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El literato Miguel Ángel Garrido

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Calle Miguel Ángel Garrido, en el sector Los Prados

Calle Miguel Ángel Garrido, en el sector Los Prados

HOY / 24 DE NOVIEMBRE DE 2013 / POR ÁNGELA PEÑA

Fueron los 41 años de vida más intensos. Además de ser maestro, periodista, escritor, poeta, historiador, ejecutivo de medios de comunicación, fue revolucionario, político combativo que pasó su corta existencia “maldiciendo a los déspotas”, enfrentando a los tiranos. Perseguido, encarcelado, exiliado, fue soldado en la guerra y en la prensa, hostigando enemigos e intrusos con el fusil y con la palabra. Y tanto en las letras como en la política se distinguió por su heroísmo, valor, responsabilidad, entrega.

“Miguel Ángel Garrido no es, como Martí, la revolución; no es, como Uribe, el combate. Miguel Ángel Garrido es más aún: es la Historia”, escribió José Manuel Poveda en la revista Ateneo, en 1910.

Casi todos cuando han escrito sobre él lo exaltan por su arrojo, inteligencia, patriotismo e indiscutible talento. Algunos destacan al perseguido, encarcelado, al soldado que luchó con vehemencia en las revueltas de “Concho Primo”, que publicó en temerarios artículos la desventura que representaba Ulises Heureaux para la República. La mayoría ha preferido adentrarse en sus escritos y estilo y ponderar sus famosas “Siluetas”, libro de más de 200 páginas que en su época se agotó con rapidez. Entonces, y después, ha sido reeditado por la envergadura de las biografías que contiene.

Por la faceta del literato, fue que Joaquín Balaguer lo consideró merecedor de la calle de Santo Domingo que lleva su nombre.

Está pendiente, sin embargo, rescatar la decidida actuación del luchador por la libertad, al patriota, como le llama Abigail Mejía. Vetilio Alfau Durán recoge una parte en fichas inéditas. Garrido estuvo preso en 1906; en 1903 tomó las armas en defensa del gobierno; el año anterior “fue de los partidarios del 26 de abril contra Jimenes y fue con las tropas que partieron hacia Azua a rendir al gobernador Despradel como secretario del general Lico Castillo, jefe de las tropas”.

En 1907 fue detenido en la cárcel pública por causas políticas, consigna Alfau y prosigue: “Entre los muchos capitaleños que salieron de aquí para ir a engrosar las filas de la revolución en el este, hemos saludado ayer a Miguel Ángel Garrido”, reproduciendo un suelto del Listín Diario del 3 de mayo de 1902. En la víspera “entró triunfante la revolución del 26 de abril”.

Garrido fue administrador de Hacienda en el gobierno de Carlos Morales Languasco quien lo nombró después profesor-secretario de la Escuela Normal de Santo Domingo.

Julio Jaime Julia apunta en sus “Páginas de Miguel Ángel Garrido” que el notable pensador e investigador histórico fue secretario particular del presidente Juan Isidro Jimenes a comienzos de su mandato.

Entre 1897 y 1898 viajó a Venezuela en expatriación voluntaria “para respirar aires de libertad” y allí colaboró con la prensa de Caracas.

Las campañas que le costaron mayor persecución fueron las que libró contra el tirano Ulises Heureaux y la Convención Domínico-Americana de 1907. Le encarcelaron en más de una ocasión “y siempre soportó con un valor espartano”, manifiesta Julia.

Joaquín Balaguer, quien considera que Miguel Ángel Garrido pertenece a una estirpe de hombres ya desaparecidos tanto del mundo intelectual como político, escribió: “Enemigo irreconciliable de las tiranías políticas, se pasó la vida maldiciendo a los déspotas y predicando ideales de libertad en artículos que tienen estilo de proclama”.

Porque su principal “campo de acción” fue el periodismo, tal como observa Federico Henríquez y Carvajal. Con Leonte Vásquez redactaba el diario “El Imparcial”, fundado en 1896. Colaboró con “Letras y ciencias”, fue jefe de redacción de Listín Diario y dirigió “las dos mejores revistas literarias de su tiempo: Revista Ilustrada (1898-1900) y La Cuna de América (1903-1905)”.

La antología literaria de la Colección Trujillo de 1944 dice de Garrido: “Prototipo del periodista batallador, espíritu justiciero y arrogante, como escritor es desigual, pero pocos le han superado en la gallardía de la frase y en la fuerza y vibración personalísimas que supo dar a su prosa”.

Abigail Mejía le llama “periodista fogoso” y comenta que “sus combates en el palenque de la prensa le condujeron hartas veces a la cárcel; desde cuando mozo aún se atrevía a desafiar la tiranía de Lilís”.

Maestro, literato.

Miguel Ángel Garrido nació en Azua el 14 de mayo de 1866. Julio Jaime Julia afirma que este, y no otro, es el año exacto de su nacimiento. Era hijo de Mariana Aybar. En ninguno de los textos consultados figura quien fue su padre.

Ejerció el magisterio desde la adolescencia “con notable vocación de servicio”. Fue profesor en el Colegio Municipal Progreso, de Montecristi, en el que llegó a director y de los colegios Central y San Luis Gonzaga así como de la Escuela Normal de Bachilleres y Normal de Santo Domingo.

Fungió como presidente de la Sociedad Patriótica Hijos del Pueblo, “que trasladó los restos de Ramón Matías Mella”.

Fue gran crítico literario, ensayista, polemista y costumbrista. “Formado en los principios de la filosofía del siglo XVIII, llevó hasta la abnegación y aun hasta el exceso su liberalismo intolerable”, anota Balaguer y agrega que el estilo de Garrido, “como el de todos los panfletarios que han empleado la palabra como una máquina contra las dictaduras, nos parece hoy intolerable por su pobreza conceptual y por su marcha exageradamente oratoria, pero se olvida que no hacía más que volcar íntegramente en su prosa el contenido de su existencia batalladora y el fuego de su espíritu arrebatado por el torbellino de la pasión política”.

Balaguer quizá responde a Américo Lugo quien consideraba a Garrido “sonoro y gallardo pero incorrecto y superficial” debido a la costumbre oratoria que se refleja en su estilo. El exgobernante lo llama escritor elegante y rotundo.

“Siluetas” está dedicado a su esposa Elisa Mercedes Cestero de Garrido con quien casó el 14 de septiembre de 1889. Vio la luz originalmente en 1902. Una segunda edición es de 1916. Fue uno de las obras entonces más comentadas.

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