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Recordando a Antonio Guzmán: la raya de Pizarro

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Recordando_a_Antonio_Guzman_la_raya_de_PizarroDIARIO LIBRE / 19 DE JULIO DE 2014 / POR JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

Para 1977, la muerte de Orlando Martínez, la muy evidente politicidad de las Fuerzas Armadas, las continuas redadas policiales contra los grupos de izquierda y el ambiente de terror e inseguridad imperantes, que contrastaba con la opulencia gubernamental y cierto deterioro organizativo y dirigencial en las filas del gobierno y del partido del presidente Balaguer, acabaron por crearle al líder reformista una cada vez más creciente animadversión pública.

A pesar de ello, la oposición tenía en los meses finales del tercer período de gobierno de Balaguer, muy pocas esperanzas de enfrentar con éxito una nueva repostulación del mandatario. Existía la convicción de que Balaguer se perpetuaría en el poder contra todos los riesgos y que el apoyo militar, unido a una maquinaria civil muy poderosa económicamente, impediría unas elecciones diáfanas y un proceso comicial ordenado. El PRD, sin embargo, bajo el mando de José Francisco Peña Gómez, haciendo caso omiso no solo a los alertas de miedo y terror de grupos oficialistas, sino también a las advertencias derrotistas de algunos grupos de oposición, a los persistentes pronunciamientos de la izquierda radical que sugería no hacerle el “juego” a Balaguer, y a la tenaz actitud de Bosch de no acudir al “matadero electoral”, tomó la resolución de asistir a los comicios y se preparó a organizar sus fuerzas para el torneo. Peña Gómez gerenció, por primera vez en la historia política dominicana, el debate interno denominado “primarias”, en alusión al juego de calentamiento electoral que domina desde hace largos decenios la vida política de los dos principales partidos norteamericanos.

Después de un controvertido proceso interno, que alimentó las esperanzas de decenas de miles de dominicanos de lograr una opción fuerte para enfrentar el liderazgo de Balaguer al frente de la administración pública, las llamadas bases perredeístas escogieron como su candidato presidencial a Antonio Guzmán Fernández, y este a su vez pactó con las fuerzas del licenciado Jacobo Majluta, a quien le otorgó la candidatura vicepresidencial. El acontecimiento constituyó el momento inicial de la división del perredeísmo de la época. Salvador Jorge Blanco trazó en este evento las pautas de la escisión, al negar categoría a la candidatura de un hombre sin formación académica, agricultor y ganadero, y con notorias deficiencias de lenguaje. La convención pudo haber favorecido al conocido jurista en la última vuelta de la misma, celebrada en el local de la Asociación de Detallistas de Provisiones en la calle Jacinto de la Concha del sector de Villa Francisca. Jacobo Majluta que llegó tercero en la votación de los delegados perredeístas, inclinó la balanza a favor de Guzmán a cambio de la candidatura vicepresidencial. Algunos majlutistas no aprobaron el acuerdo de su líder y luego terminarían abandonando la tendencia de Majluta. Se llegó a observar a prominentes damas del perredeísmo jacobiano que lloraron a raudales al conocerse dicha decisión.

Fue en esa convención donde Jorge Blanco comenzó a dividir a las fuerzas perredeístas, cuando hizo el mismo trazado hecho por Balaguer en la campaña electoral de 1974, comparando su candidatura con la de Guzmán. La de Salvador Jorge Blanco fue una comparación arbitraria, ofensiva y, por demás, inútil, puesto que pretendía trazar una raya entre su figura y la de Guzmán Fernández, a quien señalaba, sin mencionarlo, como un candidato sin luces para gobernar. La de Balaguer empero no aludía a consideraciones personales o intelectivas de los candidatos, sino a motivaciones políticas de primer orden que delimitaban los estilos de dirección gubernativa que se pretendía inculcar a los votantes en dichos comicios. Recordando la raya trazada por Pizarro, el conquistador de Perú, a los pies de los seguidores suyos que comenzaban a vacilar casi al término de su aventura, Balaguer proclamaba: “Por aquí se va, señores, -mientras arengaba a sus seguidores en un mitin en San Juan de la Maguana- a la guerra permanente, al desorden sistematizado, a la huelga sin causa, a la lucha de clases, a la persecución sin cuartel y a la demagogia desenfrenada, y por aquí, en cambio, se va hacia la libertad con orden, hacia el imperio de la ley sin discriminaciones y hacia la paz con amor y con justicia”.

Jorge Blanco utilizaría para las primarias perredeístas de 1977, el mismo ardid discursivo. Cuando finalizaba su discurso pronunciado en el local de la Asociación de Detallistas, ante los delegados de la convención de su partido, de un modo brusco y hasta soez proclamó ante los convencionistas, haciendo galas de los que luego serían sus famosos ademanes gesticularios, que por un lado (y señalaba abiertamente hacia su fotografía instalada en la pared que estaba detrás de la mesa directiva de la convención) se iba con la inteligencia, con la capacidad, y por el otro (mientras indicaba con su mano izquierda la foto del precandidato Guzmán) con la falta de luces, con la ausencia de condiciones para gobernar, con la incapacidad. El discurso dejó perplejos a los asambleístas del PRD y, al final, según se cree, acabó perjudicando su aspiración en ese momento. Puede afirmarse que fue el primer capítulo público de la enemistad que posteriormente mantuvo alejados y distantes a don Antonio Guzmán y al doctor Jorge Blanco, así como a sus respectivas familias.

Cuando meses después, Antonio Guzmán desfilaba por las calles de la capital en compañía del primer ministro portugués Mario Soares, haciendo entrar en cólera a Balaguer, ya el conocido hacendado se encontraba en el clímax de su carrera electoral, ampliando cada vez más sus márgenes de simpatía entre el electorado. El 14 de mayo, a la medianoche, cuando se cerraba la contienda electoral y una novedosa cadena telefónica había funcionado admirablemente instando a votar por el “cambio”, José Francisco Peña Gómez se presentó a los estudios de Radio Comercial, donde se producía la cadena radial de la candidatura Guzmán-Majluta, y pronunció allí una arenga política antológica en la historia de la oratoria dominicana de este siglo. Dos días después, Antonio Guzmán superaba a Balaguer con casi 158 mil votos por encima, siendo elegido Presidente de la República.

Los meses siguientes, sin embargo, fueron intensos y arriesgados, porque sectores balagueristas pretendían continuar detentando el poder, mientras los perredeístas junto a otras importantes fuerzas independientes buscaban una transición sin problemas. Desde la misma noche del 16 de mayo, cuando eran claros los resultados del certamen, los altos dirigentes del PRD tuvieron que buscar escondite seguro para evitar represalias de los poderosos jefes militares de la época. Antonio Guzmán fue visto cruzar por una calle de Gazcue en procura de un atajo para evadir las patrullas militares que vigilaban la ciudad. Próximo a la calle Lea de Castro, y mientras se transportaba en un vehículo junto a varios espalderos, se encontró de frente con el carro que transportaba al doctor Peña Gómez quien también, ansioso, buscaba refugio seguro. Los vehículos de ambos líderes se detuvieron y los dos salieron de los mismos para hablar a solas brevemente, mientras Guzmán exhibía una pistola bien escondida bajo su camisa color blanco. En cuanto volvieron de nuevo a sus respectivos autos, Guzmán tomó la ruta de la calle Santiago hacia el norte, mientras Peña Gómez se dirigió hacia la avenida Independencia, encontrándose al doblar una cuadra con un jeep cargado de soldados bien armados quienes, al reconocerle, hicieron amagos de dispararle.

Cuando a media mañana del 16 de agosto de 1978, Antonio Guzmán Fernández, el rico hacendado vegano-santiaguense cuya familia había rehusado su presencia meses atrás en el escenario político-electoral, ascendía al primer puesto público de la Nación, los reformistas habían perdido irremediablemente aquel proceso en el cual el miedo a la derrota y el interés desbocado por el continuismo pudieron haber producido consecuencias funestas para la entonces joven y zarandeada democracia dominicana.

(El autor fue testigo de todo cuanto aquí expone, porque presenció cada una de las rondas de votaciones y de los hechos que conformaron la Convención del PRD citada, cuya decisión final fue tomada casi al amanecer, realizando transmisiones directas del evento, de forma exclusiva, a través de Radio Cristal, emisora de la cual era entonces Director de Prensa, y cuya propiedad había pasado de manos de don Elizardo Dickson a Bienvenido Rodríguez).

www. jrlantigua.com

Fue en esa convención donde Jorge Blanco comenzó a dividir a las fuerzas perredeístas, cuando hizo el mismo trazado hecho por Balaguer en la campaña electoral de 1974, comparando su candidatura con la de Guzmán. La de Salvador Jorge Blanco fue una comparación arbitraria, ofensiva y, por demás, inútil, puesto que pretendía trazar una raya entre su figura y la de Guzmán Fernández, a quien señalaba, sin mencionarlo, como un candidato sin luces para gobernar.

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