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Camboy y Primitivo: Una calle al final tiene su nombre

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Camboy Estévez

Camboy Estévez

DIARIO LIBRE / 28 MAYO 2011 / LECTURAS CONVERSANDO CON EL TIEMPO / POR JOSÉ DEL CASTILLO PICHARDO

Suena el fuelle sonoro de un acordeón nostálgico, casi a desgano. Es el maestro Primitivo Santos, quien ha heredado la tradición de Luis Alberti en el uso del acordeón piano en la música dominicana. Ahora llevado este instrumento al nuevo escenario del combo -salve, Cortijo, tan gratificante tu ritmo de bomba y plena con el Maelo soneando-, que se abrió espacio en los años 60 como organización musical más compacta y funcional para amenizar los ambientes bailables. Especialmente las oscuras boites que se multiplicaban excitantes por doquier, dotadas de confortable aire acondicionado saturado de bajo a cigarrillo, logos comerciales de neón, sillas de aluminio y mesitas de formica, con su oferta de chicharrón de pollo, papas fritas con cachú, longaniza con tostones y bolitas de queso fritas. Y por supuesto, mucho ron con cola, hielo y limón partido -caballero, dame mi Cuba Libre- y botellones de cerveza de vidrio verde -sírveme una Presidente bien fría.

Se oye entonces la voz romántica de Camboy Estévez -un fornido mulato de cara ancha y estilo depurado- que dispara suavemente en diálogo con el fuelle sonoro: “Esta calle al finaaaal/ tiene su nombre/ Mi calle errante/ de mi barrio triste/ ya no tiene un farol/ que la ilumine/ Todo es sombra y tiniebla igual que yo/ mi calle triste/ Así vivo yo/ errante y solitario igual que tú/ Una mujer me robó la calma/ se llevó el romance de mi vida así”, se expresa quejoso el cantante, afinadísimo. Un canto que ha acompañado tantas noches de herrumbe sentimental, de nota baja entre corazones en pena. Que ha fraguado lírica con asfalto, errancia existencial con opacidad de vecindario. Tras la huella de la hembra escurridiza objeto del deseo.

En el ambiente libertario que siguió a la caída de Trujillo, en el Hotel Paz (hoy Hispaniola), las parejas aprovechaban el bolero para apretarse, hacerse susurros al oído, el macho besar el cuello ofertante de la hembra encendida en fuego quemante, en el ritual erótico de este abrazo danzante. La luz tenue y los pasos cortos del ritmo reiterativo de la música creaban la atmósfera apropiada en el cuadrante del bolero que cada pareja reservaba para acoplarse. Entonces volvía de nuevo la voz: “Esta calle al finaaaal/ tiene su nombre/por compartir conmigo/ mi sufrimiento/ Ella se fue/ tooodo murió/ todo acabó/ ya nada existe/ Ella viiive igual que yo/ mi calle triste.”

Se trata de un bolero compuesto por Leonel Sánchez con lírica de tango que ha emborrachado de amargue a generaciones desde la década del 60. No sólo en el país, sino entre los latinos de Estados Unidos, ya que Primitivo Santos y Camboy Estévez marcharon a principios del 65 hacia Washington. Con contrato y todo para hacer las noches memorables en un establecimiento de la capital americana, en el inicio de una carrera que incluyó el Marquee Lounge del prestigioso Hotel Shoreham. El maestro Santos, con otros vocalistas y una orquesta mayor, se estableció en Norteamérica, donde al igual ha residido por décadas nuestro admirado Camboy.

Otro éxito de esta mutual fecunda fue el bolero Unión Eterna, de la inspiración del propio Primitivo Santos, homenaje que rinde la bolerística dominicana al rito matrimonial con una introducción de marcha nupcial. “Cuando te miré/ por vez primera/ divisé una luz/ en las tinieblas de mi soledad/ Convencido estoy/ que aquello era/ una luz divina/ la que hoy nos alumbra/ al pie del altar/ ¡Oh! mi Dios,/ tú que impusiste el amor/ concédeme la unión eterna/ Toda la emoción/ que hoy me invade/ quiero que perdure/ Escuchadme Señor/ es por nuestro amor y felicidad.” Sé, porque lo he presenciado en reiteradas ocasiones, que muchas parejas han ensamblado sus anillos nupciales al amparo himnario de esta Unión Eterna.

Del insigne compositor santiaguero Moisés Zouain (cuyo nombre designa el bar del Gran Teatro del Cibao), Camboy Estévez y Primitivo Santos lograron una versión delicada de Terneza. Con pórtico de bordoneo de guitarra evocativo del origen de esta pieza emblemática nacida al aliento de las serenatas madrugadoras de “la ciudad corazón”, como le llamara un inspirado Juan Lockward. En el traslado de esta pieza a las pistas de baile, resuena en el oído el lamento anhelante de su texto: “Ay, si la luna conversara/ cuántas cosas te contara/ de este pobre corazón.” Y uno no puede sustraerse a la escena surrealista de un Manuel Sánchez Acosta leyéndole sus temas a un Moisés ausente sentado en una mecedora, con la mente escapada hacia insondables oquedades. Mientras otro contertulio de este trío de viejos amigos melómanos -el ingeniero Sánchez Correa- se desvanecía somnoliento en el balancín de otra mecedora.

“Hoy miro brotar el alba/ llena de lindos colores/ como bordada por ti/ Y sus trinos y sus flores/ envenenan mi nostalgia/ y me hacen sentir feliz/ Hoy le pido a la ternura/ de tus manecitas blancas/ que cuiden de mi cariño/ que me traten como a un niño/ hijo de la soledad/ Ay, si la luna conversara/ cuántas cosas te contara/ de este pobre corazón/ Ay, si la fuente con su arrullo/ te dijera en su murmullo/ las ternezas de mi amor / Muy cruel es pensar que en tu alma/ no anida un cariño/ Cariño que sólo te pido con gran devoción/ Ay, si Dios quisiera que un día/ te antojaras de mi vida/ cuánto quisiera yo a Dios.”

El LP de Montilla Primitivo en Washington incluyó Terneza y la criolla Lucía, de Joaquín Balaguer y Machilo Guzmán, que tiene en Camboy a uno de sus señeros difusores entre las jóvenes generaciones de los años 60. Como también lo ha hecho con garbo de caballero y voz de suave seda el Magistrado Fernando Casado en su formidable obra de rescate de la criolla. Mientras otro álbum del mismo sello, Primitivo y su Combo De Todo un Poco -de excelente factura con las voces de Estévez, el panameño Tito Contreras y el ecuatoriano Walter Hara- trae el bolero Apóyate en mí, de la autoría de Camboy.

Montilla produjo tres elepés centrados en la figura del cantante dominicano: Camboy Estévez Mi Calle Triste, con el respaldo de la Orquesta Montilla dirigida por el maestro Santos, que contiene dos boleros de Mundito Espinal, Yo el final y Tu recuerdo. En 1973 lanzó Camboy Estévez Qué pasa entre los dos, con temas de cartel internacional como el corte que le da título al álbum y Amar amando del gran Horacio Guarany. Y en 1974 Camboy Estévez El Fruto de Nuestro Amor, con piezas de Armando Patrono, King Clave y José Luis Perales.

Como todo en la vida, la unión entre Primitivo Santos y Camboy Estévez no ha sido eterna. Cada uno tomó su rumbo. El primero hizo una activa carrera en Estados Unidos, grabando álbumes de calidad como Amorosa en la voz de Juan Lan Franco, con la pieza homónima de don Salvador Sturla. Música y poesía, del prolífico y acertado Luis Kalaff. Y los boleros del propio Santos, Gracias a Dios y Mis sueños de niño, de corte autobiográfico, que reflejan una acendrada cultura católica en este meritorio trabajador de la cultura. Uno de los símbolos de la diáspora dominicana en Estados Unidos, que de acuerdo al último censo de población del 2010 ya alcanza 1.4 millones.

Camboy, una figura emblemática del bolero dominicano que se mantiene activa, produjo una selección de sus superéxitos en formato LP que hoy se consigue en CD. Ven te quiero todavía, Hoy no estoy para nadie, Yesterday, Amor prohibido, Sufrir, son algunos de sus temas. Periódicamente realiza jiras por los centros recreativos del país, como la que actualmente involucra a la versátil cantora Sonia Silvestre y al Jibarito de Lares, venido desde la Isla del Encanto, con motivo de las festividades de las madres.

En la gala del bolero que se escenificara en el Gran Teatro del Cibao en el 2009, en ocasión del Congreso Música, Identidad y Cultura del Caribe organizado por el Centro León, Cultura y el INEC, la vieja guardia nacional tuvo en Francis Santana y en Camboy Estévez sus mayores cimas veteranas. En honor a la verdad, como reza el tema de Manuel Troncoso.

Cual sea la suerte que todavía le depare el destino, tanto a él como a Primitivo -el hombre de los hermanos Pinzones-, lo seguro es que en la historia del bolero dominicano, desde hace medio siglo, hay una calle al final que tiene su nombre.

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