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Ciudad Colonial desde una perspectiva social, arquitectónica y urbanística

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DIARIO LIBRE / HABITAT / 04 DE DIC 2014 / POR ELINA MARÍA CRUZ / FOTOS PIERRE BIGNALET

La Ciudad Primada de América, con sus monumentos primigenios, barrios centenarios y vecindad multicultural, vive un proceso de rescate, y mientras se avanza, se ahondan las reflexiones sobre los retos que plantea su preservación.

Arquitectos acreditados por demás se reunieron para hablar del tema: Maribel Villalona, Edda Grullón, Diana Martínez, Esteban Prieto y Omar Rancier conformaron la mesa redonda sobre “La Ciudad Colonial de Santo Domingo, patrimonio de la humanidad: relación social entre lo local y lo global”, en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode).

La doctora francesa Maud Vannelli organizó el panel como parte de los estudios de investigación para tu tesis en la que explora la relación social -gente y espacio, turismo, patrimonio e interacción social- en el marco del “II Segundo Congreso Transdisciplinar del Caribe: el Futuro de las Ciencias Sociales”.

El turismo y el patrimonio son dos temas de actualidad, dijo Vannelli para introducir el conversatorio, resaltando la dimensión humana que abarcan ambos conceptos. La República Dominicana tiene un patrimonio global muy importante y muchos dominicanos viven gracias al turismo como actividad económica, argumentó para provocar a los convidados.

Andamiaje legal y desafíos

Edda Grullón, arquitecta y titular de la Dirección de Patrimonio Monumental, concluyó su exposición como si dictara una sentencia: “El principal reto sigue siendo garantizar los fondos necesarios para la conservación de los monumentos y la Ciudad Colonial en general, y asegurar la sostenibilidad de los mismos!.

“La Ciudad Colonial de Santo Domingo: consideraciones sobre su preservación”, fue el título de exposición, en la que compartió fechas claves sobre la ruta conservacionista que han seguido el mundo y República Dominicana. Recordó que fue en 1972 cuando la UNESCO adoptó la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural.

Aunque la República Dominicana se adhirió a la citada Convención en 1985, tuvo que esperar cinco años para lograr la declaratoria de Patrimonio Mundial de la Ciudad Colonial. Desde entonces, destacó, el recinto amurallado, al igual que muchos otros sitios históricos de América Latina, adquirieron una gran nombradía internacional y reiteradas evaluaciones.

Habló del Plan Cuna de América, implementado en 1990, auspiciado por la Organización de Estados Americanos (OEA), con el objetivo de potenciar el desarrollo turístico del sitio. El plan describió una serie de proyectos que debían acometerse en la zona, y como resultado de estas iniciativas fue que se construyó el Hostal Nicolás de Ovando, lo que materializó por primera vez el vínculo entre preservación y aprovechamiento turístico de la Ciudad.

La preservación de la Ciudad Colonial en la actualidad, Grullón entiende que ofrece un ejemplo tangible de cómo se preserva un patrimonio y se operativiza el vínculo con las iniciativas de preservación a escala internacional. Pero no olvidó que en 2009 el país enfrentó el riesgo de ser incluido en una lista sobre bienes en peligro, por posibles pérdidas de su valor excepcional. La propuesta de desarrollo del inmobiliario proyecto Sans Soucí fue el germen de la posible sanción.

En 2010 la comisión internacional que evaluó la Ciudad Colonial, encabezada por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) y la UNESCO, recomendó limitar la zona de amortiguamiento al este de la ciudad -cuatro niveles como máximo en las edificaciones – y la aprobación de un plan de revitalización de la Ciudad, además de asegurar los recursos necesarios para la aplicación del sistema de gestión.

Entre 2011 y 2013 el Estado dominicano presentó al Centro de Patrimonio Mundial varios informes sobre el estado de conservación del sitio para que se verificara el cumplimiento de las recomendaciones que el organismo había hecho en evaluaciones previas, dijo Grullón, para añadir que “lamentablemente, los informes no reportaron mayores avances”.

Este año, una nueva misión del ICOMOS evaluó los retos a los que se enfrenta la Ciudad Colonial. La misión enfocó su evaluación en el desarrollo del proyecto Sans Souci, la expansión de la línea del Metro -la línea 6 tendría dos estaciones en el casco antiguo- y el programa del fomento al turismo auspiciado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ejecutado por el Ministerio de Turismo, entre otros.

En sus conclusiones, consideró que las insuficiencias y dualidades financieras y de gestión representan los reales peligros actuales que necesitan ser enfocados con seriedad por parte del Estado.

Grullón reprodujo recomendaciones de la misión que evaluó la Ciudad Colonial que fueron adoptadas por el Comité de Patrimonio Mundial: Necesidad de finalizar el proceso de aprobación de la zona de amortiguamiento de la Ciudad Colonial en Santo Domingo Este, con su marco regulador correspondiente.

Enfatizó en que se finalice el proceso de aprobación de la Ley de protección, salvaguarda y fomento del patrimonio cultural. Urgió al Estado dominicano a asegurar la capacidad de gestión y los recursos para la conservación y protección, y en especial asegurar el funcionamiento de la comisión rectora de la Ciudad Colonial.

Para Grullón, los retos para la debida conservación de la Ciudad Colonial van más allá de las limitaciones legales, de gestión y de recursos económicos. A modo de ejemplo planteó que una de las principales limitaciones en el ámbito de la gestión sale de la necesidad de fortalecer la coordinación institucional, dada la gran cantidad de organismos que impactan la Ciudad Colonial. Mencionó entre ellos a los ministerios de Cultura y Turismo y Obras Públicas, el Ayuntamiento del Distrito Nacional y la Oficina de Ingenieros y Obras del Estado.

Además, consideró que todos los posibles proyectos a ser desarrollado en la zona sean evaluados y aprobados por las instituciones encargadas de su protección, en especial por el Ministerio de Cultura, a través de su Oficina de Patrimonio Monumental, y el ADN, a través de su unidad especializada.

Si bien se debe promover el desarrollo turístico en la Ciudad Colonial, también se debe asegurar que se minimicen los impactos negativos de dicho desarrollo, expuso la arquitecta.

Y al referirse a los recursos económicos para los programas de conservación, advirtió que si bien se hizo una importante inversión inicial a finales de los años 80 para que la Ciudad Colonial fuera declarada Patrimonio Mundial, los fondos destinados a la conservación en las décadas posteriores han sido casi inexistentes.

Urge también, en su opinión, la implementación de la comisión rectora como organismo gestor propuesto. Hasta que estos retos no sean asumidos por el Estado dominicano -dijo- la conservación de la Ciudad se mantendrá en condiciones de riesgo.

Diana Martínez, directora de Patrimonio Cultural e Inmueble del Centro Histórico de Santo Domingo en el Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) inició su intervención con un apunte sustancial: “La Ciudad Colonial no sólo es un ente físico. Es también un ente social…”.

El conjunto de unidades geo urbanas de la Ciudad, indicó, lo conforman: 2.294 predios o solares; unas 136 manzanas y un polígono urbano con identidad propia. Esa identidad se la dan los atributos urbanos que posee, entre los que resaltó la trama compacta, sus murallas y fuertes, calles estrechas, callejones, monumentos icónicos, edificaciones patrimoniales, múltiples plazas, patios privados, innumerables iglesias, barrios tradicionales, centros culturales, museos y múltiples espacios con vocación turística, entre otros.

Martínez, al abordar el tema “La Organización Social de la Ciudad Colonial de Santo Domingo”, señaló que el hábitat trasciende la dimensión física y lo demostró con datos muy contundentes. Esta ciudad ocupa apenas 1.19 kilómetros cuadrados, que equivalen a menos del 1% de los 104 kilómetros cuadrados que abarca el Distrito Nacional. Pero en ella se organizan territorialmente 13 juntas de vecinos.

Detrás de esa cantidad de juntas está el proceso en que se ha conformado este espacio urbano, evidenció Martínez. Se han formado vecindarios y barrios desde la época de la Colonia entorno a los monumentos, a los hitos, en su mayoría iglesias.

Martínez contó que la primera se creó en 1976, en Santa Bárbara, cuando todavía el ADN no se había propuesto crear las juntas de vecino. San Antón fue la segunda, en 1991, y luego la de Regina, en 1994. Un año después, el Patronato de la Ciudad Colonial promueve la conformación de juntas de vecino para facilitar la interacción con los residentes. Para 1996, las juntas deciden integrarse en la Unión de Juntas de Vecinos.

También se refirió al Observatorio Ciudadano del ADN y las encuestas que ha hecho en tres ediciones, mediantes las cuales han podido establecer fortalezas y debilidades.

Qué piensan los vecinos de la Ciudad Colonial del ADN, cuál es su ciudad soñada, son algunas de las preguntas que se hacen. Durante tres años de muestra, el 86% de los vecinos sueña con una ciudad organizada y regularizada; el 52% con una ciudad segura y un 9% aspira a una ciudad con mejor desarrollo humano, destacó Martínez.

Al analizar fortalezas de las juntas de vecinos, Martínez resalta la permanencia a través del tiempo; la concentración de los grupos comunitarios, la defensa del territorio y los atributos que asumen; el hecho de que tienen líderes de alto perfil y de múltiple asociatividad; capacidad para interactuar en varios escenarios institucionales a la vez; reconocimiento público externo e interno; integración parcial a las redes sociales y valoración positiva de su trabajo.

Sobre las debilidades, subrayó los desniveles que se perciben en la organización interna de las juntas; no comparten la misma estructura; distribución poco equilibrada de responsabilidades; promoción de expectativa no controlables, porque prometen lo que no depende de ellos, y bajos niveles de involucramiento de las bases.

Su sensibilidad de arquitecta-urbanista se ahonda en sus conclusiones: “Lo que tenemos son principalmente retos, y el mayor es el equilibrio entre lo que es el tejido urbano versus el tejido humano; entre lo que son las fuerzas sociales versus las presiones del mercado; entre lo que es la identidad local y la globalidad.

La Ciudad Colonial está entrando en un tren de globalidad, en ser una ciudad auténtica o una ciudad mimética. El reto está en alcanzar el equilibrio en los extremos que se están presentando: lo local y lo global. Así lo concluyó.

En cuanto a amenazas y tendencias en la Ciudad, Diana Martínez compartió datos del censo que hablan de un desplazamiento poblacional. Se debe, sostiene, a los cambios de uso de los espacios: de habitacional a lugar de servicios.

Además, hay usos que no son compatibles con el uso residencial, como el de los bares. También hay presiones sobre el uso complementario al residencial, porque muchas personas con poder adquisitivo están comprando inmuebles.

También señaló las presiones sobre el espacio público para enfatizar que el uso, más allá del característico del vecinal, se convierte en fuente de molestia para los vecinos, ya sea por ruido, horario de la actividad, ocupación del espacio, entre otras.

La gentrificación, la sustitución de una población por otra, es otro fenómeno que se vive en la Ciudad Colonial, lo que Martínez no valora como necesariamente negativo, si se habla de dejar atrás el hacinamiento, pero le preocupa que “mientras menos residentes haya, menos participación comunitaria habrá, y menos representación de los intereses propios y locales se dará”.

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