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Juicio a Tomás Bobadilla

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Tomás Bobadilla

Tomás Bobadilla

EL DÍA / 14 DE JULIO DE 2014  / POR RAFAEL CHALJUB MEJÍA

Dicen algunos que en la vida política lo importante no es como se comienza, sino como se termina. Si fuera así, entonces a don Tomás Bobadilla y Briones habrá que medirlo con otra vara.

A este político se le tiene como el símbolo del conservadurismo, de lo antinacional, del oportunismo y el arribismo, estaba activo desde los tiempos de la “España Boba”, en la primera década del siglo diecinueve.

Siempre se las arregló para estar arriba. Estuvo con todo el mundo y no estuvo con nadie, dice su biógrafo Rufino Martínez.

Presidente de la Junta Central Gubernativa constituida a la proclamación de la República en febrero de 1844, poco después al lado del presidente Pedro Santana, presidente de la Suprema Corte de Justicia en 1851, del Senado en 1854, en 1856 y 1859.

Empeñado siempre en buscarle comprador a la República. Prohaitiano, afrancesado, anexionista proespañol en 1861, Magistrado de la Real Audiencia bajo el régimen de la anexión. Semanas antes del triunfo de los restauradores cambió de bando.

Hasta llegó a ser encargado brevemente del poder ejecutivo para Santo Domingo, el sur y el este.

Circunstancialmente cayó abajo y tuvo que irse al exilio. Imperaba desde 1868 el régimen baecista de los seis años y Bobadilla, ya octogenario, cerró su vida con un encomiable gesto de patriotismo y dignidad en defensa de la independencia nacional en la cual nunca había creído.

Militó en la campaña que numerosos intelectuales promovieron contra los planes de anexión a Estados Unidos que los presidentes Buenaventura Báez y Ulises Grant, respectivamente, adelantaban.

En carta pública a Grant, Bobadilla protestó desde el extranjero con una conmovedora elocuencia: Yo, que desde 1812 y puede decirse que aún antes de esa época, vengo figurando en todos los acontecimientos políticos…, que tuve la honra de ser de los iniciadores del pensamiento que, el 27 de febrero de 1844, dio vida a la República Dominicana; que en más de ochenta años que tengo de existencia, he asistido a sus festines y a sus duelos… puedo deciros con la autoridad del anciano, cuál ha de ser el resultado de una anexión que solo la fuerza podría realizar…”.

Él, que siempre desconfió de la capacidad del pueblo dominicano para sostener la independencia nacional, en esta carta le hizo un elogioso reconocimiento:

“Mucho conozco al pueblo dominicano.

Abandonado a sus propias fuerzas, ha luchado siempre por su libertad… puede por un momento ser dominado por extraños… mas, pasado ese momento de estupor, se levantará como un solo hombre… para oponerse a quien pretenda arrebatarle su libertad y su independencia… sin deber su libertad más que a su propio esfuerzo, no resiste extraña dominación, la sacude, empeña la lucha contra su dominador, y aún con la conciencia de su debilidad, la sostiene, la engrandece con su desesperación, y en su deseo de ser libre, la hace larga, horrorosa y sangrienta”.

Fue este el último acto de su dilatada vida pública, porque poco después murió Bobadilla a los ochenta y seis años.

rchaljub[@]hotmail.com

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