Tel: 829-256-9034 | Mail: info@culturadominicana.com.do

El 30 de Mayo y los forjadores de categorías históricas

0

DIARIO LIBRE / 27 DE MAYO DE 2014 / POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

 

La Fundación Hermanos de la Maza puso en circulación hace pocos días el libro de fotografías y texto titulado “La transición a la democracia: del 30 de Mayo a la navidad con libertad“, que es un homenaje al pueblo que se lanzó a las calles en 1961 al comprobar que el resorte del miedo y la opresión, que lo mantuvo atemorizado durante 31 años, había rodado en pedazos fulminado por la acción magna del ajusticiamiento del tirano.

 

Quizás no me equivoque al afirmar que nunca antes, ni después, el pueblo dominicano había luchado por si mismo, es decir como masa, como pueblo, por objetivos inmateriales como ejercer el derecho a la libre expresión del pensamiento y aspirar a vivir sin ser atropellado ni encarcelado ni oprimido por su preferencia política.

 

Las expediciones armadas de 1959 y las anteriores de Luperón y Cayo Confites, al igual que el movimiento 14 de junio, y los distintos focos de resistencia que existieron, aglutinaron a parte de la elite pensante imbuida de ideales patrióticos, pero nunca pudieron constituirse en movimientos populares.

 

Abril de 1965, posterior en el tiempo, devino en guerra civil cuyo objetivo era reinstaurar un gobierno injustamente derrocado y la vuelta a la constitucionalidad, lo que se complicó con la odiosa, injustificable e inadmisible intervención armada de los Estados Unidos, pero no fue una lucha por las libertades.

 

El proceso de transición a la democracia que tuvo lugar entre mayo y diciembre de 1961, unificó a todo un pueblo en busca del ideal de libertad. Y ese hecho no ha recibido ni la atención ni el reconocimiento que merece.

 

Entes de decisión y forjadores de opinión, se han encargado de dar o restar categoría a los actos patrióticos, con lentes muchas veces opacos.

 

A algunos de nuestros patricios, por decirlo así, se les exalta como si no hubiera habido valores de envergadura similar o más elevada en cualquier tiempo histórico transcurrido, repitiéndose con monotonía necia un ceremonial de honores en su memoria, mientras otros emblemas de la dominicanidad son bajados de sus pedestales.

 

A otros se les levanta tal vez por encima de lo que una consideración objetiva y desapasionada pudiera consentir.

 

Y a otro grupo parecería que se le menciona solo para cumplir con un ritual, con excepción de lo que ha venido ocurriendo en localidades específicas, como es el caso sobre todo de Moca, en la que el orgullo local respaldado por la consciencia histórica de sus autoridades, les ha brindado un reconocimiento cónsono con la magnitud del hecho patriótico en que participaron.

 

Podrá argumentarse que no es así. Pero eso es lo que mucha gente piensa. Y lo que familiares que han arrastrado el dolor de haber perdido a sus seres queridos inmolados por el ideal libertario, sienten en lo más hondo de sus fibras.

 

No es justo que los integrantes de la gesta del 30 de Mayo, que derribaron las cadenas del terror, hicieron gala y exhibición de desprendimiento y pureza de ideales, purificaron su pasado con el martirio y la ofrenda de sus propias vidas, tan humano como el que más, sean tratados en forma tan tibia.

 

A modo de ejemplo, ni siquiera se ha sugerido y mucho menos decidido que sean llevados sus restos, o su recuerdo en forma de cenotafio, al panteón nacional, como si el ajusticiamiento del tirano hubiera sido un acontecimiento menor.

 

Hay algo que nunca nadie podrá borrar: la estatura del episodio del tiranicidio se relaciona directamente con la dimensión de sus resultados, pues cambió para bien y para siempre el modo de vida de los dominicanos. E hizo posible que el pueblo a su vez reaccionara como protagonista en ese discurrir hermoso e irrepetible de la conquista de la navidad con libertad en 1961.

 

No puede olvidarse que fue una parte de la clase instruida la que, seducida por los mecanismos del poder, elevó en el pasado a los tiranos a categorías demoníacas. Y es una parte importante de esa misma clase que no ha aprendido lo suficiente de sus propios errores, la que ha estado acomodando la escala de valores colectiva a su propia óptica e intereses políticos.

 

Un pueblo que no valora en su justa dimensión a quienes sacrifican vida y propiedades en busca de la libertad, está condenado a recrear los episodios de envilecimiento colectivo y terror característicos del pasado ominoso. Es importante que se produzca un punto de inflexión para evitar que el país vuelva a caer en algún momento en la dependencia de algún “predestinado”.

 

Basta ya de fabricar estaturas articuladas en función de la óptica política. El país requiere ejemplos de grandeza y sacrificio, a ser emulados, no de acomodo a conveniencias y circunstancias. ¡Loor y gloria al 30 de Mayo!

Share.

About Author

Leave A Reply