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Bosch 63: Golpe Mediático

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Caricatura sobre Bosch Pitcher, La Nación enero de 1963.DIARIO LIBRE / 04 DE OCTUBRE DE 2014 / POR JOSÉ DEL CASTILLO

Antes de concretarse el golpe de Estado militar en la madrugada del 25 de septiembre del 63, se verificó una campaña mediática sistemática que tuvo efecto corrosivo en la legitimación del experimento de reformas democráticas entre actores claves (industriales, hacendados, comerciantes, sacerdotes, guardias, sectores del establishment americano). Lo que Bosch denominó en un artículo publicado en Life en español, “la gramática parda del golpismo”. En un escenario de recrudecimiento de la Guerra Fría en el Caribe, con el shock causado por la Crisis de los Misiles soviéticos en Cuba en octubre del 62 y las guerrillas urbanas de las FALN en Venezuela intentando derrocar a Betancourt, e inestabilidad en el Haití de Papa Doc, el llamado peligro comunista o el riesgo de una “segunda Cuba”, se convirtió en catalizador que movilizó la acción opositora. Presentando a Bosch como “tolerante con los comunistas” y a su gobierno penetrado por éstos.

El balance de medios de comunicación y su papel durante el gobierno de Bosch, revela un saldo desfavorable. El anticomunismo en las Fuerzas Armadas era alentado por el temor a reeditar la experiencia de Cuba, donde las FFAA regulares fueron suplantadas por el Ejército Rebelde. Alimentado por el programa radial de mayor audiencia, el meridiano Periódico del Aire en La Voz del Trópico, reforzado por el vespertino Prensa Libre, que a partir del 27 de julio -cuando dejó de publicarse La Nación- sería el único diario de la tarde, y en la noche por Telenoticias en Rahintel. Medios dirigidos por el combativo Rafael Bonilla Aybar (ex director de La Nación bajo el Consejo de Estado), un opositor militante, antiguo encargado de prensa y propaganda del Movimiento de Liberación Dominicana que organizó en Cuba las expediciones de junio del 59. Ahora convertido en orador de barricada en las manifestaciones de reafirmación cristiana, en “agitador derechista consumado”, al decir del embajador J.B. Martin.

El influyente El Caribe, principal diario de la época, fue girando hacia una línea de advertencia crítica. Aparte del ejercicio legítimo de opinión, un proyecto en curso en el Congreso dominado por el PRD ampliaba el alcance de la ley 5924 del Consejo de Estado sobre confiscación de bienes a los Trujillo y era percibido como amenaza expropiatoria a la Editora del Caribe. Cuyos derechos accionarios le fueron reconocidos a su director-propietario Germán Ornes por el presidente Balaguer durante la transición. Reivindicación apoyada por Jules Dubois, del Chicago Tribune, presidente de la comisión de libertad de prensa de la SIP. En adición, Horacio Julio Ornes, líder de Vanguardia Revolucionaria que concurrió aliada al PRD en los comicios, agrió sus relaciones con el gobierno al acusar de corrupción al ministro de Industria y Comercio, Diego Bordas, quien renunció para entablar demanda.

El diario reproducía artículos de Hal Hendrix del Miami News, Premio Pulitzer muy leído e influyente en Estados Unidos, quien el 24 de septiembre publicó una columna anticipándose al golpe del día siguiente, justificándolo. Una década después, Hendrix participó en la campaña de la ITT para derrocar a Allende. El Caribe destacaba en titulares de primera plana los reportes de Robert Berrellez, de AP y de línea dura, vinculado igual a ITT en los planes contra Allende e investigado en 1973 por el comité de relaciones exteriores del Senado de EEUU, sometido por mentirle en 1978. También los trabajos de Jules Dubois. Parte de la campaña acusando a Bosch de “blandengue con los comunistas” e indefinido frente a “la penetración comunista”, que el vespertino Prensa Libre asimismo destacaba.

Un tema constante planteado por el embajador Martin a Bosch, urgiéndole a tomar medidas. Resumido en el uso de los ayuntamientos por parte de Manolo Tavárez para dar charlas del 14 de Junio, los viajes a Cuba -abogando por su prohibición-, el retorno de alegados comunistas deportados bajo el Consejo de Estado. El funcionamiento de “la maldita escuela de comunismo de Dato Pagán” -como le llamaba Martin al Instituto de Ciencias Sociales y Planificación que operaba en el Instituto Salomé Ureña en tanda vespertina nocturna-, reclamando su cierre. El embajador encarecía al presidente, en los momentos más críticos de su gestión, actuar como Betancourt, golpeando a la derecha y a la izquierda simultáneamente para fortalecerse en el centro, procurando apoyo militar y empresarial. Un enfoque que Bosch no compartía, apegado a preceptos constitucionales.

Martin sugería deportar a derechistas, tipo Bonilla Aybar y Enrique Alfau de la Acción Dominicana Independiente que organizaba las manifestaciones cristianas anticomunistas, simultáneamente junto a izquierdistas como López Molina. Aplicar la manopla, Betancourtrizar el gobierno. Bosch razonaba en privado, según informes de la CIA, que la izquierda era débil y poco estructurada, y no era la principal amenaza. La cual provenía de la derecha política, que influía en los militares y los incitaba a dar un golpe, como de hecho sucedió. No quería reprimir a la izquierda y arrinconarla, evitando provocar una reacción violenta, con acciones terroristas y guerrillas urbanas, tal el caso de la Venezuela de Betancourt. Decía que al comunismo se le combatía con reformas preventivas para que no calase en los sectores populares, forzando a sus grupos a hacer vida pública, no clandestina. Martin, en cambio, le urgía clausurar periódicos como el 1J4 del 14 de Junio y El Popular del Partido Socialista Popular que circulaba legalmente desde junio, así como Libertad del MPD, y Claridad del Chino Ferreras.

El balance mediático resultó desventajoso para la administración. Listín Diario, dirigido por Rafael Herrera, reapareció el 1ro de agosto a dos meses del golpe, con escasa penetración y en plan amigable hacia la institucionalidad democrática. La Nación, dirigido por Pedro Alvaro Bobadilla con un elenco de talentosos jóvenes periodistas, muy distante en circulación respecto a El Caribe, en su rol oficial era el único diario con el que contaba Bosch y fue clausurado inexplicablemente el 27 de julio. Así el gobierno quedó sin prensa escrita. Radio Santo Domingo, dirigida por Julio César Martínez, fue convertida en julio en cultural y educativa -“tenemos que propagar la cultura en el alma nacional” dijo Bosch-, con escasa beligerancia política. El programa más importante era Ante la Prensa, un panel semanal conducido por Salvador Pittaluga, con participación de periodistas de diferentes medios. Circulaba la revista semanal ¡Ahora! del Dr. Rafael Molina Morillo, quien fungió como director ejecutivo de El Caribe. Y Cachafú, un órgano de humor político dirigido por Francisco Álvarez Castellanos.

El presidente del subcomité de asuntos interamericanos de la Cámara de Representantes de EEUU fue uno que se hizo eco de Hendrix, alertando sobre la “penetración comunista”: unos 150 comunistas habrían regresado tras la Crisis de Octubre y las autoridades lucían complacientes. Revistas como Bussines Week se sumaron a las denuncias. A todo ello, la CIA indicaba que el riesgo comunista era sólo potencial y que los grupos comunistas o castristas -encuadrando al 14 de Junio, al PSP pro soviético, al MPD y al PNR de Pérez Cabral y Dato Pagán- eran débiles, con algún apoyo en el movimiento estudiantil universitario y en organizaciones sindicales. Pero advertía que en caso de descontrol e inestabilidad y de fracaso de las reformas de Bosch, podían tomar auge.

Otro frente de ataque con resonancia en EEUU fue el contrato con la Overseas. Encabezado por Jimenes Grullón y Casals Victoria, de Alianza Social Demócrata, se desarrolló una campaña de prensa, radio y televisión, calificándolo de oneroso en sus términos financieros. Bosch reconocía en privado que no eran las mejores tasas de interés y comisiones de intermediación, pero sí la única forma de obtener fondos rápidos dados los lentos procedimientos de la Alianza para el Progreso y la AID. El gobierno, razonaba, necesitaba resultados en los próximos tres meses y lo de la Alianza podía durar un año. Criterio compartido por Martin, quien insistió se hiciese una excepción mundial con la República Dominicana para darle apoyo rápido en el desembolso de fondos. A contrario, se frustraría el proceso de reforma y el propio régimen democrático.

Una disertación de Jimenes Grullón en La Voz del Trópico criticando el contrato de US$150 millones suscrito con la Overseas, generó el 10 de marzo una pedrea a la estación y escandalera, con llegada de Imbert y Amiama Tió al escenario. Mientras el 6 de abril, el apresamiento de Bonilla Aybar en Rahintel, ante las cámaras y a cargo del jefe policial Belisario Peguero, disparó la concurrencia solidaria de opositores y una balacera en la que resultó herido Horacio Álvarez Saviñón, presidente de la Asociación de Industrias y embotellador de Pepsi Cola. El caso motivó una visita in situ de una comisión de la OEA. Incidentes proyectados negativamente en la prensa internacional.

Finalmente el 25 de septiembre se produjo el derrocamiento de Bosch, precedido por un paro patronal el 20, un día después del regreso del presidente de su visita a México, donde López Mateo lo recibió en grande -un parámetro internacional con el cual Bosch quiso señalizar su independencia en la escena internacional. El nacionalismo revolucionario mexicano influyó en la ideología del PRD fundado en Cuba en 1939, fruto del debate entre Cotubanamá Henríquez y los aliados Juanes (Jimenes Grullón y Bosch), los principales ideólogos de su plataforma política original. López Mateo envió una delegación del ballet folclórico mexicano, que hizo presentaciones populares y a la alta oficialidad militar en Sans Soucí en la víspera del golpe. Como antes Muñoz Marín aportara el concierto del cellista Pablo Casals en el Palacio de Bellas Artes. Todo para auspiciar, por la vía de la cultura, la experiencia de reformas democráticas que se vio tronchada.

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