaba a Nueva York había hecho amistad con Alfredo Laza, nacionalista puertorriqueño exiliado, que lo ayudó cuando llegaron a la metrópoli. Acosado por la pobreza, Porfirio se había entregado al vicio pero con el tiempo se alejó de aquella vida disipada y encontró empleo en la Sección de Cartas Muertas del correo, estudiando de noche para abogado. El asesinato de Adrián Martín pone en peligro todos sus planes para el futuro. “Laza y sus amigos, el “raquetero” Luis Pororico y el antiguo playboy Juan Lorezi tratan en vano de encontrar a los verdaderos responsables del asesinato, pero la policía deja a Porfirio irse y este decide embarcarse para Puerto Rico. En el camino, el barco en que viaja es hundido por un submarino alemán, pero Porfirio se salva y en un hospital de Virginia, entablan amistad con él dos diplomáticos santiaguinos, el doctor Jaramillo y Jacinto Brache, que lo invitan a su país donde, según ellos, hay más oportunidades.

“Al llegar a La República, Porfirio no tarda en percibir una atmósfera cargada de tensión y terror y es testigo de las diversas luchas por el poder manipuladas por su amigo Jaramillo y el tirano del país, el Adalid Augusto. El otro amigo, Jacinto Brache, le confía que había ayudado a Jaramillo a asesinar a Adrián Martín, alías Niño Valverde, hijo de una figura pública antes muy estimada, pero ahora desacreditada, don Joaquín Valverde. Irónicamente, este había comisionado la liquidación de Martín, sin saber que era su propio hijo, por haber publicado artículos inflamatorios en la prensa extranjera. Jacinto también informa a Porfirio que él y Jaramillo lo habían traído a la República como precaución, ya que fue el único testigo del asesinato.

“Porfirio logra adelantarse profesionalmente en La República, gracias a la recomendación de sus amigos, pero en la atmósfera tensa de “suicidios” y “accidentes”, se siente como si estuviera experimentando una extraña mutación. Jacinto Brache se enloquece y muere en un atentado contra el Adalid. Se anticipa el ascenso de Jaramillo, como consejero especial del Adalid, pero lo meten en prisión. Alfredo Laza logra convencer a Juan Lorenzi, que goza de la confianza personal del Adalid porque comparten el entusiasmo por los automóviles y los caballos, a que participe en una conspiración contra el Adalid. Porfirio finalmente decide ayudarlos y se une a la “operación cacería” con otro agente, Purificación López, y el coronel Sebastián Brache, militar de confianza del presidente y hermano de Jacinto Brache; López y el coronel Brache fingen traer al “prisionero” Porfirio Uribe ante el Adalid Augusto para poder matar al tirano de cerca, Un oficial que reconoce a Purificación López avisa al Adalid a tiempo y los conspiradores caen acribillados.”

Como vemos, el hecho de que la novela se desarrolle en la República de Santiago, que el personaje clave sea un boricua, que se trame algo tan burdo como ir a matar al dictador, no “calza” con ninguna historia real de la tiranía, si exceptuamos la muerte del periodista en Nueva York.

Pero una lectura imparcial y ajena totalmente a la base posible de la novela, como se dice que es la dictadura de Trujillo, tanto los acontecimientos, salvo la muerte del periodista, como los escenarios no identifican a nuestro país por una razón muy simple: Enrique A. Laguerre no había pisado nuestra patria. De haber venido se hubiera dado cuenta de todo lo que nos parecemos y son paralelamente cuasi mellizos los paisajes de valles y lomas, al extremo que si vamos de San Juan a Ponce nos parece que hemos tenido todo el paisaje norteño y sureño de nuestras islas por vía contraria.

No se trata de una novela en clave. Para ello don Enrique hubiera necesitado más elementos históricos relevantes y sus personajes hubieran tenido si no coincidencia en los nombres, por lo menos algunos signos como las iniciales de ciertos personajes o menciones más claras de hechos y tramas fallidas contra el régimen.

Esas ausencias pudieron ser parte de los motivos por los cuales el texto permaneciera desconocido en nuestro país por más de medio siglo.

Escoger a Santiago, cuando en América hay varios pueblos con ese nombre, en Chile, en Cuba y aquí, que si no son de un país lo son de una de las dos segundas ciudades y en los tres países padecimos varios dictadores feroces.

El hecho de que se tramara contra la vida de Laguerre, es un detalle relevante, ya que los informantes nuestros sí se dieron cuenta de lo que se dijo cuando premiaron el libro y luego cuando tuvo el privilegio de ser la segunda puertorriqueña traducida al inglés (la primera fue Enardo y Rosael en Allegorial Novella por Alejandro Tapia, publicada en Nueva York en 1952, según la crítica citada), de modo que quizás, lo buscado hubiera salido peor, porque su muerte, por accidental que pareciera, se le hubiera atribuido al tirano, y el éxito de ventas hubiera sido lo contrario de lo perseguido.

Lo que ahora nos preocupa, no es eso, sino por qué si se pintaban los horrores de un gobierno tiránico, solo por la coincidencia temática no se convirtió en bandera de lucha para una oposición tan poderosa, con figuras tan relevantes como Juan Bosch y Juan Isidro Jimenes Grullón, que es posible que conocieran y trataran a Laguerre y fuesen de los que le sirvieron de motivación, además de la muerte alevosa del autor de una novela claramente antitrujillista como Cementerio sin Cruces de Andrés Francisco Requena (1908-1952), de quien la profesora Irrizarry dice que, el personaje Adrián bien puede entenderse por Andrés, siendo el caso más conspicuo de una posible clave, quizás por eso ahora se considere una novela universal contra las dictadura y no una particular sobre la de Trujillo.

No hay otra explicación posible para que este texto haya sido ignorado, no solo para los críticos dominicanos, sino por los latinoamericanos, a la hora de pasar balance a las obras comprometidas contra las aberrantes y castradoras dominaciones personales sobre nuestros pueblos, que hoy por hoy parecen ampliamente superadas.

 

Share.

About Author

Leave A Reply