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Aportes gays a la cultura dominicana

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ACENTO.COM.DO / 27 DE JUNIO DE 2013 / POR MIGUEL D. MENA

Vivieron en sus barricadas particulares y asumieron la creación de manera vital. ¿Sería comprensible la cultura dominicana sin el aporte de la comunidad homosexual y lesbiana en República Dominicana? Sé que es difícil hablar de “comunidad” en el contexto local, porque ellas y ellos no se reconocieron en grupo alguno, salvo en esa comunidad imaginaria y universal de seres que escogieron vías alternas a la sexualidad oficial.

Pienso en aquellos más cercanos, con quienes cultivé cierto diálogo y ya no están. Pienso en el antropólogo Fradique Lizardo, en el crítico y poeta Pedro René Contín Aybar –el más valiente de todos-, en Luis Alfredo Torres, acabando su vida tan miserablemente. También recuerdo a dos autores esenciales de “La Poesía sorprendida”, Manuel Rueda y Aída Cartagena Portalatín, así como a una escritora que también estuvo rondando por esa época: Hilma Contreras. ¿Y cómo no mencionar al pintor Jaime Colson, entre otros?

Ninguno salió en vida del closet. Sufrieron ciertamente, y algunos hicieron sufrir a muchos otros. Seguramente fueron muchos más.

No serán íconos de nada. No los buscamos. Sólo mencionamos ese aspecto tabú, que a pesar de lo oculto y lo complicado y doloroso que debió haber sido, fue, sin lugar a dudas, un ingrediente dentro de sus respectivos procesos creativos.

Instalados ya en pleno siglo XX, insertos en la autopista de la información, los dominicanos involucionamos. Las prácticas de la exclusión van más allá de lo racional y lo aceptable.

Cada día vivimos más en un país de “no-es” que de “sí-es”.

El papel de la Iglesia Católica es evidentemente contradictorio en este esquema. Mientras aboga por los valores cristianos, el cardenal también honra a un grave acusado de violencia doméstica. Al mismo acusado la Justicia le perdona el pelo, mientras que a otro acusado con la misma acusación –el cantante Vakeró- se le rapa la cabeza como si fuera una naranja. En nuestra palestra política hay homicidas que no pasaron por las cárceles, ladrones de todo tipo, abusadores de todos los grados Fahrenheits.

Exclusiones, contradicciones, vivimos los tiempos de que domina quien tiene más yipeta y saliva y… ¿pelo en pecho?

Leo las palabras del obispo auxiliar de Santo Domingo, monseñor Pablo Cedano, en relación a la reciente nominación del Embajador de los Estados Unidos, James Brewster: “está lejos de nuestra realidad cultural. Tengo la esperanza de que no llegará pero si llega va a sufrir y tendrá que irse” Lo primero es: ¿Cuál es nuestra “realidad cultural”? ¿El machismo y la violación al estilo Trujillo? ¿El pelo en pecho? En relación a la posibilidad del sufrimiento, ¿sufrirá en la Isla? ¿Quién lo hará sufrir? ¿Por qué se tendrá ir? ¿Tiene que amenazar un representante divino con el sufrimiento?

Recuerdo la cara que puso un reconocido director de un periódico dominicano mientras le daba un paseo por Berlín. Le dije: “El alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, es un reconocido gay”. Eso pasó en el 2009. Ahora, el mismísimo Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, incluso anda con su pareja en público. ¿Son los alemanes unos degenerados? ¿Aceptaría el prelado dominicano la visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania?

Podría seguir haciendo preguntas y sacando nombres de la caja, pero en realidad sólo quería  recorda aquellos gays y lesbianas ilustres, sin cuyo aporte sería impensable la cultura dominicana contemporánea, para llamar la atención sobre la necesidad de un mundo más respetuoso y tolerante. Que cada quien decida lo que tiene que decidir, en tanto no violente los espacios del resto. Tanta homofobia en el país dominicano, tanta doble moral, todo apesta.

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