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El Conde Rememorado por Hans Wiese

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Calle El Conde, Ciudad Trujillo 1940.

Calle El Conde, Ciudad Trujillo 1940.

DIARIO LIBRE / 10 DE MAYO DE  2014 / POR JOSÉ DEL CASTILLO

Al iniciar el 2001, Pedro Delgado Malagón acogió en su imprescindible columna Menesteres de la revista Rumbo una densa misiva que le remitiera Hans Wiese Delgado, publicada in extenso en cuatro entregas. Era un minucioso memorial sobre El Conde de los 40, motivado por unas sabrosas notas sobre el tema del arquitecto Manolito Baquero, previamente reveladas en la columna. Espoleadas a su vez por unas crónicas condeanas del genial Giovanni Ferrúa Ll(uberes). En mérito al ejercicio memorioso de esos amigos idos, hoy retomamos su aporte. Siguiendo como guía referencial el registro germánico condensado de Hans. Todo un caballero, dotado de sólida formación profesional y reputada probidad gerencial. Autor por demás de un exitoso libro testimonial sobre la Era de Trujillo. Padre de nuestra Johanna, esposada con el fraterno José Dencil Mera.

 

“Comenzando El Conde por la esquina del Baluarte 27 de Febrero, cuna de nuestra independencia, marchando de oeste a este, paso a decir lo que recuerdo de hace más de sesenta años. En la esquina El Conde con Palo Hincado estaba el Salón Barbería Marión y al frente el Restaurante 1 y 5 de la familia Paliza, donde una tacita de café costaba 5 centavos y una de café con leche (medio pollo) también 5 centavos. Prosiguiendo, en la acera norte, la Farmacia de don Humberto Gómez, quien por muchos años fue Director de Deportes y en cuyo comercio se reunían en tertulia nocturna los deportistas de la época: don Luis Alfau, Rafael David Henríquez, Cuchito Álvarez, Enrique Lantigua, Tirso Valdez, Luis Ernesto Rodríguez (Burrulote) y muchos más. En la misma cuadra, la Farmacia de don Alfredo Rodríguez Oca, con muchos potes de porcelana que indicaban su contenido y unos bellos frascos de aguas de distintos colores.

 

“Pasos más adelante, un local donde vendían las corbatas Milito-Sello de Oro y los trajes apéame uno, que no eran hechos a la medida sino fabricados en serie. Los parroquianos, sin medírselos, le decían al vendedor, ‘apéame uno’, pues colgaban en ganchos casi al nivel del techo. Al lado, en la esquina Espaillat, se hallaba la famosa Sastrería Cheij de una familia de libaneses que vivía en la Avenida Bolívar esquina Mariano Cestero. Su hija se llamaba Fadua y su hermano se graduó de médico y marchó a los Estados Unidos. Al frente, la Curacao Trading Co., compañía holandesa que traía las bicicletas Rudge y operaba la aerolínea KLM. Caminando hacia el este, entre Espaillat y Santomé, se encontraba la Casa Gerardino, famoso negocio de efectos eléctricos del comerciante puertorriqueño Federico Gerardino, quien vivía donde hoy está la sede principal del Partido de la Liberación Dominicana.

 

“Entre Santomé y Sánchez, la tienda de Cusa Pardo y al frente los Helados Sanlley, los mejores de la época en toda la capital, fabricados en garrafas-sorbeteras recubiertas en el interior con hielo y sal en grano para llevar la temperatura a varios grados bajo cero y emulsionar así el helado. El local tenía unas cinco o seis mesitas con sillas vienesas muy hermosas y cómodas. Esa y otras casas más colindantes fueron demolidas para levantar el moderno Edificio Copello, inaugurado en 1939. Al frente, la Farmacia La Legalidad en cuya puerta, en las tardes, se estacionaban los mellizos Hernández-Santana, quienes vestidos exactamente iguales confundían a cualquiera, pues no se sabía cuál era uno y cuál el otro. Años después del 40 marcharon al exilio hacia Puerto Rico, donde tuve oportunidad de saludarlos de nuevo el 20 de enero de 1955 en el afamado restaurante La Mallorquina, en San Juan, mientras almorzaba con don Henry William Gronau (don Jaime) y don Carlos E. Chardón (primer rector local de la Universidad de Puerto Rico), quienes me los presentaron sin saber que yo los conocía.

 

“Prosiguiendo por El Conde de entonces, se encontraba en la esquina Sánchez el Colmado Munné, luego Elah. Su dueño, español, casó con la exquisita dama dominicana Francia Gautreaux con quien procreó bella familia. Al frente, la tienda de fantasías de las Supúlveda. Más allá, se ubicaba el diario La Opinión de René de Lepervanche, quien tenía un magnífico staff de redactores, en tiempos difíciles, cuando una sola mano de hierro con su índice extendido marcaba el camino a seguir. Entre los reporteros, recuerdo al brillante redactor de sociales don Fernando Amiama Tió. Igualmente a un señor llamado Franzuá, quien nos entregaba el vespertino. Era gran entretenimiento para los jóvenes como yo, ver desde la acera las grandes rotativas imprimiendo el diario, así como a los linotipistas fabricando en plomo los tipos y cuadrándolos en lo que serían sus planas.

 

“Después de La Opinión, en la misma acera, estaba la Librería de don Francisco Carías y doña Nelly Dominici, progenitores de una larga familia de profesionales. En la esquina José Reyes, la familia de don Fello Esteva construyó un bellísimo edificio que ocupó en su momento la Lotería Nacional de don Mon Saviñón Lluberes (y la propia R.Esteva & Co.). Tras cruzar la José Reyes, la Casa Palamara, tienda de los mejores tejidos de telas para caballeros, procedentes de Italia, Inglaterra e Irlanda. Allí adquiríamos el tergal inglés, el dril blanco presidente y los más finos casimires. Al frente se hallaba la oficina de la Compañía Eléctrica de Santo Domingo, cuyo jefe era un señor Calero. Seguida por la tienda de zapatos La Gloria y en los altos la familia Olalla. Luego de la Casa Palamara, en la misma acera, había otra Librería cuyo nombre no recuerdo (el primer local de Amengual en El Conde, antes de cruzar a la acera sur). Y en la esquina 19 de Marzo una famosa tienda de antigüedades de don Andrés Pérez.

 

“Al frente de esta tienda fue construido, antes del 30 (1924), el Edificio Cerame que alojó la famosa Casa Cerame, hoy Flomar, cuyo principal ejecutivo Sr. Madrid hacía galas de finas atenciones a su numerosa clientela. Al lado, bajando la 19 de Marzo, vivía la Srta. Consuelo Nivar-Ramírez, eximia educadora, y su hermana Luisa Nivar de Simpson. Luego de ellas las Tejera. Hacia la esquina residían las Lebrón, frente a la hoy tienda Siglo XX de Raulito Navarro.

 

“Cruzando la 19 de Marzo, en la esquina norte, la Farmacia del Dr. Juan Cohén. Además de los productos farmacéuticos, vendían unos deliciosos pastelitos-morroquitos. Al lado, una casa de dos pisos en cuyos altos tenía su consultorio el famoso otorrinolaringólogo don Emilio Rodríguez Oca, padre del muy brillante profesional de ingeniería Arístides Rodríguez Derrién. Más hacia el este, La Cafetera de don Benito Paliza, lugar obligado de reunión de intelectuales, pintores, literatos e izquierdistas. Ahí se veía a Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Pedro René Contín Aybar y otros más. En años subsiguientes, eran consuetudinarios contertulios Víctor Villegas, Lupo Hernández Rueda, Fefé Valera Benítez, Ciriaco Landolfi y otros destacados intelectuales. Frente a La Cafetera estuvo años más tarde del 40 la conocida Joyería Prota, propiedad del bien reputado don Pascual Prota, y la farmacia de Lolón Guerrero.

 

“En la acera sur, frente a la Farmacia de Cohén, se encontraba el muy acreditado Restaurant El Ariete, reconocido por la calidad de sus comidas y las frías cervezas que allí servían. Eran asiduos ‘tomadores de cerveza’ los hermanos Pirín y Buchuno García. Uno de los mozos que trabajaba allí era Monchín, quien muchos años después, en las décadas del 60,70 y 80, servía en la Barra Payán de la 30 de Marzo. Al costado de El Ariete se situaba la Casa Bayer, firma importadora de productos medicinales de la firma alemana de Leverkusen y de la cual era mi padre su gerente general del 30 al 40. Al lado, la farmacia San Antonio del Lic. René Rodríguez Oca, padre del Ing. Eduardo Rodríguez Shack, de Isabel y Millín. Más allá, la Barbería Cibao-España Esmero de un señor llamado don Pedro. Allí conocí al oficial del Ejército Nacional Máximo Bonetti Burgos, de importante actuación en los días de la expedición del 14 de junio del 59.

 

“Cruzando la calle Duarte, la famosísima tienda de tejidos La Ópera de la familia Ramos. Sus hijos Tirsín, Maritere y demás hermanos, siguieron el negocio de sus consagrados padres. Luego, calzados La Favorita, en el primer piso del Edificio Diez. Las demás plantas ocupadas por oficinas de abogados, consultorios dentales, y las superiores por la familia Diez, dueña del edificio. Recuerdo a dos bellas hermanas, una de ellas casó con el Dr. Gassó de La Vega, padres de Maribel. A seguidas, una vieja casona de dos pisos. En los altos estuvo el Club Unión, desmembrado por Trujillo. Allí le dieron ‘bola negra’ al solicitar su ingreso siendo ya brigadier general. A consecuencia, posteriormente fue asesinado don Nino Gómez, su presidente. El hecho ocurrió en Mercedes esquina Duarte, en casa del correcto ciudadano alemán John Abbes, abuelo de quien sería temido jefe del SIM a final de los 50 e inicios de los 60.

 

“Debajo del club funcionaba el Restaurante Hollywood, propiedad de don Quico Pou, acreditado por su ‘cocina gourmet’ y la fría cerveza alemana en barricas. En la esquina sur, el Edificio Baquero, en cuya planta de calle operaba la Ferretería homónima, el primer comercio que utilizó el sistema de enviar las facturas y su valor en efectivo desde cualquier departamento hacia la caja, mediante carritos sostenidos en el aire. Baquero y Diez fueron pioneros en ascensores eléctricos, una novedad en esos tiempos. Entre Baquero y Morey, la Joyería Oliva, de don José Oliva, jefe del Cuerpo de Bomberos. Sus hijos José (Olivita), coronel del E. N., Víctor y Silverio. Además de relojes y joyas vendía escopetas, revólveres, pistolas y municiones. Recuerdo allí a los entrañables cazadores Bocico Bonetti y Luis Amiama Tió, clientes fijos”.

 

En los bajos del local que ocupó el 14 de Junio, funcionó la Sastrería Londres de A. Staiman, un empresario promotor del asentamiento judío de Sosúa. Quien en diciembre de 1940 deseaba a sus clientes “felices Pascuas”, en espacio publicado en La Nación.

 

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