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Algo más de teoría (y un poquito de metodología)

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Algo_mas_de_teoria_y_un_poquito_de_metodologiaDIARIO LIBRE / 25 DE JULIO DE 2009 / POR FRANK MOYA PONS

Continuando la exposición del artículo anterior, decimos que los esfuerzos de adaptación del ser humano al medio ambiente natural, y a su entorno social y económico, tienen como primer objetivo la supervivencia individual y grupal.

Esquematizando mucho esa dinámica de adaptación, podemos señalar la existencia de varios niveles de manifestación adaptativa, cooperativa y conflictiva que expresan la búsqueda de satisfacción de necesidades primarias que son comunes a todas las sociedades.

Observadas de cerca las sociedades, encontramos que esos varios niveles de acontecer se entrelazan uno con el otro en una especie de condicionamiento acumulativo en el cual lo que acontece en un nivel de la organización social influye en el acontecer del nivel sucesivo inmediato.

Entre el nivel del acontecer económico y los niveles de la organización social, de la lucha política y del control ideológico existe una trabazón ontológica que sólo es posible separar conceptualmente para fines de análisis debido a la unidad integral de la vida social.

Hay toda una unidad en la vida social que opera simultáneamente en esos cuatro niveles de acontecer y que los mantiene en perpetua interrelación dinámica. Son precisamente esas variaciones y evolución a través del tiempo lo que convierten la realidad social en objeto de estudio de la Historia.

Por eso hemos dicho en otras ocasiones que la Historia tiene el mismo campo de estudio que la Sociología y la Antropología, pero en una dimensión temporal diversa y con una intención de integración diacrónica que esas otras disciplinas obvian normalmente.

Resumida esta teoría (ver artículo de la semana pasada), podríamos entonces enunciarla diciendo que en curso del tiempo las sociedades humanas se organizan para la producción y distribución de bienes que necesitan para su supervivencia, y que en ese proceso de organización surge una estructura social específica a cada sociedad debido a su propia particularidad en la lucha por el control y apropiación de los recursos económicos disponibles. Al variar esos recursos, en naturaleza y cantidad en cada situación dada, esa variación influye también en la particularización de las estructuras sociales y en la identidad de los grupos humanos.

La lucha por la apropiación de los recursos refleja una dinámica de asociación, colaboración y conflictos permanentes. Esa dinámica se traduce en formas específicas de organización política que, a su vez, exigen la formación de modos específicos de control de la comunicación para justificar o legitimar la acción política.

El conflicto social entre los individuos, y el conflicto entre los diversos grupos sociales (familias, clanes, tribus, castas, clases o naciones), expresado en el tiempo, es el elemento clave de la historia social pues es a través de su constatación y explicación como puede el historiador descubrir las causas que han operado en evolución social.

De ahí la importancia de poseer una teoría del conflicto social pues éste es un elemento clave que nos permite medir, en todas las instancias y niveles de la vida social, los factores que inciden activamente en la ocurrencia de los acontecimientos económicos y políticos.

En adición a otras cualidades que les son propias, las sociedades son también agrupaciones biológicas con necesidades fundamentales que, una vez satisfechas, hacen posible las demás formas de vida civilizada.

Los hombres no han podido emanciparse totalmente de su condición natural ni de su biología, a pesar de los avances de la civilización y la cultura, y por tal razón el historiador debe estar atento a la “ecología social” y a su dinámica porque éstas le permiten entender las formas más sutiles de articulación grupal en función de la satisfacción de sus necesidades.

Muchas personas pueden argüir razonablemente que el Hombre es un ser de naturaleza fundamentalmente espiritual y de inteligencia racional cuyo mundo interior está orientado hacia esferas superiores del Universo. También pueden sostener que, en curso de su evolución, el Hombre tiende hacia la realización superior del Espíritu, tanto individual como colectivamente. Acepto esos argumentos.

Pero también es innegable que, en la evolución humana, las manifestaciones culturales, artísticas y religiosas tienen lugar dentro de contextos materiales que mantienen al Hombre inmerso en un medio ambiente físico específico, y atado a una condición biológica irrenunciable que exige, mediante impulsos básicos, la realización de esfuerzos orientados hacia la satisfacción de necesidades primarias sin cuya satisfacción las expresiones de la vida cultural, espiritual y religiosa pueden verse severamente limitadas.

Si partimos, como hemos postulado antes, de la premisa de que en las sociedades coexisten varios niveles de acontecer (el económico, el social, el político y el ideológico-cultural), entonces podemos sugerir que una de las tareas principales del historiador es tratar de establecer cuáles son los condicionamientos fundamentales que operan en cada uno de los niveles de la vida social, partiendo de aquellos condicionamientos que luzcan de importancia decisiva para explicar la causalidad y ocurrencia de los acontecimientos.

Creo firmemente que, para entender la dinámica de la vida social, es fundamental entender los condicionamientos generales del acontecer económico. Estoy hablando de la vida social como vida grupal, esto es, de la existencia dinámica cooperativa, pero a la vez conflictiva, de grupos humanos envueltos en una cadena laboral y productiva en pos de la supervivencia.

Son los grupos humanos los que hacen la Historia y forman el sujeto de la Historia, pues toda historia es historia social y en ella las individualidades sólo tienen sentido en función de la marcha general de las sociedades que las contienen.

Y ahora, tenemos que hacer una pausa para hablar un poquito de metodología.

Todo lo anterior nos lleva a decir que en su esfuerzo por reconstruir y explicar la estructura o el cambio de una sociedad cualquiera, el historiador debe estudiar, antes que cualquier otra cosa, aquellos constituyentes materiales que condicionan la vida económica, esto es, los recursos naturales y la ecología, los recursos económicos y demográficos, la disponibilidades técnicas y las capacidades tecnológicas, las riquezas producidas hasta esa fecha, las fuentes de recursos más importantes, y los sistemas productivos existentes, entre otros.

Al aplicar su método, el historiador debe también registrar la existencia de los diversos grupos de interés (incluidas las clases sociales) que controlan o poseen los recursos disponibles, ya sean éstos naturales, humanos, económicos, políticos o culturales (comunicación e ideología incluidas).

Acto seguido, el historiador debe buscar establecer las relaciones asociativas o conflictivas, que existen entre esos grupos entre sí para determinar dónde y cómo operan los mecanismos de control y dominación en la preservación del orden socioeconómico existente, así como la contestación y cuestionamiento de ese orden por otros grupos competidores por el control de los recursos.

Las interrelaciones entre los diversos grupos de interés expresan normalmente la existencia de conflictos, aun cuando también expresen la existencia de modos de cooperación socialmente establecidos.

El estudio de las diversas formas del conflicto social y de las respuestas organizacionales dentro de cada sociedad proporciona valiosas claves para entender cómo se produce el cambio social que, visto en su dimensión temporal, es lo mismo que el cambio histórico.

La comprensión del cambio social pasado es hacia lo que atiende el historiador. Éste debe ser capaz de explicar el presente (o un pasado posterior a los hechos estudiados) como consecuencia de un pasado anterior irrepetible, de tal manera que uno sea consecuencia del otro, no a la inversa, ni simultáneamente pues, aunque parezca raro, hay historiadores que consideran que pueden prescindir de la cronología de los hechos para explicar el pasado.

La historia tiene más sentido cuando hace sentir al lector la continuidad de los acontecimientos pasados en forma tal que el presente (o un pasado posterior a los hechos estudiados) aparecen como la consecuencia necesaria de aquellos hechos y procesos anteriores.

Por eso, en la explicación del acontecer histórico, el historiador debe esforzarse por mostrar aquellas realidades conflictivas cuya persistencia y duración todavía actúan en el presente (o en un pasado posterior), al tiempo que debe tratar de señalar cómo dejaron de operar esas causas cuando se extinguieron los ingredientes del conflicto o los conflictos que servían de motor del cambio social.

En cuanto al conflicto, como en muchas otras cosas, debemos observar que su comprensión sólo es posible si se comprenden las causas que lo producen, y éstas no siempre son de naturaleza económica como lo muestra la lucha política que expresa un nivel de articulación mucho más complejo en la dinámica social en el cual la personalidad humana juega un papel sumamente importante.

En el nivel de la acción política la personalidad humana se mueve con mayor libertad que el nivel de los condicionamientos económicos pues buena parte de la lucha política transcurre a través de la comunicación social, nivel éste en donde la mente, la inteligencia, las emociones y las ideas se expresan con posibilidades creativas más amplias. (Estamos hablando todavía en el contexto de las colaboraciones y los conflictos).

Por eso, en la explicación del acontecer político el historiador debe conjugar ópticas y perspectivas adicionales provenientes de los aportes empíricos de las demás ciencias sociales. La Ciencia Política, que quiso ser un campo independiente de las demás ciencias sociales, ha venido a descubrir recientemente que la explicación de la conducta política no es posible realizarla si no es conjugando sus métodos con los de otras disciplinas que le son afines.

Mientras en la reconstrucción de los hechos históricos y sociales el historiador puede restringir su método a la utilización parcial de los aportes de la Economía, la Sociología y la Antropología, en la explicación del acontecer político el historiador no puede escapar al hecho de que la complejidad de la conducta humana exige explicaciones más totalizantes que le obligan a hacer uso más amplio de todas las disciplinas sociales.

La razón es simple: la lucha política resume y refleja la totalidad de los impulsos conflictivos que se acumulan en los niveles biológico, económico y social de la actividad humana. Por ello, tal vez, la historia política dominó por tanto tiempo la historiografía mundial, llegando a ser entendida como la única forma de hacer historia. El desarrollo de las ciencias sociales en el pasado siglo XX ha contribuido a cambiar esa percepción y hoy tenemos muchos tipos de historia, de los cuales hablaremos en otra ocasión.

Antes de concluir, debemos anotar que entre las muchas formas de estudiar históricamente las sociedades, tenemos aquellas que se ocupan de las manifestaciones del espíritu, esto es, la historia del arte y de las artes, de las religiones, de las ideas y las mentalidades, etc.

Hay muchos historiadores que estudian estas dinámicas como si tuviesen una ocurrencia independiente de los niveles “anteriores” de acontecer humano (económico, social, político).

Tienen derecho a hacerlo así, pero de seguro que sus reconstrucciones, interpretaciones y narraciones serían más significativas si previamente tuviesen en cuenta los distintos niveles y condicionamientos generales del acontecer social que ya hemos mencionado.

Eso les proporcionaría perspectivas más enriquecedoras que les permitiría escribir historias “sociales” mucho más significativas del arte y las artes, de las religiones, de las ideas y las mentalidades, etc.

Hay todavía mucho más, pero el espacio se nos ha terminado.
La lucha política resume y refleja la totalidad

de los impulsos conflictivos que se acumulan en

los niveles biológico, económico y social de la

actividad humana

 

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