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Condeando con Hans Wiese en los 40

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El Conde con Meriño en los años 40.

El Conde con Meriño en los años 40.

DIARIO LIBRE / 17 DE MAYO DE 2014 / POR JOSÉ DEL CASTILLO

 

El relato de Hans Wiese Delgado acerca de El Conde de los años 40, reseñado en su primera parte en la columna del sábado pasado, alcanzó hasta la emblemática Casa Baquero Hermanos, en los bajos del edificio homónimo, que revolucionó el despacho de su surtido inventario, que incluía ferretería, artículos sanitarios y eléctricos, utensilios domésticos, cristalería, loza y vaji lla completa, con un sistema que facilitaba el servicio a los clientes, fascinados por los vagoncitos aéreos. Ubicado en ese punto, nuestro relator continuaba su recorrido memorioso.

 

“Siguiendo hacia el Este, por la acera norte de la calle El Conde, estaba en la esquina Hostos una tienda llamada Santo Domingo Elegante. Al lado vivía don Jacinto B. Peynado y doña Cusa, los padres de Enrique Peynado Soler, quienes más tarde se mudaron a la Avenida Pasteur esquina Casimiro de Moya. Después había una casa de tres pisos donde vivía el Sr. Armando Ortiz con su familia. Don Armando, gran munícipe banilejo, fue síndico de la capital por muchos años e inspeccionaba todos los barrios a caballo en esas épocas pasadas, leyendo desde el lomo del mismo las proclamas que hacía la Sala Capitular. Años después los síndicos de la capital fueron designados por Trujillo con el título de presidentes del Consejo Administrativo del Distrito Nacional y recuerdo entre ellos a don Virgilio Álvarez Pina, Modesto Díaz Quezada, Luis Amiama Tió y Tomás Báez Díaz.

 

“Después de la casa de don Armando Ortiz, estaban la vieja Joyería Di Carlo y la antigua Joyería Prota que quedaban frente al Ayuntamiento del Distrito, alojado en el Palacio Consistorial con su famoso reloj público (ambas levantarían suntuosos edificios propios en El Conde entre José Reyes y Sánchez, y entre Duarte y 19 de Marzo, respectivamente). Recuerdo que en 1941, cuando comenzó la campaña electoral para el período 1942-1947, don Pascual Prota puso un cruza-calle que iba desde los altos de su prestigiosa joyería al Palacio del Ayuntamiento, que decía: “Seguiré a caballo”. Aquella famosa expresión que le dijo Trujillo a los que fueron a visitarle a la Hacienda Fundación, a pedirle que aceptara ser postulado de nuevo a la presidencia de la República, de la que había estado alejado entre 1938 y 1942. Trujillo distinguía mucho al correcto comerciante y joyero don Pascual Prota, padre de Demetrio y en honor a quien lleva el nombre el famoso establecimiento Demetrio Gourmet, de Pascualito.

 

“Bajando la Arzobispo Meriño, se encontraban frente a la Catedral el Teatro Capitolio y el Hotel Fausto, propiedad del señor Wilfredo Benítez. En El Conde, frente al Parque Colón, se hallaba en la esquina Arzobispo Meriño un restaurant chino y al lado del mismo, en la Meriño, otro bar restaurant llamado El Gato Negro. También, frente al Parque Colón, la farmacia de don Juan Marrero, el Colmado Asturias y el Hotel Colón.” En ese sector operaba el Café Restaurant Capitolio, del León Lee & Co., con helados, licores, dulces y “comidas a todas horas”.

 

“En la esquina Isabel La Católica se ubicaba la Imprenta y Papelería McFarlane. Allí su propietario, acompañado de sus hijos Elena, Jimmy y Hugo, servía a sus clientes con los mejores trabajos de imprenta, encuadernaciones, y sellos gomígrafos. Al costado de la imprenta, en el Palacio de Borgellá, estaba el Senado y al lado de éste la Cámara de Diputados. En el Palacio de Borgellá se juramentó como Presidente de la República el entonces general Rafael Leónidas Trujillo Molina, el 16 de agosto de 1930, quien subió al Senado por una larga alfombra roja que iba desde el Parque Colón hasta la entrada del recinto senatorial cruzando la calle Isabel La Católica.

 

“En la otra esquina, frente a la Imprenta McFarlane, se encontraba la Ferretería Read, propiedad de don Francisco Martínez Alba (Paquito). Prosiguiendo hacia el este, en la cuadra entre Isabel La Católica y la calle Colón (hoy Las Damas), estaba la Dirección General de Rentas Internas. Frente a la misma, el salón de exhibición de la Dominican Motors Company, empresa de Francisco Martínez Alba, cuyo administrador general era don Manolín Alfaro. Al otro lado de la calle estaba el depósito de cadáveres de la Universidad de Santo Domingo, donde bajo las enseñanzas del Dr. Heriberto Pieter, el Dr. Benzo, el Dr. Nicolás Pichardo y el Dr. Capellán, los estudiantes de medicina tenían sus prácticas de disección. Cuando la universidad fue trasladada a su actual sitio, el recinto fue ocupado por el Instituto Cartográfico Militar. Al frente, el periódico El Caribe, en El Conde #1.”

 

Un repaso al diario La Nación en 1940, dirigido por Fello Vidal, permite agregar otros negocios a partir de inserciones publicitarias. Retomando el punto allí donde lo dejó nuestro admirado cartógrafo, hallamos la Caribbean Motors Co., también de Paquito Martínez, hermano de doña María, entonces con salones de exhibición en EC con Colón. Regenteada por Manuel Resumil Aragunde -empresario español que ocupó la secretaría de Industria y Comercio y sería instrumental en la inmigración peninsular promovida tras la visita de Trujillo a España en 1954-, distribuía los autos Nash, Packard y Willys, gomas Goodyear, baterías Prest-O-Lite, motos Harley-Davidson, camiones Fargo y las neveras Kelvinator. Luego con moderno local en la 30 de Marzo, en San Carlos. Próximo, EC 5, funcionaba la Agencia Casanova.

 

La aludida Ferretería Read ofrecía materiales de construcción, “las mejores pinturas del mundo”, equipos de oficina, implementos agrícolas, utensilios domésticos, equipos de carpintería, plomería y náuticos, quincallería, a “los precios más bajos”, movida más tarde a Bolívar y Julio Verne. La Lotería Nacional -“la solución de su problema al alcance del bolsillo”-, tiraba el 1er premio de $8,000, el 2do de $1,000 y el 3ro de $500, bajo el exordio mágico “!Salga de pobre!”. En el Ateneo Dominicano, trasladado al antiguo local del Club Unión en la esquina Hostos, se constituía el capítulo local de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos: presidente Fabio Fiallo, vice Pedro Troncoso S., sec. general Pedro R. Contín Aybar, tesorera Abigaíl Mejía. Vocales Delia Weber, E. Rodríguez Demorizi, Juan Bta. Lamarche, Ángel Botello, Dr. José Enrique Aybar, Lic. Manuel A. Amiama, Homero Henríquez, Joaquín Salazar, Héctor Incháustegui C., Ramón E. Jiménez, Lic. Virgilio Díaz Ordóñez. A unos pasos de allí, en el EC con 19 de Marzo, el Salón Fígaro proclamaba su condición de “barberos artistas”.

 

En EC 54 y en la Avenida Mella 50 La Castellana disponía de zapatos para niños “adaptables a los dedos del pie”. Mientras El Encanto de Najib Azar e hijos, mayorista/detallista de tejidos y ropa establecido en 1899, situado en el ángulo EC 80 con Santomé 57, destacaba su “especialidad en artículos de lujo y novedades de calidad”. La Sastrería Marión, que ocupaba la otra esquina en la acera norte al cruzar la Santomé, auto designada “el centro de la elegancia de esta ciudad”. La Rosnan se anunciaba en La Nación con zapatos de damas. Forestieri & Co., en EC 55, resaltaba sus casimires ingleses y driles de hilo. Y la Sastrería Roma, EC 32, consignaba “grandes existencias de casimires y driles”, así como “trajes-sastre para damas”. En el otro extremo, Isabel la Católica 36, la Casa Dore -más tarde frente al parquecito Duarte- ofrecía efectos para caballeros con especialidad en sastrería.

 

En la esquina con Meriño funcionaba el Café La Cabaña de Diómedes Aquino. En EC 23 Jaime Joa mantenía el Café Restaurant Habana, frente al reloj público. En 1940 la casa comercial F. Gerardino anunciaba su traslado al nuevo Edificio Copello, terminado un año antes, donde se instalaría también la Secretaría de Educación y la Tabacalera de Anselmo Copello. En esos días se notificaba en la prensa que se instalarían 32 letreros lumínicos con la cooperación de la Comisión de Embellecimiento de Ciudad Trujillo. Identificándose como “el más suntuoso” de la ciudad, Paris Dancing, cuya localización no aparece en el aviso, pasaba a nuevos propietarios, Oller y Luengo.

 

El material fotográfico de los 40 sitúa en EC a la Ferretería Domínguez, la Casa Nadal, El Pensamiento, El Ángel. A la RCA Communications en el Edificio Diez. La Sociedad Industrial Dominicana con su aceite Fundador, Rocco Capano con las pastas Catelli. Nemen N. Terc, entre otras líneas, representaba la Tenería Sta. Bárbara con suelas, oscarias y cordobanes.

 

Sito en EC 108, el Hotel Dominicano hay que sumarlo a los referidos Colón y Fausto. Junto al viejo H. Francés en Mercedes y Meriño, operaban los hoteles Palace en la E. Tejera, Cosmopolita, Moderno, Universitario, Central, Nacional, 19 de Marzo (Victoria), Presidente (Europa, en el km 0), República en la 30 de Marzo, Gran Vía, Hostos, Baleares, Habana. El Hotel Libanés alojaba en 1943 a los comerciantes Eduardo Risk y Jacinto Dabas. Mientras el América, hoy parte del Hostal Nicolás de Ovando, recibía a don César Herrera Cabral y a su hijo Fabio. Otros alojamientos incluían la pensión de madame Senior, la Sans Soucí y una encima de La Opera, los bungalows del Hotel Gascue de Poupe Soler y Ricardo Molinari, anejos al Golfito Tenis Club.

 

Y lo máximo, el Jaragua inaugurado -como el Matadero Industrial y el Mercado Modelo- el 17 agosto de 1942 con gerencia americana, destinado a atraer el gran turismo, en el marco de los actos de toma de posesión del presidente Rafael L. Trujillo el día anterior. Una joya de la arquitectura obra de Guillermo González, demolida a mitad de los 80 contra viento y marea.

 

Quico Caro, quien desde los albores del siglo abastecía de buenos panes a los capitaleños, promovía en cintillos publicitarios su oferta alimenticia que rezaba así: “El pan nuestro de cada día, dádnoslo hoy”. Y quién mejor que Quico para auxiliar a Dios en la tarea. Siendo él una verdadera y laboriosa “masa de pan”.

 

jmdelcastillopichardo@gmail.com

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