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El mito del Black Jak*

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El_mito_del_Black_JakDIARIO LIBRE / 10 DE MAYO DE  2014 / POR FEDERICO JOVINE RIJO

El seis de febrero de 1973, la República Dominicana amaneció militarizada. La noche anterior, las FF.AA. habían informado que el país había sido objeto de una incursión guerrillera. Lo que nunca dijeron fue que Caamaño era el que había entrado por Caracoles. Dijeron -eso sí- la cantidad de hombres desembarcados, como si el expreso fin fuera sembrar duda. Entre el desconcierto, la incredulidad y una bien administrada dosis de terror psicológico, la indefensión y la apatía se impuso.

En la mentalidad de Caamaño, él se veía a sí mismo como la principal baza de la empresa guerrillera. Jugó y apostó al hecho consumado como detonante de procesos de movilización y cambios. Era el foquismo llevado a su interpretación más extrema. Muerto Caamaño y desarticulada la Guerrilla, sólo el Black Jak quedó como mudo testigo del acontecimiento, por lo que en la espera de que el tiempo desentrañara los detalles, el barco alcanzó categoría de mito. El pueblo no conocería la historia. sino hasta 1980, cuando Hamlet Hermann publicó el libro “Caracoles: la guerrilla de Caamaño”.

“Nunca se sabrá la verdadera historia hasta que los cubanos abran sus archivos”, me dijo Elizabeth Burgos, -casi con las mismas palabras que utilizaría Sagrada Bujosa-, pero lo cierto es que cada gobierno se dota de la política de clasificación de documentos que entienda que le es favorable.

Sacando la mitad de la historia-la de los cubanos- quedan las fuentes locales y, de ésas, la mitad de la historia la manejan los militares. De ellos, el Gral. Pérez y Pérez nunca ha dicho nada (es “un guardia viejo”); el Almte. Ramón E. Jiménez ha dado su versión, -al igual que en vida el Gral. Beauchamp- y en todo caso, ambos nunca tocaron el tema previo al desembarco.

Entonces, la historia oficial es aquella que se ha construido sobre el testimonio (oral y escrito) de quienes matemáticamente sólo poseen un 25 % de la información total.

Esa historia cuenta que nueve combatientes salieron de La Habana hacia Guadalupe (por diversas rutas que pasaban varios países, disfrazados, con diferentes pasaportes, divididos en cuatro grupos, lo que aumentaba probabilísticamente el riesgo de una detención) a continuación abordaron el Black Jak y enfilaron directamente hasta Caracoles.

La historia del Black Jak tiene sus lagunas, y en ella hay dos detalles reveladores que constituyen baches narrativos, a saber: las armas y el bote de goma.

“La ruta trazada establecía dirigirse directamente desde Guadalupe hasta la Bahía de Ocoa”, [HERMANN “Caracoles”, 1980, 23; “Francis Caamaño”, 1983, 433; RIUS y SAENZ, “Caamaño”, 1984, 310] destacándose que “La navegación entre Guadalupe y RD duró siete días” [HERMANN y MATOS, 1989, 45] testimonio que es reiterado una vez más en “Caamaño, Coronel de Abril, Comandante de Caracoles” [HERMANN, 2000, 449].

Sin embargo, 28 años después, Hermann narra un episodio que no había sido mencionado en ninguno de los relatos anteriores: la obtención de las armas. La historia inicial cojeaba en ese punto: la idea de nueve hombres en un puerto francés que abordan un velero, y aparecen siete días después en una playa armados con fusiles, etc. Este lapsus calami, es salvado con la revelación de que “además teníamos que hacer una parada operativa en Isla Aves, lugar donde había sido enterrado con cuidadosa protección el armamento” [HERMANN, “El Fiero”, 2008, 246] argumento que se reitera en 2013 [HERMANN “Francis Caamaño: Biografía de una época”, 2013, 416].

El hecho de que en los libros publicados en 1980, 1983, 1984, 1989 y 2000, en ningún momento se mencionara la parada en Isla Aves, puede indicar que ese detalle se olvidó, o bien que fue incorporado después -ex profeso- como complemento de una historia incompleta. Por demás, el propio Hermann reconoce que la isla “apenas aparecía en la carta náutica…”, por lo que “el navegante del Black Jak no tenía margen para la mínima equivocación” [HERMANN, 2013, 416]. Es decir, 28 años después, no sólo aparece una isla en el relato, sino que es un promontorio de arena de apenas 0.045 km_ que debe buscarse a punta de sextante y astrolabio. Semejante proeza de navegación no puede ser realizada por alguien que no haya sido capaz de ubicar con precisión la isla Saona -que sí aparece con sus 110 km en la carta náutica- y derivar 45 grados sin rectificación posterior (en este punto el relato cambia, ya que en las primeras ediciones de 1980 y 1983 no se hace mención relevante de alguna disconformidad, en cambio, en 2013, Hermann indica que haría las anotaciones de la deriva “para dejar constancia de la modificación con la que no estuvo de acuerdo” (HERMANN, 2013, 417).

Con relación al bote goma, es importante señalar que sobre la base de las diferentes versiones escritas, se puede llegar inequívocamente a las siguientes afirmaciones: 1-Los adquirientes del bote de goma, desde el primer momento sabían que su capacidad era de ocho personas; 2-Caamaño tuvo conocimiento de esta situación desde antes de abandonar Guadalupe (le fue comunicada por Hermann); 3-Caamaño tuvo la oportunidad de montarse varias veces en el bote antes del desembarco (en Port Luis y cuando se desplazó ida y vuelta desde el barco hasta Isla Aves en busca de las armas); 4-Caamaño por lo tanto sabía que su escuadra era de 9 hombres, y que la capacidad del bote era de 8 personas; 5-Sobre el planteamiento anterior, es poco creíble pensar que luego de siete días de navegación, Caamaño llegara a la conclusión de que la lancha era muy pequeña, y que no podrían trasladarse a la playa en único viaje -tal como lo habían planeado-, justo antes del momento del desembarco. Cuesta creer que “esta limitación no fue detectada cuando buscaban la “entrega especial” en Isla Aves” [HERMANN, 2013, 419].

Un cuestionamiento a estas premisas, -el que Caamaño tenía conocimiento previo acerca del tamaño del bote- lo hace el propio Claudio Caamaño, cuando indica, refiriéndose al momento del desembarco que “después que están las nueve mochilas, comienzan a bajar los compañeros. Cuando hay siete compañeros el bote comienza a hacer agua. El bote era mucho más pequeño que en el que habíamos entrenado en Cuba. ¡Y Hamlet no dijo nada!, ¡Ahí fue que nos enteramos!” [Entrevista. Noviembre 2012]

Estas lagunas narrativas nos hacen llegar a una posible conclusión: el Black Jak nunca zarpó con Caamaño y sus ocho compañeros desde Guadalupe hasta Caracoles. El objetivo de la historia era exculpar al Gobierno Cubano de cualquier responsabilidad en la organización del proyecto. En el fondo, más que una historia destinada a los Servicios de Inteligencia Dominicanos o la CIA, el consumidor final de la “leyenda” probablemente lo serían los rusos.

Es plausible pensar que la compra del velero tuvo lugar en la forma indicada, y que hizo la ruta directo hasta un punto de encuentro fijado en el Caribe, en donde Caamaño y sus hombres hicieron el trasbordo desde el buque nodriza que los llevó al encuentro. (Regis Debray habla de que un tal “Dermidio Escalona que acompañó a Caamaño a Santo Domingo…” [DEBRAY, “Alabados sean nuestros señores” 1996, 80]).

Esta hipótesis se fundamenta en tres elementos:

1-La afirmación de Dariel Alarcón (Benigno) que indica que “el General Pascual Martínez Gil, los hermanos Tony y Patricio de la Guardia, los compañeros Estebanel, Tenjido y yo mismo acompañamos hasta las proximidades de Santo Domingo al Coronel Francisco Caamaño Deñó y sus hombres. Los dejamos a ocho kilómetros de la costa, frente al punto señalado donde debían desembarcar, y de allí continuaron hacia la costa en otro barquito” [ALARCÓN “Memorias de un soldado cubano”, 2003, 218];

2-Planteamiento que no contradice, más bien complementa el supuesto de que “Antonio de la Guardia regresó a Cuba en octubre 1972”, y fue encargado de “planificar, organizar la infiltración en las costas de la República Dominicana del Coronel Caamaño y su grupo”, y “si se hubiese producido uno de los planes alternativos originales y Tony acompañaba a Caamaño, el otro éxito hubiera sido su retorno a puerto seguro en Cuba” [FUENTES, “Dulces guerreros cubanos”; 152 y 457];

3-Las pistas sueltas que se encuentran en las notas escritas por el propio Caamaño en su Diario: a- En octubre inicia el proceso de preparación de la infiltración (señalado por FUENTES), información que coincide con el hecho de que la primera anotación de 1972, se hace el ocho de octubre y el día nueve se indica como “Primera Fase. Planes Operativos”, destacándose que “la segunda fase dará paso a la materialización más concreta de la ejecución operativa y de entrenamiento”; b-La tesis de Benigno, -la del trasbordo- se refuerza por la entrada del 24 de octubre, cuyo ordinal 5 establece que ese día se hizo “Ejercicio marítimo de encuentro, etc. Desembarco”, planteamiento reforzado con la entrada del cuatro de noviembre: “1. Preparación para realización de ejercicio completo a partir del jueves 2-11-72 – 8-11-72. Objetivos .Realizar ejercicio similar en todo lo posible a lo que realizaremos en el Plan Sto. Dgo. comprobando nuestras condiciones objetivas. Este constará de los siguientes aspectos. 1. Encuentro en alta mar con buque cubano”… (Los dos subrayados anteriores son nuestros);

Así pues, no resulta descabellado dar credibilidad a las otras versiones existentes, toda vez que: 1-En el caso de Benigno, si bien es cierto que había sido uno de los entrenadores de Caamaño, estableciéndose entre ambos una franca amistad -al día de hoy, Benigno me confiesa que “Francis Caamaño es una de las personas más dignas y admirables que he conocido en toda mi vida”, [Entrevista, Diciembre 2013]-, no deja de ser relevante el hecho de que una vez abandonara Cuba y se exiliara en París, su libro constituye un relato de toda su vida, en la cual Caamaño es mencionado en 5 páginas; 2-De la misma manera, Norberto Fuentes era un escritor del régimen, alguien de adentro, y entre sus muchos libros, en sólo uno habla del episodio de Caamaño, (2 páginas). El peso de quienes testimonian, la ausencia de un interés visible con el personaje, el hecho de que la mención del mismo haya sido meramente circunstancial -dentro del contexto de narraciones más abarcadoras-, no hace sino dar credibilidad a sus afirmaciones. De igual manera, las contradicciones entre los relatos de Claudio Caamaño y Hamlet Hermann, obligan -por respeto al rigor-, a una revisión exhaustiva de la historia.

Los planteamientos anteriormente señalados tienen como fin, -más que poner en duda la verosimilitud de la historia del Black Jak, o denigrar a quienes participaron en la empresa-, intentar que todos los elementos que constituyen la historia sean conocidos.

Creo que la figura del Coronel Caamaño, Presidente Constitucional de la República en 1965, ha sido el momento más alto de la dignidad nacional en el siglo XX. Cuestionar sus actuaciones posteriores no lo deslegitima, toda vez que las mismas nunca estuvieron al servicio de los intereses que históricamente han refrenado el avance y progreso de nuestro pueblo.

Ahora, a 41 años del trágico desembarco, el Black Jak se yergue majestuoso frente al Museo del Hombre Dominicano, esperando que alguien cuente su historia a los incautos turistas que deambulan por la Plaza de la Cultura o a los niños y niñas de colegios y liceos, que más que importarle la historia del barco y de sus hombres, lo que anhelan con todo su corazón es poder subir a su cubierta para a que le cuenten otra historia, esta vez una de piratas.

Si, sin lugar a dudas, tal como dijera Hermann, “La verdad histórica, es bella”.

A 41 años del trágico desembarco, el Black Jak se yergue majestuoso frente al Museo del Hombre Dominicano, esperando que alguien cuente su historia a los incautos turistas que deambulan por la Plaza de la Cultura.

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