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Recordando a Antonio Guzmán: en la cresta de la ola

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Antonio Guzmán

Antonio Guzmán

DIARIO LIBRE / 12 DE JULIO DE 2014 / POR JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

Por la ruta de la avenida Kennedy, Antonio Guzmán se desplazaba en una fresca tarde de diciembre de 1975, tomando rumbo hacia su nativa Santiago. En su viejo Mercedes Benz le acompañaba solamente uno de sus nietos, vástago de su hija Sonia, casada con el abogado mocano José María Hernández.

A la altura del kilómetro nueve, dos jóvenes estudiantes universitarios que intentaban viajar hacia Moca, su ciudad nativa, y que no habían podido encontrar cupo en los autobuses que hacían su parada en el lugar debido a la enorme cantidad de pasajeros que viajaban a pasar la Nochebuena con los suyos, reconocieron al hacendado cibaeño y le solicitaron que les diera una “bola”. Para sorpresa de los “boleros”, Guzmán detuvo su coche y les dio el aventón, luego de preguntarles sobre el lugar adonde se dirigían y saludarles con especial amabilidad.

En el trayecto, los universitarios hablaron a gusto con el ex candidato presidencial del malogrado Acuerdo de Santiago y le cuestionaron sobre la posibilidad de que volviese a lanzarse a la arena política para las elecciones de 1978. El hacendado no quiso abundar mucho sobre el tema con sus jóvenes y desconocidos pasajeros y aunque les advirtió que veía “muchos contratiempos para hacer campaña política” y que, para entonces, solo se esmeraba en atender sus haciendas, le preocupó saber qué estudiaban ellos y cómo les iba en sus estudios.

Cuando llegaban a Moca, localidad donde Guzmán haría una parada para visitar a los familiares de su yerno, en El Caimito, el ex candidato presidencial llevó hasta la puerta de su casa a uno de sus pasajeros que residía en esa comunidad rural, mientras al otro lo despedía obsequiándole cien pesos que este, carente de recursos, recibió con una efusiva manifestación de gratitud. (El primero de estos dos estudiantes, es el hoy ingeniero civil y comentarista de fútbol, Félix Disla Gómez. El segundo, de apellido Burdiez, se destacaría años más tarde como dirigente del PRD en Moca).

Así estaban las cosas para Antonio Guzmán un año después del fracaso del Acuerdo de Santiago, el movimiento político que, con el Partido Revolucionario Dominicano a la cabeza, intentó enfrentar a Joaquín Balaguer en una campaña electoral difícil que pudo culminar en una gran tragedia si los acuerdistas no se retiran a tiempo y dejan el camino abierto para que el candidato del Partido Reformista se reeligiera por nueva vez con el claro contubernio del minúsculo partido del ex contralmirante Luis Homero Lajara Burgos, que sirvió de contraparte a aquella farsa electoral. Guzmán había quedado muy desencantado de todo aquel embrollo y, ciertamente, cuando recoge a los dos universitarios que viajaban a Moca, toda su preocupación estaba puesta en las haciendas que poseía en Guayubín, en la zona noroeste del país, y en las lomas de Jamao, mientras su partido se encontraba resacado por las truchimanerías políticas del balaguerismo y la imposibilidad que se observaba al momento de poder encaminar un proyecto que enfrentase en unas elecciones limpias a Joaquín Balaguer.

Había ocurrido ya el asesinato de Orlando Martínez, en marzo de ese año, el columnista que había advertido al líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, que “en los próximos años, y nadie sabe si hasta en los próximos días, habrá una transformación radical en los detentadores del poder político en la República Dominicana”, agregando que “el peso político del perredeísmo, el lugar en que se ha colocado en estos momentos y no después cuando ya sea tarde, podría ser determinante para el destino de este pedazo de isla”. El perredeísmo se encontraba aún sin una plataforma de acción sólida, salvo las vinculaciones que mantenía con grupos de la izquierda radical con quienes algunos de sus dirigentes, con el beneplácito de su líder máximo, sostenían un intercambio que les permitía enfrentar al gobierno balaguerista con acciones temerarias de diversa índole. Antonio Guzmán estaba entre los dirigentes del PRD que recelaba de este tipo de acciones y por eso se mantenía a prudente distancia de los acontecimientos mientras se desplazaba regularmente sin guardaespaldas y sin miedo por las carreteras del país, a veces solamente acompañado de familiares o de algunos de los peones de sus fincas.

Silvestre Antonio Guzmán Fernández había nacido en 1911 en la ciudad de La Vega, hijo de padre vegano y de madre azuana. Aunque sus estudios formales no le permitieron siquiera obtener el título de bachiller, había logrado, muy joven, gerenciar las oficinas de la holandesa Curacao Trading Company en varias provincias del país, hasta que en 1942, casado ya con Renée Klang -con quien procrearía a Iván y Sonia- decidió salir de esa empresa para dedicarse a la agricultura y la ganadería en sus haciendas propias. Cuando la primera delegación del Partido Revolucionario Dominicano arribó al país en julio de 1961, poco más de un mes después de ser ajusticiado el dictador Trujillo, Guzmán estuvo entre los primeros que buscaron inscripción en dicha organización. Por eso, cuando Juan Bosch, su compueblano y amigo de infancia, asciende al poder en febrero de 1963, Guzmán fue designado ministro de Agricultura.

Bosch escogería a Guzmán como compañero de boleta en las elecciones de 1966, que ganaría Balaguer, y volvería a ser la primera opción dentro del perredeísmo cuando se aceptó su nombre para encabezar la boleta del Acuerdo de Santiago, con Elías Wessin y Wessin de segundo en la fórmula, en las elecciones de 1974, que dicho Acuerdo -contrato político que unía insólitamente a mansos y cimarrones en un acto de desesperación para sacar, infructuosamente, a Balaguer del poder- no logró conducir hasta el fin. Empero, tres años después de estos desagradables comicios, donde los militares mostraban abiertamente sus preferencias por el candidato “colorao”, exhibiendo en las puntas de sus temibles fusiles pañoletas con el color rojo del partido gobernante, y apenas poco más de un año después de la “bola” ofrecida por Guzmán a los universitarios mocanos en el kilómetro nueve, el hacendado vegano-santiaguense estaba por nueva vez en la cresta de la ola.

El PRD había trazado muchas líneas difusas después de su derrota electoral en 1966. Bosch, entonces líder del partido que ayudara a fundar en 1939 en La Habana, no creía en la posibilidad de una nueva revolución como pregonaban los grupos de la izquierda marxista, pero tampoco vislumbraba posibilidades al juego electoral (el “matadero” de la “mentada representativa” le llamaba con ironía), permaneciendo distante, en gran medida, del liderazgo que sus seguidores deseaban reivindicar para salir a flote de la persecución política y crear un espacio de disensión legítima que pudiese, oportunamente, abrirle nuevos caminos al perredeísmo. En 1970 Bosch había llegado a sugerir la candidatura presidencial por el PRD de un sacerdote católico, Francisco Sicard, que se había hecho famoso en la comunidad de Cotuí con una prédica social a favor de los campesinos. (Sicard optaría finalmente por ser un Secretario de Estado sin Cartera más en uno de los gobiernos de Balaguer). El PRD acabó absteniéndose en ese proceso electoral, y en 1974, habiendo partido ya Bosch de esa organización para fundar el Partido de la Liberación Dominicana, los dirigentes perredeístas se encontraron ante la disyuntiva de buscar un candidato para proponerlo al denominado Acuerdo de Santiago. Surgieron entonces varios nombres, entre ellos el del abogado Julio César Castaños Espaillat, quien había sido rector de la universidad estatal. Finalmente se impuso el de Antonio Guzmán, quien aceptó a regañadientes la distinción. Tanto él, como sus familiares, habían puesto resistencia a la idea y en una ocasión su esposa Renée había bloqueado en su casa de Santiago la visita de un grupo de políticos de diversos partidos de oposición que habían viajado desde Santo Domingo para entrevistarse con Guzmán y proponerle la candidatura. Los argumentos fueron múltiples: la salud del hacendado, sus negocios agropecuarios, su deseo de no volver a incidir en cuestiones políticas. Finalmente, Guzmán accedió y fue candidato presidencial del Acuerdo de Santiago.

(Próximo: “La raya de Pizarro”)

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