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¿Fue mi padre una víctima inocente del período post-revolucionario?

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Fue_mi_padre_una_victima_inocente_del_periodo_post_evolucionarioEL NUEVO DIARIO / OPINIÓN / 6 DE OCTUBRE DE 2011

Aún resuena en mi mente con suma claridad, la voz del joven canillita, quien anunciaba aquella fría mañana del 7 de Enero de 1966 la macabra noticia de la muerte de mi padre, y a mi madre diciendo “levántate y vístete que vamos para la capital”.

Apenas tenía 6 años, pero entendía claramente que algo terrible había sucedido; las palabras del canillita seguían vigentes: “Matan funcionario de Atlas Comercial”, “Ametrallan sobrino del ex presidente Rafael Bonnelly”.

Lo cierto era que mi padre Orlando de Jesús Bonnelly Bonilla había sido vilmente acribillado a balazos la noche anterior, mientras transitaba por la avenida 27 de Febrero junto a mis hermanos, su madre, y su esposa.

La versión oficial decía que el incidente había sido un caso donde mi padre fue confundido con el oficial constitucionalista Manuel Ramón Montes Arache; decían que el carro pasaba frente a la casa del alto funcionario militar Ramón Emilio Jiménez Reyes y los militares encargados de la seguridad de esta residencia decidieron abrir fuego con metralletas, pistolas, y granadas contra su vehículo.

Lo peculiar de este caso es que los ocupantes de este vehículo nunca hicieron ningún tipo de provocación, ni tampoco representaron una amenaza para los guardianes, ni la residencia que estos protegían y mucho menos para el alto militar.

Los militares en ningún momento persiguieron, interceptaron o mandaron a detener el vehículo, sino que decidieron acribillar a todo el que estuviera allí; en el incidente resultaron heridos mi abuela y mi hermano mayor.

En el vehículo viajaban tres mujeres: mi tía Ana Olivia Bonnelly de Perelló, mi abuela María Bonilla viuda Bonnelly y Elsa Caminero de Bonnelly; mis hermanos Orlando Bonnelly y Rafael Bonnelly, menores de edad, y mi padre Orlando Bonnelly Bonilla.

Lo que me resulta absurdo y hasta sospechoso es que este crimen jamás fue discutido a nivel oficial, pero tampoco a nivel familiar; pareciera como si el incidente hubiera envuelto algún perro callejero de los muchos que recorren las calles de nuestro país, sin dueños que se conduelan de ellos.

Me intriga grandemente el saber por qué la familia Bonnelly o la Caminero, no demandaron una exhaustiva investigación; quizás la pérdida de mi tío Sully Eduardo Bonnelly Bonilla apenas 4 días después, combinado con el temor a la represalias gubernamentales heredadas del régimen Trujillista hayan influenciado en esta decisión. De todas maneras yo propongo que se plantee la posibilidad de investigar este incidente, aunque sea a nivel histórico.

El fallecimiento de doña Elsa Caminero viuda Bonnelly, hace apenas unos días me animó a escribir estas líneas; ella siempre me expresó su inconformidad con la manera en se manejó la muerte de su esposo. Hoy doña Elsa y mi padre Orlando están juntos una vez más; no me cabe la menor duda de que ella finalmente logró lo que siempre anheló, estar al lado de su amado y añorado Orlando. Las circunstancias de la vida se encargaron de separarlos momentáneamente, pero la muerte les devolvió la felicidad de estar juntos por una eternidad.

Doña Elsa que su alma encuentre la paz que le fue robada aquel 6 de Enero de 1966.

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